Francisco de Paula Fernández González vende sus libros antes, incluso, de escribirlos. Y el primer día que los pone en venta, ya encabeza el top de Amazon. Así, libro tras libro, título tras título, semana tras semana. Francisco de Paula es sevillano de Carmona, tiene (según la Wikipedia porque él evita confirmar el dato) 42 años y un auditorio cultural con su nombre en su pueblo. Vive en Madrid, en las afueras, después de haber sido un urbanita de manual. Tanto, que escribe sus novelas en una cafetería, donde echa al día 8 horas y unos cuantos cafés frappé. Yo lo descubrí hace dos años, cuando visitaba la Feria del Libro de Madrid y vi, bajo un sol justiciero, una cola que daba la vuelta a varias casetas. Quise comprobar con mis propios ojos quién tenía el récord absoluto de fans de esa edición. Y allí estaba él, bajo su visera, que es, como luego he ido viendo, una especie de escudo. Sobre su cabeza había un cartel donde ponía: “Hoy firma… Blue Jeans”. Su identidad de tronío reducida a dos palabras inglesas que cientos de miles de libros y millones de seguidores han consagrado como uno de los autores súper ventas de nuestro país y de Hispanoamérica. Este escritor, que, avalado por sus cifras podría pecar de altivo y egocéntrico, es amable, cercano, sencillo, el anti novelista. Acaba de presentar su último libro, La promesa de Julia (Planeta), con el que cierra la trilogía La chica invisible, en pleno confinamiento, haciendo entrevistas a cientos sin poner pegas a pesar de la distancia y las incomodidades de la técnica, con su inseparable gorra y su cara de persona discreta que parece que no hace nada importante.

Blue Jeans novela juvenil

Rosa Ballarín. ¿Cómo te llamo Blue, Paco, Francisco…?

Blue Jeans. (Risas) Paco está bien. Así me llaman en casa y los amigos.

RB. ¿Has echado de menos la Feria del Libro este año?

BJ. Sí, claro. He cancelado 33 firmas, San Jordi, gira por Hispanoamérica. Hemos tenido que suspender todos los eventos. Echo de menos el contacto con los lectores. Teníamos la presentación del libro, en Madrid. Yo me confiné el día 7 de marzo. Como soy muy activo en redes sociales, hago directos en Instagram, clubes de lectores con los chicos…

RB. ¿Cómo has llevado este periodo inimaginable de nuestras vidas?

BJ. Yo sabía lo que se nos venía encima porque estuve a finales de enero en Italia, en la zona donde empezó todo, y me dijeron lo que pasaba, así que al volver, decidí quedarme en casa. No he tenido necesidad de salir, Vivo con mi novia, Ester, que teletrabaja desde el 12 de marzo. La convivencia en confinamiento la hemos llevado muy bien, aunque ella se pasa el día desde las 9 hasta las 7 y no se le puede ni toser (risas). Somos dos personas que nos entendemos bien. Cuando el otro está así trabajando, uno deja de pisar el acelerador. Ella trabaja en marketing on line. Es una máquina editando, hace las cosas mucho más rápidas que yo. No se dedica a esto pero me ayuda muchísimo con todo. Por ejemplo, me dijo que el libro estaba el número 1 en Amazon según salió. Ella encontró la primera reseña. Es muy hábil buscando estos datos, cada hora.




RB. Yo, que tengo más edad que tú y una hija que te sigue, te veo como una marca. En mi juventud no existía tu obra, pero yo era seguidora de Los Cinco. ¿Es comparable a lo que tú haces ahora para adolescentes?

BJ. Justo a eso es comparable. Recuerdo que Fran Cuesta (o de la jungla) le regalé los libros, en un San Jordi, y me escribió diciendo que le recordaba a esa saga. Sí que me han comparado. Yo mismo conozco bien las aventuras de Los Cinco.

RB. Me pidió mi hija que te preguntara si tienes muchas experiencias personales en el amor o desamor para poder escribir luego de ellas y crear tantas tramas y tan originales.

