Hoy me ha dado por recontar cuántas mujeres hay en mi familia. Tengo una hermana ingeniera; una hija de Erasmus, dos tías que bastante lustre conservan después de organizar a sus tribus; seis primas muy listas que se dedican a cosas como el derecho, los niños con problemas, la maternidad o la empresa; cuatro sobrinas (la mayor sicóloga, otra universitaria y dos aún bebés); una cuñada experta en logística y una prima política profesora. Total: 17 contándome a mí misma, cantidad ligeramente superior a la de parientes hombres.

Antes estaba mi madre, que al igual que mi suegra también fallecida, trabajó duro en casa para que los demás viviéramos como reyes. Y mis dos abuelas, Sebastiana, que cosía como Sira Quiroga en El tiempo entre costuras, y Rosa, quien me dio el nombre, que era maestra y tenía un genio digno de un teniente de caballería. Esto último lo pongo en masculino a propósito, porque en su siglo incipiente no había una mujer militar, ni médico, ni abogada, ni cocinera, salvo honrosos nombres que están en la historia por audaces. Por eso sé que mi abuela Rosa, de vivir hoy, habría sido generala mando en plaza, con el género bien marcado en la a. Y quién sabe, quizás seguiría soltera por decisión propia, o estaría casada con otra mujer o se habría marchado de cooperante a África o sería presidenta del gobierno, o se quedaría tranquila en su casa regando sus plantas y haciendo tartas de queso. Afortunadamente, mis abuelas habrían podido hacer hoy lo que quisieran con su mente y con su cuerpo. En eso consiste la evolución de la especie.

A las mujeres de mi familia (presentes y ausentes) y a todas mis amigas, que son tan opuestas y diversas pero tan complementarias en sus oficios (periodistas, secretarias, bibliotecarias, músicas, médicas, azafatas, paradas, opositoras, jubiladas, escritoras, empresarias, informáticas, loteras incluso…), les dedico este post.

Tenemos un Día, que, por suerte, nos recuerda siempre quiénes somos, lo que queremos ser y lo que seremos. De Pilar a Paola, de Marina a Paula, de Paloma a Raquel, de Puy a Elisa, de Carmen a Julieta, de Paola a Susana, de Elena a Jimena… Estamos todas. Salgamos a la calle a protestar, a pedir, a dar o a agradecer. Y con ellos de la mano ¿por qué no?

Yo, como todo lo que me gusta, esto también lo celebro leyendo. Por ello, para este 8 de marzo he seleccionado varios títulos que hablan de la mujer, nada más y nada menos. Y que vienen muy a cuento de nuestras esperanzas. Entre mis palabras favoritas no esta empoderar, pero si estas lecturas lo hacen, os empoderan, me parecerá por una vez un término oportuno y feliz.

1. Las vencedoras, de Laetitia Colombani (Salamandra). El anterior libro de esta autora francesa, La trenza, ya sentó las bases de su narrativa femenina. En este último, precioso y certero, sitúa a dos mujeres, Blanche y Solene en dos siglos distintos pero en el mismo lugar. Desde allí, desde el Palacio de la Mujer, cada una lucha por lo que anhela en una suerte de aventuras no siempre sencillas, pero que agrandan su fuerza por ser mejores y necesarias.

Las Vencedoras. Día de la Mujer y libros para celebrarlo

2. La gran historia del Feminismo, de Severine Auffret (La esfera de los libros). También francesa (la Revolución que nos liberó, por algo sucedió en ese país), esta autora se ha convertido en una autoridad del feminismo mundial. En su libro enciclopédico recoge ideas que abundan en la importancia de la igualdad de géneros desde la Antigüedad hasta hoy. Conceptos, acontecimientos y personajes que sitúan a Teresa de Ávila, Frida Khalo o Virginia Woolf en la misma línea de salida.

La gran historia del feminismo. Día de la Mujer y libros para celebrarlo

3. Protagonistas de la historia, de María Pilar Queralt del Hierro (Rocaeditorial). Este volumen dista del anterior en que recurre a la anécdota para poner a la mujer en el sitio que le corresponde en la historia. Muy amena, la historiadora recurre a curiosidades que retratan a grandes mujeres, muchas anticipadas a su tiempo como la pintora Sofonisba Anguissola, coetánea de Miguel Ángel o Charlotte Cooper, campeona de Wimblendon en los albores del siglo XX.

4. La maestra de Carmen Gurruchaga y Mariló Montero (La esfera de los libros). He de admitir que no he leído aún este título, por lo demás recomendado por alguna amiga, como María José B., y del que hay críticas muy positivas. Estas dos periodistas relatan de manera novelada la vida de María de Maeztu, una humanista española de principios del XX que sentó las bases de la enseñanza para mujeres, como mi abuela Rosa.

5. Y un clásico, por favor. Madame Bovary, de Flaubert. (Austral). Una de las novelas indispensables de finales del XIX, escrita y esto parece premeditado pero no lo es, por un francés ilustre también. Emma, devota de las novelas románticas, casada con un médico y aburrida de la convencional alta sociedad, se convierte en amante sucesiva de varios hombres con los que vive la existencia imposible para la que no fue preparada. Su destino y final la convierten en una heroína adelantada a su tiempo que no quiso ser madre, ni esposa, ni fiel a las costumbres.

Madame Bovary. Día de la Mujer y libros para celebrarlo


BUEN DÍA DE LA MUJER A TODOS Y TODAS