Llevaba una semana cuidando a tiempo completo en casa a mi hijo adolescente, encerrado como un preso doliente en su torre. N. dio positivo en un test a los pocos días de asistir a una fiesta de postín, en la que había que hacerse un “antígenos” antes de ponerse el smoking y peinarse con raya al lado. Y así y con todo, la mayoría de los invitados (con una media de edad física y mental de 19 años) entraron en la celebración negativos y hechos un brazo de mar pero, visto lo visto, salieron positivos en alcohol y covid; por no hablar del lamentable estado del traje, que en nuestro caso, era prestado. Total, una fiesta ruinosa, primero porque el chaval ha pasado todas las navidades entre su cuarto y la Play, uvas incluidas, y comiendo en una triste bandeja donde había que amontonarle los platos, porque comer, ha seguido comiendo de lo lindo. Y porque además, la tintorería me ha costado una pasta. Qué llevarían esas copas derramadas sobre su espalda, Señor, me sigo preguntando. Eso sin contar con que cuando más convencida estaba yo de que había conseguido dar esquinazo al Omicrom maldito a base de doble mascarilla, no acercarme al crío ni con un palo de fregona y ¡vacunarme con la tercera dosis¡, error… Se ve que tanto preocuparme del cachorro ha tenido su “recompensa”.

Un mini diario de libros para pasar el virus

La noticia me ha sentado fatal, como si, valga el cataclismo, me hubieran detectado el cólera. Al menos, durante los diez primeros minutos, tras ver las dos rayas rosas en mi dispositivo como si fueran bombas de neutrones. Los diez siguientes los he invertido en ordenar mentalmente mis ideas para no contagiar a nadie de mi desánimo. Y la media hora posterior, he decidido invertirla en inventarme esto, un mini diario de cómo se siente una persona “enferma” de covid y de las tonterías propias del primer mundo. No os asustéis, que no os voy a hablar de síntomas, ni de lejía, ni de aprensiones. Esta puesta en escena de mis pensamientos y mi recuperación paralela pasan, cómo no, por lo único que nos salva de todo y que a mí, a pesar de todos los males, me renueva las energías: los libros.  A ellos le otorgo el don de la curación. Con más motivo ahora. Y dicho esto, veremos cómo hilo esta trama que empieza aquí y ahora.

Día 1. Domingo. “He pasado una noche, como mi madre diría, toledana. (como ahora tengo tiempo, he mirado de dónde procede esta expresión y viene de cuando los habitantes de Toledo, omeyas y muladíes, se disputaban en el siglo VIII la soberanía. Quedarse fuera de la muralla cuando cerraba la ciudad al anochecer no era una buena señal. Ahí empezaban los líos).  A lo que iba. Tos como si fuera a deconstruirme, mocos para inundar el mar, malestar de pies a colodrillo, dolor de cabeza tenaz… Entre tanto, mis amigas y yo habíamos decidido anular una comida que teníamos para hoy, lo que habría sido un regalo siete días después de no ver a nadie, ocupada como he estado en atender al niño. Sí que íbamos a visitar una exposición en Las naves del Mataderohttps://www.mataderomadrid.org/programacion/el-jardin-de-las-delicias, mamma mía qué lujo… Así que por si acaso, he decidido hacerme el test del día, que, oye, ni costaran como las gominolas, por otra parte. Prometo que me he ido a vaciar el lavaplatos y a pasear al perro segura de que el resultado me sería favorable. Pero no, allí estaba mirándome esa pequeña caja con rostro de vigilante jurado: te toca encerrarte, bonita. Le ha faltado hablarme. Aunque dales tiempo a los de Silicon Valley. De aquí a nada, con acercarte al chisme te dirán cuándo y cómo lo cogiste y qué día lo sueltas, sin más acción por tu parte.

He echado la vista atrás a la extraña nochevieja que mi santo y yo pasamos, con dos servicios y dos velas tan solo, porque lo que es invitados, no tuvimos más que al perro, un extremo visto ahora muy conveniente para no afectar a cuñados ni otras parentelas. También he cambiado las sábanas de mi cama, mi próximo y largo refugio, y he medido la pila de libros que me aguardan silenciosos y acogedores, más consoladores que nunca.