BJ. Yo era del club de las calabazas (risas). Siempre he sido muy tímido, era feliz, tuve una infancia y adolescencia muy feliz, pero me costaba. La mayoría de mis lectoras eran chicas desde el principio, pero me ponen nervioso. Me he tenido que soltar a base de experiencia. Y creo que he conseguido vencer esta timidez.

RB. Hijos no tienes. ¿Quiénes te inspiran tus personajes?

BJ. Hay personajes que vas creando y vas tirando de intuición. Al tener tantos lectores jóvenes ellos te van contando cosas. Sobre todo temas como el bullying, trastornos de alimentacion, el sexo.. ellos te lo van contando en las redes. Yo también he vivido alguna cosa como el desamor. Lo que intento es que mis libros sean lo más realista y actual posible.

RB. ¿En qué proporción te leen chicos y chicas?

BJ. Me leen más chicos de lo que parecen. 95-5%. Con La chica invisible me han empezado a seguir más chicos. Pero es complicado. Tienen muchas opciones de ocio y tenemos que pelearnos con Netflix, con las redes, los vídeo juegos y leer requiere concentración. La gente hace 7 cosas a la vez. Por eso valoro a cada lector que me lee.

RB. La música es muy importante en tus libros. De hecho, tu nombre artístico sale de un grupo. ¿Qué escucha Blue Jeans?

BJ. Ahora escucho lo que mi novia pone (risas), pero me gusta todo. Soy muy seguidor de los Beatles, porque mi padre lo era. De los 60, 70. Me encanta la música Indie. Depende de la época que viva, soy más de canciones, que de cantantes y que de estilos.

RB. Y qué lees cuando no relees lo tuyo. ¿Te gustan los clásicos?

BJ. Estoy leyendo mucha literatura juvenil porque me dedico a esto y necesito saber qué hacen mis compañeros y por qué triunfan. El misterio también me gusta. A Agatha Christie, mi autora favorita, la leo desde que tengo 10 años. Me gusta Dolores Redondo. Mi padre es un gran lector. Leo lo que me manda la editorial, pero menos de lo que quisiera. He leído clásicos, Julio Verne, cada vez tenemos menos tiempo, pero hay que hacerlo.

Escritor sevillano. Blue Jeans novela juvenil

RB. ¿Qué autores de tu “competencia” te gustan?

BJ. En literatura Juvenil me gusta mucho Beatriz Esteban, una chica valenciana y joven, estudiante de Sicología. Tuvo anorexia y lo ha contado en un libro. Cris Morello, Daniel Ojeda, que escriben fantástico. Son un buena generación de gente joven que escribe literatura juvenil. Y a esta le cuesta llegar a los medios. Pero tiene muchos lectores… Seguramente el que me siga se convierta en un gran lector futuro. Lo que hacemos nosotros es crear lectores, tenemos una gran responsabilidad.

RB. Tras el dique seco en el que hemos estado, hay una crisis en las librerías. ¿Qué podemos hacer para salvarlas?

BJ. Yo llevo todo el confinamiento hablando de este tema. Recomendando en Instagram qué se puede hacer. Llevo más de diez años, con más de 450 firmas, conozco a casi todos los del sector. Debemos hacer todos un esfuerzo para comprar en librerías pequeñas, si no, lo pasarán muy mal.

RB. No has estudiado Derecho, pero sí escribes de crímenes, desenlaces, hechos probados…. ¿Has pensado en dedicarte a esto si la literatura se te da mal algún día? Idelfonso Falcones lo hizo justo al revés. Primero era abogado y luego escritor.

