Conocí a la reina cuando no era reina ni nada hacía indicar que llegara a serlo nunca. Entonces, Letizia Ortiz se dedicaba a la noble tarea del periodismo, igual que una servidora, si bien nunca coincidimos en platós, ni Redacciones, ni ruedas de prensa. Sí la traté en diversas ocasiones cuando por razones personales nos encontrábamos en lugares y entre gentes comunes. Ya se sabe eso de la canción de Objetivo Birmania…”los amigos de mis amigos son mis amigos”. Viví con cierta cercanía y emoción su noviazgo real (mi amiga Cristina A. sabe bien de qué hablo) y su matrimonio bajo la lluvia. Incluso viajé con ella y su marido cuando eran Príncipes de Asturias a lugares tan exóticos como Brasil y Japón, álbumes que guardo en mi memoria de periodista con afecto y agradecimiento.

Lo cierto es que hacía años que no la veía en persona, así que pensé, en aras de este blog en particular y del mundo de la cultura en general, que asistir a la inauguración de la 80 Feria del Libro “con ella” podía resultar realmente interesante. Aunque sé bien que Letizia es una gran lectora, quería ver en vivo y en directo qué surtido se llevaría en esta edición tan esperada, con menos casetas y menos público, pero siempre tentadora para los que amamos la lectura y lo novedoso. Había que averiguar qué libros leerán en casa de la reina este otoño. Y lo hice en un paseo común que duró casi hora y media.

Un itinerario estudiado

Si visitar detenidamente todas las casetas es imposible para un mortal, más lo es para una reina, que tiene muchísimos compromisos y escaso tiempo. Por ello, la organización de la Feria del Libro y Casa Real establecen un itinerario estudiado y abreviado, que conduce a la monarca de principio a fin de la misma, pero deteniéndose sólo en diversos puntos estratégicamente elegidos y que no coinciden con los de ediciones anteriores, para evitar favoritismos mal entendidos. Hay que recordar que la Feria pre-pandemia no se celebraba desde 2019, año en el que Letizia la frecuentó por última vez.

Ello no quita para que Letizia, a pesar del calor, de ministros, concejales, políticos varios y escoltas nerviosos que la siguen, sea capaz de observarlo todo meticulosamente, ver qué se va a poner de moda en las librerías y reparta saludos sin fatiga (por ejemplo, a Carlos Alsina, de Onda Cero y a los periodistas que cubren los actos de la Casa Real, siempre fieles a su ruta) .

A dónde van los regalos

Cuando no habíamos recorrido ni la mitad de feria, el marino militar que acompañaba a la reina a una distancia prudencial llevaba recogidas unas cuantas bolsas cargadas de libros que los responsables de las casetas visitadas le han ido regalando cortésmente. El hombre, hoy, se ha ganado el cocido, porque esos brazos iban y venían cargados de material pesado e ilustrado que, sin embargo, en su poder parecía una pluma.

Yo he preguntado qué se hace con todo ese arsenal de sabiduría que para mí quisiera, porque la política de la Casa es no aceptar regalos de forma personal, de tal manera que todo aquello que se recibe en palacio se dona o pasa a Patrimonio nacional. Mis fuentes me han contado que los libros no se consideran obsequios de valor económico elevado, por lo que algunos se quedan en las estanterías de los Reyes y otros, no. Es decir, que por ejemplo, un precioso ejemplar que le han entregado en la caseta del Ayuntamiento de Madrid sobre el Centenario de la Biblioteca Musical Víctor Espinós del Centro Cultural Conde Duque, podría ir a parar una institución pública y así lo veríamos todos.

Leer Nada es todo

Sin embargo, si yo fuera Letizia, me quedaría con la edición especial de Nada, de Carmen Laforet (Destino) que le ha regalado la directora de Relaciones Editoriales de Planeta, mi admirada y estimada Ana Gavín, la joya de este otoño. El todo dentro de la nada.

La reina en la Feria del Libro

De hecho, yo me he comprado uno y estoy súper contenta porque incluye un prólogo y un epílogo a cargo de dos premios Nadal también mujeres, Najat El Hachmi y Ana Merino: 100 años del nacimiento de la primera ganadora de este certamen no se festejan todos los años. Como es de suponer que a la reina le encantará leer también cuando sus obligaciones oficiales terminen y pueda reposar junto a la chimenea, Sira, de María Dueñas (Planeta), Volver a dónde, de Antonio Muñoz Molina (Seix Barral) y Los vencejos, de Aramburu (Tusquets), de los que le ha hecho entrega Ana Gavín. De esta editorial se ha llevado para sus hijas Tu y yo, invencibles, de Alice Keller y, quizás para su marido, Romanones, de Guillermo Gortázar.

La reina en la Feria del Libro

Siguiendo el camino de los libros, la reina se ha parado en la editorial Turner. Allí Le han facilitado un ejemplar de Abecedario democrático, de Arias Maldonado y ha confesado que ya tiene entre sus lecturas Alma Mahler, un carácter apasionado de Cate Haste. Título que, a mi juicio, le pega mucho a sus gustos literarios.

La reina en la Feria del Libro

Sobre El olvido que seremos

La reina ha agradecido todos y cada uno de los libros recibidos, y ha escuchado atenta y paciente otras propuestas de lectura, como cuando le han mostrado en la caseta de Alfaguara El olvido que seremos de Héctor Abad y que yo recomiendo vivamente a Su Majestad (que por cierto, se ha comprado Begoña Villacís para su uso y disfrute junto con Los Abismos, de Pilar Quintana, también de Alfaguara) . En la caseta de la comunidad de Madrid tenían para Letizia una antológica de J. Laurent, un pintor que puede verse en el Museo del Romanticismo, un lugar delicioso en pleno Malasaña que sugiero a quien me lea conozca pronto.

Del fútbol a la religión

En los dominios de SM se encontraba Roberto Santiago, autor de Los futbolísimos, un título de enorme éxito, con quien se ha saludado. También la reina ha dado las gracias a los responsables de Ediciones Paulinas cuando le han entregado Para alcanzar amor, del jesuita Pedro Miguel Lamet. Un título muy interpretable, si nos ponemos meticulosos, aunque he de decir que a la reina se lo han demostrado sobradamente hoy libreros, públicos, prensa… hasta los que no somos monárquicos.

Muchos años después, no deja de sorprenderme la infinita curiosidad que despierta su finísima figura y sus nerviosos movimientos. Lo que se pone, cómo mira, de qué manera habla, los debates que suscita… Alguien muy próximo a Letizia me ha dicho que lo que de verdad a ella le gustaría es poder ir a la feria en zapato plano (un caballero de la organización estaba admirado de que pudiera andar con soltura con los tacones altísimos de Carolina Herrera que lucía), buscar hasta aburrirse y comprar todo lo que le atraiga sin temor a ser vigilada. Pero ella sabe que esto son gajes de su oficio, como que unas veces te silben, otras de aplaudan, incluso muchas, te regalen tesoros. Aprovechemos la suerte que tenemos los demás para ir a la Feria del Libro cuando queramos y parándonos tantas veces nos apetezca a ojear, ver y soñar. Esta es la suerte del plebeyo. Hasta el 26 de septiembre en el paseo de Carruajes de El Retiro www.ferialibromadrid.com.
Los libros nos hacen a todos iguales.