Mi padre, que tiene 93 años, anda ya bastante corto de vista y, cuando no le interesa algo, también de oído. Pero como decimos en Huesca, de entendederas va bastante bien, a pesar de algún susto que otro con el gas mal cerrado y olvidos menores, como un corrusco de pan en el cajón de los cubiertos. El caso es que el hombre me ha pedido que le preste un libro de Almudena Grandes. Dice que si tan bien habla la gente de esta escritora, es justo y necesario que él sepa por qué. Es más, añade que quiere contribuir a ese ejército de admiradores que se ha alimentado con su obra y ahora saca sus libros a la calle como quien saca a una Virgen en Semana Santa, con devoción y lágrimas. Se ve que mi padre, a pesar de no conocer ni haber leído antes a Grandes, se ha sentido conmovido por su muerte inesperada, por este brutal giro de guión que nadie sospechaba en la película de su vida, una vida plena, creadora, honesta y leal, a mi modesto resumir.

Pésima noticia para la literatura

Llegar a estas Navidades tras casi dos años de ir todos caminando por el alambre de la incertidumbre es casi un milagro. Pensábamos, ilusos, que por fin podríamos celebrar este deseado periodo, con tibieza o con avidez, a la carta. Pero tenía que pasar algo tremendo, precisamente, cuando todos estamos ya desempolvando los espumillones y los langostinos. La desaparición de Almudena Grandes es ese algo, una pésima noticia para su familia, sus amigos (de quienes admiro cómo la han sabido pintar sin dejarse llevar por el llanto), la literatura, la memoria histórica, la cultura, la alegría, Madrid… pero sobre todo, para ella. Por eso, yo no podía hablar de Navidad y de libros sin dedicarle mis pensamientos de estas semanas recientes, teñidas de nostalgia, de pesadumbre y también de gratitud.

Mi primera vez con ella

Ya he contado alguna que otra vez que conocí a Almudena al poco de nacer nuestras hijas, Elisa y Marina, hace 23 años. Fue  en una entrevista para la revista ELLE https://www.elle.com/es/ a propósito de una novela suya, que va a ser la primera de mis recomendaciones en este post y que ahora acompaño, no sin rubor, de lo que salió publicado en su momento: Atlas de geografía humana (Tusquets). He de señalar, que siempre me parecieron luminosos los títulos de Almudena, como sacados de un poema que bien hubiera podido escribir su marido, Luis García Montero, hoy un hombre hundido y un poeta silenciado sin rima.

Esta fue la entrevista que le hice para ELLE a Almudena Grandes en 1998. Después de esta llegaron muchas y excelentes novelas más.

Besos en el pan, Malena es un nombre de tango, Inés y la alegría, Castillos de cartón, El corazón helado… Todos ellos me suenan a música ya desde la portada, producen tantas ganas de leerlos… Si recomiendo Atlas de geografía humana no es porque me parezca mejor ni peor que otras. Es porque la leí en ese instante personal que guardo para mí y que siempre me asalta cuando paso las páginas de sus novelas. O cuando la he visto hablar, debatir, reír… con su voz rota de fumadora pecadora y sus hechuras potentes de niña que nunca hizo de ángel en el Belén del colegio, sino de robusto árbol. Así lo contó ella, no me lo invento yo.

Navidades sin Almudena Grandes

1. Atlas de geografía humana (https://www.planetadelibros.com/editorial/tusquets-editores/59) enfrenta a cuatro mujeres que sufren una crisis generacional. Vamos, nada nuevo bajo el sol. Porque dos décadas después, seguimos más o menos así (Almudena lo sabía bien), indagando sobre nuestra identidad, sueños, decepciones, aspiraciones y verdades. Ana, Rosa, Fran y Marisa siguen estando con sus dudas presentes en el salón de nuestra casa, porque su autora perpetuó esos personajes perdedores que se recreaban en su desgracia creyendo encontrar en falsos redentores la solución a sus miserias.

Pero la vida sigue y la Navidad llama a la puerta dándonos la oportunidad de hacer algo por los demás, por ejemplo, mantener firme la memoria de esta madrileña militante como prueba de que la coherencia con uno mismo es posible y, además, imprescindible. Lo segundo bueno que se me ocurre estas fechas es lo inevitable: leer y regalar libros. Porque en ellos palpitan todas las luces de la ciudad, el alboroto de los bares, los abrazos no olvidados, el exceso a veces conveniente, las burbujas efímeras, la prudencia infinita y la felicidad.

