Llegados a lo que podría ser el ecuador de esta pandemia asesina, he optado por dejar de lado provisionalmente los datos y la información que nos marcan la famosa curva de la muerte, para centrarme en el ocio lúdico que nace de este encierro cronificado. En concreto, en lo mío. Tengo la impresión de que estamos leyendo más ahora que nunca, aunque no sé si mejor. Yo me he leído cinco libros, media que seguramente doblaré al paso que vamos. Pero no sé si mi elección ha sido la más acertada, y conste, que me he entretenido mucho con todos ellos, alguno de los cuales referiré más adelante.

He preguntado (desde casa, por supuesto) a amigos y conocidos qué están leyendo durante una cuarentena que amenaza convertirse en sesentena. Para que nos aporten buenas ideas, bien porque proponen títulos y autores desconocidos o bien porque nos recuerdan que esos libros que fuimos apartando siguen esperándonos y ahora es el momento de hincarles el ojo lector.




De mis ayudantes siempre voluntariosos, tres me han dejado de “pasta papel” por el ingente volumen que llevan consumido. Cuando escribo esto, mi sobrino Pablo, una máquina de aprender y de pensar, muy paciente e inasequible al cautiverio, lleva ya más de 12. Jorge, amigo y escritor de éxito, 6, entre ellos algunos Episodios Nacionales de Pérez Galdós. Y María, hija de mi querida Ana, otros 6 mínimo, entre poesía y clásicos, leáse el ejemplo de El cura de Tours, de Balzac.

Procedo pues a detallar sugerencias que tienen portavoces propios. Me temo, y lo digo con resignación no cristiana, que nos queda un periodo largo y complejo por delante todavía. Disfrutemos y aprovechemos para seguir leyendo sin complejos ni reparos. Eso sí, sanos y salvos. Será la mejor noticia y el título más optimista.

En casa de mi amiga Mariló hay cinco buenos lectores, ella y sus cuatro hijos. Nieves, la mayor, sicóloga de profesión (ojalá tuviéramos ahora todos una Nieves en casa), me desvela los gustos de la familia:

Mamá.  Restos mortales, de Donna León (Seix Barral). Lo intentó con Plenilunio de Antonio Muñoz Molina, pero fue muy denso. 

Marina: Las lealtades, de Delphine De Vigan (Anagrama)

Portada del libro Las lealtades. ¿Qué se lee en la cuarentena?

Diego: Choque de reyes, de George R.R. Martin (Rustica). Dice que con esta saga nos pueden alargar la cuarentena y tiene para seguir leyendo.

Nuria: Abrázame los muertos, de Redry (Espasa). Lleva desde Reyes, cada vez que mi madre la manda a leer coge el mismo, ya ni disimula. (risas)

Yo: Los colores del incendio, de Pierre Lemaitre (Salamandra). Regalo de mi madre siguiendo las recomendaciones de este blog.

Sophie, compañera de fatigas de colegio (acuciadas estos días por obra y gracia de la Selectividad), ha terminado Nada se opone a la noche, de la ya mencionada y deseada Delphine de Vigan. Y está con La sonrisa etrusca, del gran José Luis Sampedro (varias editoriales), una relación abuelo nieto que viene muy a cuento en estos tiempos de separación forzosa.

Volviendo a la larga lista de Pablo, mi sobrino, me quedo con Retahílas de Carmen Martín Gaite, una autora que nos entusiasma a los dos, y con La isla de los jacintos cortados, de Gonzalo Torrente Ballester, otro de mi escritores favoritos (varias editoriales).

Retahílas, libro de Carmen martín Gaite. ¿Qué se lee en la cuarentena?

Sonia, amiga de mis plácidos veranos en Huesca y enfermera, saca tiempo para leer a pesar de lo duro de su trabajo en estos momentos. “Como mi hija estudia Filosofía, estoy intentando La paz perpetua, de Kant”. Elogiable tarea.

Jorge, autor de Tengo en mí todos los sueños del mundo y El juego de los elefantes, señala como un gran libro 1793, de Niklas Natt Och Dag (Salamandra). “Mezcla de novela negra con novela histórica que tal vez me inspire algún día”. Y dice que está metiéndole mano, no sin dificultad, a Grandes Esperanzas y David Copperfield, de Dickens, dos clásicos imponentes.

Mi simpática ex vecina Azucena ha relegado un poco su proverbial buen humor por culpa de esta crisis. Pero sé que lo recuperará y mientras, lee y lee. Propone Largo pétalo de mar, de Isabel Allende (Plaza y Janés), la historia de amor cultivada a lo largo del tiempo entre un médico y una pianista. La guerra civil española y la dictadura chilena de Pinochet trazan el círculo donde decenas de personajes, entre ellos Pablo Neruda, desmenuzan esta relación coral.

Novela de Isabel Allende. ¿Qué se lee en la cuarentena?

De la selección de María, futura pintora ya citada arriba, rescato Los silencios del Dr. Murke, de Heinrich Boll, (Alianza Editorial), relatos cortos de este gran escritor alemán. Y los poemas de Cuerpo transparente, de Max  Blecher.

Arancha ha vuelto de la enfermedad, que la secuestró durante días en un hospital, al borde de la UCI. Recomienda La sociedad literaria del pastel de piel de patata de Guernsey, de Mary Ann Shaffer Annie Barrows (Salamandra). “La lectura es ahora un medio de evasión o puro entretenimiento, sobre todo si estamos convalecientes. Intentando recordar he recuperado este delicioso libro que nos descubre el poder de la literatura en momentos difíciles y extraordinarios para acercarnos, crear vínculos y compartir pequeños momentos con los demás. Este título nos transporta a una pequeña isla en el Canal de la Mancha, oímos el ruido del mar y sentimos el aire fresco en el rostro, y eso también se disfruta”. Feliz mejoría.

Raquel, compañera de este blog, es mucho más práctica. La última dieta, de Amil López Viéitez (Chiado). Dando ideas que vamos a necesitar todos según vamos. Los bizcochos son los nuevos reyes de la cocina.

Y para terminar, yo recomiendo La paciente silenciosa, de Álex Michelides (Alfaguara). Me ha sorprendido este relato a dos voces entre una pintora acusada de asesinato que deja de hablar y su sicoterapeuta.

Buen confinamiento, buenas lecturas. Gracias a todos.