Fue mi madre un ejemplo de igualdad total en su época, si bien ella no lo supo nunca. A mi hermano, a mi hermana y a mí nunca nos pidió que hiciéramos una cama, recogiéramos la colada, ni mucho menos nos preparáramos la cena. Por el contrario, su lema fue: “Vosotros a estudiar, que esto no es importante”. Desde luego, todo un ejemplo de equiparación con idéntico mensaje a sus hijas mujeres que a su hijo varón. En su modesta filosofía vital, ocuparse de la casa era algo menor, cuando realmente ella sostenía el día a día de nuestro hogar. Con su buena voluntad de relegar las tareas domésticas a una quinta categoría, nos impidió a los tres por igual que aprendiéramos que las cosas de la casa son de todos, un pensamiento común de la época, entonces aceptado, hoy cuestionado. Mi madre (que hoy tendría 83 años) murió sin haber oído nunca la palabra conciliación, por no hablar del verbo de moda, empoderar.

Creo, sin embargo, que si estuviera en este asombroso mundo todavía, acudía a la manifestación del 8 de marzo del brazo de alguna amiga o de sus hijos. Y me parece también que leería el libro de Samanta Villar “La carga mental femenina” (Editorial Planeta), donde está su retrato y el de tantas:

“la mujer que está al mando del hogar a coste cero. Y ese cero (lo añado yo) se refiere tanto a la parte económica, crucial, como a la emocional, imprescindible: pocos dan las gracias por tanto.”

Periodista y madre

A Samanta Villar no hay que presentarla, porque entra en las casas de todos con absoluta normalidad, aunque trate temas que no tienen nada de corrientes: prostitución, homofobia, acoso infantil… Hace tres años nacieron sus mellizos, Violeta y Damiá, una revolución que la llevó a manifestarse abiertamente y con polémica contra las trampas de la maternidad a través de su libro “Madre hay más que una”: qué poco explican de lo que cambia la vida de una y cuánta ignorancia nos pone muchas veces al borde del abismo. Hace poco ha empezado su última aventura televisiva, “La vida con Samanta” (Cuatro), sin dejar la familia a un lado. Es más, su libro “La carga mental…” ha sido escrito (en colaboración con su amiga Sara Braun) entre esas dos aguas, vida y trabajo, aun cuando ella tiene clara su meta presente. “Yo adoro a mis hijos, siempre quise tenerlos porque soy muy niñera, además. Pero al nacer, y encima dos, descubrí que no nos habían contado suficientemente lo que supone este cambio. Pero volvería a repetir, eso sí, no jugaría con la falta de sueño que padecí al principio, porque te pasa factura”.

Casa igual a estrés

¿De qué va este libro que hoy traemos aquí para reivindicar desde los libros el Día de la Mujer?

“Va de que a pesar de los avances, de que ellos ayudan mucho más en casa y están más concienciados de todo, la agenda de lo que pasa en una casa (médicos, colegios, deberes, comida…) recae mayoritariamente en la mujer, es una carga mental que la acompaña todo el día”.

Un fardo que genera un estrés notable, señala Villar, contra el que hay que prevenirse porque es el principal enemigo de la mujer.

Este libro no es un ataque a los hombres, sino una reflexión de por qué aún estamos lejos de la igualdad real, del deseo de igualdad que encabeza todos los lemas de un día como hoy. “Muchas veces incluso nosotras somos responsables  de lo que pasa en una casa, porque queremos controlarlo todo, tenerlo todo bajo mano y preferimos hacerlo nosotras a que lo hagan ellos, porque van a otro ritmo, pero son perfectamente capaces de cumplir con ello”. Ése es mi caso, mi dudosa capacidad para querer estar al mando de lo que se cuece en mi casa y que me ha convertido en madre-contable-educadora-esposa-decoradora-cuidadora-rescatadora-apagafuegos-jardinera-cocinera… de medio pelo. Es como si al final, por querer hacer tanto y sola, lo hiciera todo mal. ¿Hay solución?

“Para que todo cambie, nosotras tenemos que cambiar de mentalidad, liberarnos de esa carga porque ellos pueden hacerlo como nosotras”.

Optimismo frente al futuro

¿Y verán nuestras hijas esa igualdad completa? Me pregunto consternada. “Yo soy optimista, responde Samanta, porque vamos a mejor y seguramente nuestros hijos serán muy conscientes de que la sociedad tiene que cambiar. Las nuevas generaciones tienen muy claro lo que hay que hacer. Y nosotras tenemos que dejar de sentirnos ultrarresponsables de todo”.

Como resume Samanta, “no es que ellos no sepan qué es una lavadora ni cómo ponerla, es que esperan a que les digas que la pongan”.

Mientras pienso en la siguiente colada que recogeré en mi casa si no cambio de chip, dejo un par de datos más para el debate. Sólo cinco escritoras han ganado el premio Cervantes de Literatura, frente a 37 hombres.

  • Ida Vitale
  • Elena Poniatowska
  • Ana María Matute
  • Dulce María Loynaz
  • y María Zambrano

En la Real Academia de la Lengua, entre más de 500 académicos que han pasado puliendo nuestro idioma patrio, sólo 11 han sido mujeres. Sé que no es misoginia, pero también sé que esto debería ser de otra manera. Y que será.

Feliz Día de la Mujer a ellos y a nosotras