Warren Buffet es, para quien no lo sepa, el tercer hombre más rico del mundo. Además de coleccionar millones de dólares, este anciano inversor tiene ínfulas filosóficas. Por ejemplo, recomienda escribir una lista con 25 metas y centrarse… en las cinco prioritarias. El resto, dice, roban tiempo, energía y desvían la atención.

Yo, que soy mucho menos lista y millonaria que el señor Buffet, lo que me pregunto es para qué hacer un listado tan largo si el esfuerzo hay que localizarlo en cuatro cosas, como quien dice. Imagino que este venerable empresario tendrá clarísimas las suyas: invertir, ganar, reinvertir, seguir ganando y redactar listas de buenos propósitos que no cumple. Yo aspiraba a tener también mi excel de buenas voluntades para este curso escolar.

Pero haré caso a este mentor del nuevo positivismo y en lugar de desplegar todas mis intenciones, me centraré en algo que es fácil, agradecido y no hace perder dinero (tampoco ganarlo, lo juro): leer. Vayan aquí los diez libros que tendrás que abrir este otoño. Prometo que van a ser más adictivos que todas las series de Netflix juntas.

 

1. Imprescindible

Los testamentos de Margaret Atwood (Salamandra). Yo nunca vi la serie El cuento de la criada porque había leído previamente la novela y me pareció (pretenciosa que es una) que no podía ser ni comparable al texto de esta autora canadiense, sobre la voracidad de la sociedad y las desigualdades  reales. Ahora llega esta secuela, quince años después, para deleite de los seguidores del mundo de Gilead y la desaparición de Defred. Igual de poderosa, igual de escalofriante.

Los testamentos. Libros adictivos de otoño

La prosa grandiosa de Atwood

2. Amor y dolor

La peor parte de Fernando Savater (Ariel). La primera foto de mi hija Marina con sólo unas horas de vida fue junto a un libro que yo leía por entonces, y que me llevé al hospital: Ética para Amador, de Fernando Savater. Amador, el hijo de Fernando, es el destinatario de una serie de reflexiones sobre el comportamiento que se debe presuponer al ser humano, una delicia con la que he esperado que mi hija creciera, respetando las normas básicas de la decencia y de la ética, ahora tan en desuso. El profesor vasco dedica su última creación a la memoria de la mujer que compartió con él 35 años, su esposa Sara Torres. Dice que no es un elogio fúnebre, sino un canto poético al recuerdo de Sara. A ella le escribía todos los 31 de diciembre un poema que le leía el 1 de enero como presagio de fortuna. Savater más humano, herido y lúcido que nunca. Una belleza de libro.

La peor parte de Fernando Savater. Libros adictivos de otoño

Retrato doloroso de Sara

3. Intriga

La luz azul de Yokohama de Nicolás Obregón (Salamandra). Una novela negra que se desarrolla en Japón en torno a un sol negro y a un joven policía atormentado por una relación personal dolorosa e inasumible. No podréis dejar de leerlo. Me ha sorprendido este autor al que tan sólo conocía de nombre. Un Japón de misterios.

La luz de Yokohama de Nicolás Obregón. Libros adictivos de otoño

Un libro trepidante

4. Obra maestra

Middlesex de Jefrey Eugenides (Anagrama). Juro que hacía meses que no llegaba a mis manos un libro tan acaparador y magistral. Casi mil páginas narradas por un personaje que comienza mujer y termina hombre y que despliega varias novelas en una sola para describir la saga familiar que emigró de Grecia en un barco y arribó a EE UU en busca de horizonte pero sin perder jamás de vista sus orígenes. Sencillamente soberbia.

Middlesex de Jeffrey Eugenides. Libros adictivos de otoño

Una auténtica joya

5. Memorias

Lección de anatomía de Marta Sanz (Anagrama). Esta escritora excepcional me ha llegado gracias a mi amigo Carlos, que la descubrió y me habló de ella con su convicción habitual. Es éste un libro revisado de sus memorias, de la infancia a la edad adulta, llena de metáforas, bellas o dolorosas imágenes, lugares extraordinarios y pensamientos muy comunes a mí, lo que me acerca todavía más a ella. Merece la pena leerla, en serio.

La lección de anatomía de Marta Sanz. Libros adictivos de otoño

Una vida de imágenes

6 y 7 Best Sellers

Flor de sal de Susana López Rubio (Planeta). La autora de El encanto, su primera novela, regresa con el viaje de una joven a Bolivia, en busca de su padre, y de desventuras y locuras, como las del amor y la igualdad. Muy entretenida, de verdad.

Flor de sal de Susana López Rubio. Libros adictivos de este otoño

La segunda novela de Susana

El latido de la tierra. Libros adictivos de otoño

Vuelve la autora de Palmeras en la nieve

El latido de la tierra de Luz Gabás (Planeta). Mi paisana oscense regresa al reino que mejor conoce, un pueblo entre montañas, donde la protagonista, Alira, se cuestiona si mantener la casa de sus ancestros o darle un giro radical a su vida. Una misteriosa desaparición perturbará todas sus decisiones y su vida entera.

8. Clásicos

Máquinas como yo de Ian McEwan (Anagrama). Otra distopía de la pluma de este excelente escritor británico. ¿Pueden las máquinas entender las decisiones del poder moral de las personas? Hay que leerlo para saberlo, juzgar y decidir. Te atrapa como todo McEwan.

Máquinas como yo de Ian McEwan. Libros adictivos de otoño

Otro clásico en vida.

9. Humor

El negociado del Ying y del Yang de Eduardo Mendoza (Seix Barral). Franco se muere. El periodista de la saga Rufo Batalla planea volver a Barcelona. Un encargo de un príncipe para reconquistar un trono, una visión de Oriente distinta y divertida…. El autor catalán regresa para sacar risas y aventuras de su providencial escritura. Como siempre, con ironía, con mucho escepticismo y, por favor, con su inigualable humor.

El negociado del yin y el yan de Eduardo Mendoza. Libro adictivo de otoño

La ironía de Mendoza

10. Historia

El colgajo de Phillipe Lançon (Anagrama). Aunque parezca otra cosa, el sustantivo del título es ni más ni menos que un corazón, el de un superviviente de la matanza en la redacción de la revista Charlie Hebdo, en París, hace cinco años, o sea, historia reciente de la atrocidad. Un retrato del sufrimiento, la memoria, la pena y también la libertad del periodismo, la que no puede ser callada ni bombardeada. Siempre resucita.

El colgajo de Philippe Lançon

Un superviviente