Para mí, el 14 de febrero es esencialmente, el cumpleaños de mis primas Elena y María. A la primera de ellas, mi padre, su padrino, la quiso llamar Valentina, por eso del santo. Pero mi madre y madrina hizo valer el sentido común y se decidió que la criatura no iba a tener que cargar toda la vida con el sambenito de llamarse como el patrón de los enamorados, la niña tendría personalidad propia. Menuda responsabilidad como además no te guste el día de autos, que es lo que me sucede a mí.

Pero para no polemizar con quienes adoran esta sucesión de corazones rosas y anuncios de colonias, masajes a dos y cenas con violines, le voy a dar la vuelta a la tortilla. Porque el amor, en definitiva, es un argumento que agita el mundo y la literatura. Ha dado obras maestras, clásicos incombustibles, a prueba del consumo y del almíbar. Hasta el loco Don Quijote quiso matar molinos por su Dulcinea.

De todos los libros que he leído en mi vida he rescatado diez lecturas propicias, donde, advierto, el final no siempre es feliz. Pero las razones del corazón se escapan a la razón. Pasar San Valentín leyendo es un regalo más valioso que un anillo de brillantes o un ramo de rosas rojas. Y proporciona una ventaja más, ni siquiera hace falta novio o novia para este viaje. Ojalá te enamores de estos títulos.

1. Orgullo y prejucio, de Jane Austen. 20 años tenía la autora de una de mis novelas predilectas. La he leído varias veces porque me apasiona cómo entralaza el deseo con la sociedad del siglo XIX y de qué manera la anti convencional Elizabeth Bennet y el inteligente Darcy consiguen materializar un amor que parece imposible gracias a los cerrojos costumbristas de la época. Intrigas, desencuentros, lealtades, malos entendidos en una Inglaterra rígida y en una historia fundamental del universo Austen.

Orgullo y prejuicio. Diez novelas de amor

2. La delicadeza, de David Foenkinos. Natalie vive feliz en París con su marido pero éste muere en un accidente repentinamente y todo su mundo idílico se hunde. Un tímido y apocado compañero de trabajo, enamorado en el silencio de ella, la rescatará del abatimiento. Lo sencillo estaba cerca, sólo faltaba querer encontrarlo. El nombre de la novela está en cada una de sus páginas. Inevitable sentir adoración por ella.

La delicadeza. Diez novelas de amor

3. El amor en los tiempos del cólera, de Gabriel García Márquez. Cuando uno lee este libro entiende y alaba por qué al escritor colombiano le dieron el Nobel. Florentino Ariza, hijo bastardo de un rico terrateniente, y Fermina Daza, orgullosa y jovial, se enamoran en su juventud pero sus caminos se separan involuntariamente. Una narración magistral, que transcurre durante una larga epidemia de cólera, y el mar Caribe unirán de nuevo los destinos de Florentino y Fermina, supervivientes de la memoria y del amor más puro. Completamente necesaria.

4. Ana Karenina, de Leon Tolstoi. Esta obra inconmensurable de la literatura mundial está construida con los mimbres de la belleza y el ímpetu de Ana, de su marido, Aleksei, que representa la impaciente templanza, y de Vronski, el amante que pone su pasión al servicio de la tragedia. Si tienes que elegir un libro de estas diez propuestas, que sea éste. Ana Karenina es la metáfora que comprende todas las claves del amor en un siglo que además desnuda la Rusia más clasista.

Anna Karenina. Diez novelas de amor

5. Marianela, de Benito Pérez Galdós. Cuentan que ésta era la novela favorita del autor, del que se celebra este año su primer centenario tras su muerte. Una joven asiste y ayuda en su día a día a un ciego rico, del que se enamora. Él le corresponde, hasta que recupera la vista gracias a una operación. Ese romance cimentado en la oscuridad se desvanece entonces, cuando él conoce a otra mujer de quien puede descubrir por fin toda su belleza. La solitaria Marianela se sumirá en la tristeza más infinita. Su bondad no la salvará de su destino cruel.

6. Jane Eyre, de Charlotte Bronte. La huérfana Jane es contratada como institutriz de Adele, la custodia del señor Rochester, dueño de la mansión donde vive. Él, duro, distante, de talante estricto, esconde un terrible secreto. Su carácter hierático se va quebrando conforme cae rendido a la educación, sutileza y delicadeza de Jane. Una historia llevada al cine numerosas veces pero que antes hay que leer para saborearla en toda su grandiosa dimensión.

7. Rosa candida, de Audur Ava Olafsdottir. Un joven de 22 años, Lobbi, abandona su hogar en la Islandia helada. Apasionado de la jardinería, se encuentra de repente al cargo de una niña que ha tenido por sorpresa con Anna, que no es ni siquiera una amiga. Sus vivencias con la pequeña, su recuerdo del hogar recién enlutado por la trágica muerte de su madre, la nostalgia por su hermano autista y por su padre y su conexión con las plantas, llenan una vida que parecía al arbitrio de la precariedad. Hasta que Anna vuelve a su vida hasta convertirse en indispensable. Bellísima.

8. Ana de las tejas verdes, de Lucy Maud Montgomery. Es este un cuento para niños con un final feliz de adolescentes. La huérfana Ana, pelirroja, fantasiosa y arolladora en su imaginación ilimitada, es adoptada por dos hermanos a finales del siglo XIX en la Canadá rural. El colegio, sus amigas, sus aventuras y su relación con Gilbert, el alumno más aplicado de la escuela, son su mundo. La adolescencia la convertirá en una joven luchadora de la justicia y que sin saberlo, se ha ido enamorando de Gilbert. Encantadora. Una serie en Netflix la ha puesto de actualidad plena.

9. La insoportable levedad del ser, de Milan Kundera. Es uno de los libros que más poso me dejó cuando, de adolescente, empecé a leer todo lo que caía en mis manos. Un médico checo pasa su tiempo entre su profesión y sus amantes, en plena Primavera de Praga del 68. Franz conoce a Teresa con quien se casa, aunque sus flirteos no cesan. Sabina se convierte en el tercer vértice del triángulo. Fisolofía, metafísica, humanismo, literatura, historia… se abrazan en este argumento a tres que es finalmente, un reconocimiento total a Teresa. Aunque sea tarde.

Y 10.Veinte poemas de amor y una canción desesperada, de Pablo Neruda. ¿Quién no ha leído “Puedo escribir los versos más tristes esta noche. Escribir por ejemplo la noche está estrellada, y tiritan azules, los astros a lo lejos… Yo la quise y a veces ella me quiso”?…. El lamento de un jovencísimo Neruda se convirtió en uno de los poemarios mas célebres de todos los tiempos. Esta canción, que se ha versionado hasta el infinito, es el ejemplo de ese ritmo triste y solemne que el chileno acuñó para eternizar la melancolía y el desasosiego.
Con Neruda hasta yo soy capaz de atreverme con el Día de San Valentín.