BJ. El Derecho me interesa lo justo: mi abuelo era abogado y mi padre procurador en los tribunales. Pero el mundo del Derecho no me gustó. Me llena más el periodismo. Aunque lo intenté pero poquillo. Igual no me moví, pero no encontraba trabajo. En algunas revistas, pero no duré mucho. Di coletazos pero no conseguí trabajo. Daba clases de ajedrez, de deporte… Mis padres siempre me han ayudado mucho; sin ellos habría sido imposible poder escribir. En la crisis anterior yo decidí apostar por los libros y salió bien, pero con ayuda de mi familia.

RB. ¿Esos fueron tus principios?

BJ. Intenté publicar una novela antes pero me rechazaron. No era el momento. Trabajar bien el sector editorial es muy complicado. Es bonito pero complicado. Pero lo comprendo y la vida te va poniendo en su sitio. Ahora he encontrado un sitio perfecto. Eso si, practico poco deporte, y lo siento, la verdad. Llevo una vida demasiado sedentaria pero me gustaría. Como lo hacía antes. He vuelto a jugar al ajedrez on line y me sirve para agitar la mente.

RB. ¿Sientes que pierdes el control de tus personajes y de tus historias cuando los ves adaptados a la televisión o el cine?

BJ. Me siento agradecido, permanezco aparte de todo eso. Con El club de los incomprendidos me lo advirtieron, que podía cabrearme o apoyarlo, y eso fue lo  fue lo que hice, apoyar. La esencia estaba y los personajes estaban. Mi parte del trabajo no era esa, y la película salió bien nos sirvió para que los libros fueran mucho mejor.

RB. ¿No sientes mucha responsabilidad al escribir de temas que van dirigidos a lectores en proceso de madurez mental, que se tuercen por menos de nada?

BJ. He asumido mi parte de responsabilidad cuando he podido. Con el paso de los años trato los temas con mucho respeto. Los trato con información y cuando me abordan con estos temas, siempre les digo que el libro les puede ayudar para entretener pero la solución está en su entorno. Tienen que recurrir a las personas que saben para que les ayuden.

RB. ¿Te ves en un futuro haciendo literatura para adultos, por así decirlo?

BJ. Cuando escribí Canciones para Paula, Planeta me llamó para escribir literatura juvenil. Un libro va dando lugar a otro, yo me he ido moviendo, he ido cambiando… Ahora hemos pasado al thriller, no descarto nada pero no sé qué va a pasar en un futuro conmigo. Sé que me gusta escribir. No puedo decidirlo yo al 100%, tengo que contar con la editorial, con mis lectores…

RB. ¿Has escrito La promesa de Julia en confinamiento?

BJ. No, cuando nos encerraron el libro estaba ya perfectamente impreso, en cajas en el almacén. En confinamiento no he tenido que obligarme a escribir, no habría sabido. Yo lo escribo todo en el Starbucks de Callao, 8 horas escribiendo ahí. No tuve que tocar nada de la novela. Fue muy exigente, con problemas personales, me pilló una mudanza. Llegué agotado. No habría podido hacerla en el confinamiento.

RB. Abordas la homosexualidad porque la protagonista, Julia, está enamorada de una chica. ¿Eso normaliza la vida actual entre adolescentes?

BJ. Es un tema que he metido de la manera más natural posible. Hay que visualizarlo. Intento que no haya que darle más visualidad. Son temas naturales. Julia o Vanesa lo llevan de ese modo.

RB. Cierras la trilogía con esta novela. ¿Cuántas tienes ya en mente para dentro de nada?

BJ. Siempre siento alivio al terminar un libro. Cuando empiezo a escribir, para mí no es fácil. Soy un pica piedra para escribir. Me cuesta mucho y cada vez intento ser más profesional, pero hasta que me quedo conforme con cada párrafo… Poco a poco he ido aprendiendo. Con este he sudado tinta china. He tenido un bloqueo mental que no conocía antes. Con esta trilogía, La chica invisible, he sentido un feeling especial. No era fácil cambiar corazones por asesinatos. No estaba seguro, pero me he divertido mucho y sentir todo lo que ha venido ha sido estupendo. Pero quiero a mis 13 libros por igual.