Aquí van once propuestas más, una por cada mes de este sufrido 2021, año II después de la pandemia, en el que la ficción ha sido ampliamente enterrada por la realidad. Estas recomendaciones me han parecido de lo mejor de este calendario. Por todo lo que me han proporcionado, disfrute y calma, brindo y los brindo agradecida. A Almudena Grandes le dejo, con todo derecho, el principal de los honores de este ranking de las cosas buenas que merecen compartirse.

Junto a los títulos sugeridos van también mis deseos más sinceros de que todo cambie a mejor. No parece tan difícil, verdaderamente. Feliz Navidad, a pesar de las ausencias que todos reescribimos en estos días duros y blandos a un tiempo, como el turrón.

2. Para quienes buscan siempre: Paraíso, de Abdulrakaz Gurnah (https://www.penguinlibros.com/es/11942-salamandra). El Nobel de Literatura 2021 editado en español ya es de por sí una gran nueva. Esta emblemática novela nos traslada al país del escritor, Zanzíbar, donde Yusuf deja su casa para irse a vivir con el que cree su tío, Aziz. La África más rica en matices reluce esplendorosa y desgarradora en su interior. Es la atónita mirada de un joven que observa un mundo en extinción. No defrauda lo más mínimo.

Navidades sin Almudena Grandes

3. Para luchadoras y gente de bien: La hija de las mareas, de Pilar Sánchez Vicente (http://ocalibros.com/roca-editorial/). Andrea Carbayo es hija ilegítima del ilustrado Melchor de Jovellanos, un hecho que le confiere la capacidad intelectual de su padre en un siglo, el XIX, dominado por la Inquisición y por las diferencias entre géneros y clases. Ella luchará contra ese abismo para hacer una sociedad más justa, equitativa y culta. Esta novela me ha cautivado por la originalidad, pero también por la fuerza de su narradora, una asturiana que nos traslada a una época por explorar entre su patria (Obiedo y Abilés con b, Las Caldas…) Inglaterra y Francia.

Navidades sin Almudena Grandes

4. Para los que la política es esa cosa confusa: Clara Victoria, de Isaías Lafuente (https://www.planetadelibros.com/editorial/editorial-planeta/8). Narrado por uno de mis periodistas más apreciados, me ha encantado. Con un dominio total de la historia y del lenguaje (recordemos que Isaías Lafuente vela por él es su sección Unidad de Vigilancia de La Ventana, en https://cadenaser.com/), dos mujeres conviven en sus parecidas realidades a través de gestas inauditas, como reivindicar el voto femenino en los albores del siglo XX. He descubierto muchas cosas de Clara Campoamor y de Victoria Kent, ambas inteligentes y trabajadoras hasta el desmayo, así como el uso indebido que se hace por parte de muchos políticos actuales de lo que estas dos competentes damas hicieron por los derechos de la mujer. Como bien insinúa el título, una clarísima victoria de la humanidad.

Navidades sin Almudena Grandes

5. Para los poetas incorregibles: Tiempo sin claves, de Ida Vitale (Tusquets). Así se titula el nuevo libro de la última Premio Cervantes. La lúcida uruguaya, de 98 años, me parece una gran excusa para adentrarse en el lírico universo de la poesía, más en fechas de cánticos y oraciones. Este es el primer libro suyo que leo, pero puedo asegurar que no será el último.

6. Para hacer justicia: La familia grande, de Camille Kouchner (https://www.planetadelibros.com/editorial/ediciones-peninsula/73). La hija de Bertrand Kouchner, fundador de Médicos sin fronteras y político galo insigne, ha recurrido a un tema que tiene a Francia devastada: los abusos sexuales cometidos contra adolescentes y escondidos de manera reiterada. El hermano mellizo de Camille, Víctor, los sufrió por parte del segundo marido de su madre, Evelyne, una mujer libre que, sin embargo, “consintió” los impulsos de su pareja, un progre catedrático de Derecho. El libro, que estoy leyendo en francés con no poco esfuerzo (el título es en español, por la relación de los suyos con nuestro idioma), siembra sufrimiento en la víctima y en su entorno, desconcierto porque nadie actuara y malestar profundo contra un sistema elitista que protegió a los suyos a pesar de la vergüenza. Un secreto de Familia que ha dejado a un país sin aliento.

Navidades sin Almudena Grandes

7. Para noches sin dormir: Los vencejos, de Fernando Aramburu (Tusquets). Aviso a fans del autor. Este novelón (y no lo es sólo por sus 900 páginas) dista varios mundos de Patria. Ni hay terrorismo, ni paz en juego. Este libro es otra, y gran, cosa. Toni, profesor de instituto, decide que en un año se quitará la vida. No tiene suficientes ataduras a este mundo, salvo un amigo, Patachula, al que confiesa su objetivo y que podría, eso dice él, acompañarle en el viaje. En los meses que le quedan por delante hasta despedirse, Toni va recogiendo y escribiendo aspectos de su existencia que han marcado un devenir apático, aséptico y asocial. Sus padres, su hermano Raulito, su ex mujer Amalia, su hijo Nikita… Nadie parece necesitarle y a nadie le debe él nada. Me ha resultado un libro extraordinario, que va a más y te deja sin ganas de dormir ni de comer. Sólo quieres seguir y seguir.

8. Para viajar adentro: Más allá de mi reino, de Yaa Gyasi (https://www.penguinlibros.com/es/11942-salamandra). He de reconocer mi afición a las historias que yo llamo de literatura negra, como ésta, sorprendente por su dureza y también por el precioso estilo de la autora ghanesa. Gifty es neurocientífica y estudia los circuitos que conducen a la adicción y a la depresión. Su hermano, jugador de baloncesto, murió muy joven de una sobredosis y su madre, una emigrante que dejó Ghana para prosperar en EE UU, se sumió en un decaimiento vital crónico al perder a su hijo. El relato va y viene desde la infancia de Gifty, su relación con un padre que los abandona, el éxito de su hermano y luego el declive, su elección por la ciencia y la compleja unión con su madre. Una novela redonda, de las que gusta recomendar y de las que yo hablaría todo el tiempo.

9. Para los rescatadores de recuerdos: La familia Aubrey, de Rebecca West (https://www.planetadelibros.com/editorial/seix-barral/9). Igual que me entusiasman las tramas que hablan de África, me subyugan las que hunden su inspiración en las sagas familiares. Este es el primer volumen de una trilogía que se acaba de completar con La prima Rosamund y previamente con La noche interrumpida. Aún no he leído las dos últimas, pero puedo decir que la primera es extraordinaria. Basada en la propia infancia de West, es un fino cuadro de una familia poco corriente, a caballo entre lo normal y lo raro, entre lo visible y lo invisible. Y sobre todo, es un viaje al interior de esa institución que todos amamos, pero que a veces se convierte en un ser vivo imposible de domesticar. Apasionante descubrimiento.

Navidades sin Almudena Grandes

10. Para los que suelen echar la vista atrás. Las criadas, de Juan Genet. Se da la casualidad de que este autor francés, que escribió su obra más reconocida en los años 40, se ha presentado en mi día a día por dos vías. La primera, en mis clases de Literatura en la UNED, y la segunda, en el teatro Bellas Artes (https://www.taquilla.com/madrid/teatro-de-bellas-artes-madrid), donde se representa una nueva versión de Paco Bezerra, con Alicia Borrachero y Ana Torrent como las hermanas Lemercier. Este texto, atormentado y aterrador a la vez, revisita la historia de las chicas que prestan su servicio en una casa acomodada y que sin razón aparente, asesinan a la señora tras una discusión doméstica. Jorge Calvo completa este elenco. Volver a Genet es más que interesante. Reconfortante.

11. Para los que quieren volar: Hamnet, de Maggie O´Farrell (https://librosdelasteroide.com/). Puede que esta sea una de las tres mejores novelas que he consumido este año. No se puede explicar, sino leyéndolo, cómo la magia creada por su autora mezcla con un preciosismo insuperable la historia con la ficción. Hamnet es el hijo de William Shakespeare y el hilo por donde discurre el amor del escritor hacia su esposa, Agnes, un trasunto de la mujer real del dramaturgo, mística, sensorial, dulce, enamorada, visionaria… Esta novela es un retorno al siglo XVI en un delicado viaje temporal y con una narrativa cautivadora.

Y 12. Para los que aman: Completamente viernes, de Luis García Montero (Tusquets). Termino este post como lo empecé. Hablando de Almudena Grandes. Su viudo, para mí el mejor poeta español vivo, es con toda probabilidad uno de los seres más tristes que caminan ahora bajo las estridencias navideñas. Una voz callada que ha perdido su inspiración, salvo que el dolor le infunda una nueva manera de crear para huir. Él y su mujer hicieron amor y literatura a la vez. Eran como un dúo acompasado en la risa y en las letras; como la concha y la perla; como la guitarra y la voz de un concierto de Sabina; como la abeja y la miel. Finalizo, pues, con algunos de los versos de este poemario suyo que he releído ahora por causa mayor. Y que como casi todos, está dedicado a ella, a Almudena.

“La casa como barco

en alta mar de junio.

Las calles como trenes

de noche sosegada.

Estas cosas no pasan en el mundo.

Estoy por afirmar

Que ahora vivo en un libro de poemas.

Pero si tú me miras,

decidida a existir

desde el fondo templado de tus ojos,

también existe el mundo.

Y muy probablemente

yo acabaré por existir contigo”. (Disciplina secreta)