Ya anoche, cuando estaba incubando síntomas, empecé Canción dulce, de Leila Slimani http://cabaretvoltaire.es/ (premio Goncourt 2016), prestado por mi amiga Larro, que también acaba de pasar por este trance.

Libros para pasar el covid

Un gran y perturbador libro que va de esto: una pareja joven que reside en París contrata a una niñera para sus dos hijos con el fin de que ella vuelva a trabajar como abogada y tras no pocas dudas del marido sobre la conveniencia de dejar a los niños en manos ajenas. Sin embargo, todo parece rodar a la perfección. Objetivo de mi primer día (desanimada): terminarme el libro hoy mismo y no ser demasiado injusta con mis compañeros de piso. Ellos y el mundo no tienen la culpa de mis penurias. Por lo demás, hace sol y puedo salir a la terraza. Es más, cabe la posibilidad que por fin alguien que no sea yo saque al perro a dar su paseo de esta tarde. E incluso, de que planchen. No todo está perdido. Me he tragado, además, una serie que no recomiendo en particular, Quédate a mi lado (https://www.netflix.com/es/), basada en la novela Stay Close, de Harlan Coben, pero que a lo tonto me ha ocupado tres horas de sofá y manta y, admito, cuyo final fue sorprendente. El servicio de cocina ha funcionado perfectamente, así como el de camarero a turnos, asuntos importantes porque no sé cuánto durará este encierro de fuerza mayor. Al menos, estar bien leída y nutrida”.

Día 2. Lunes. “Esta tarde debía acompañar a mi hijo al dentista y luego ir a dar mis clases de alfabetización a mis queridos alumnos del SERCADE. Lo primero me lo ahorro con gusto, no así en dinerete; pero lo segundo, se me clava como un dolor. Otra semana sin verlos y sin hacer algo útil por los demás. Espero que no olviden la B con la R, y sobre todo, que no me olviden a mí. Ya me he encariñado con esas lecciones y con esa gente que sí tiene problemas, y no hablo de covid únicamente.

Mi chaval y vector de contagio ha dado negativo, una gran noticia porque en los últimos días ha mirado más los paquetes de test que el póster de Cara Delavigne que tiene en la habitación. Satisfecha porque N. se haya liberado del incordio, he respondido a una invitación que han hecho desde la SER para contar cuál había sido nuestro libro favorito de 2021. Sinceramente, he dudado en que alguien me descolgara el teléfono, pero una tal Bea muy amable me ha puesto en contacto con la conductora y con Oscar López, uno de los hombres más enterados de lo que se publica en este país. Con mi voz de cupletera resfriada he recomendado esa joya de la que ya he hablado antes en este post, Hamnet, de Maggie O´Farrell (https://librosdelasteroide.com/).

Porque llegaban las señales horarias y había ya prisa, de lo contrario seguiría con mis interlocutores desmenuzando esta hermosa novela sobre el hijo de Shakespeare (de donde saldría su célebre Hamlet) y su deliciosa mujer, Agnes, que perfuma todas las páginas de magia, flores y frescura. Óscar se ha referido a Sigo aquí (Libros del Asteroide) otro libro interesante de O`Farrell, que también sugiero, aunque como habla de la muerte (las siete veces que rondó a su autora) y sus aledaños, me produce cierta aspereza en estos instantes.

Una buena noticia del día es que Luz Sánchez Mellado ha publicado en elpais.com una entrevista con Luis García Montero, el viudo de Almudena Grandes, diría que la primera que da tras el fallecimiento de la escritora en noviembre pasado. El texto me hace replantearme mis pequeñeces, como que yo, aquí enjaulada, sigo viva y capacitada para leer historias tiernas y vitales como ésta. Aprovecho la conversación entre Luz y Luis para ojear otro poemario de García Montero, Almudena (https://valparaisoediciones.es/). Contra odios y rencores.

Hablando de poesía, traigo aquí otro libro muy emotivo, Lunas Veladas, de Asun Perruca amiga de un amigo, o sea, amiga mía. Ella pasó un cáncer de mama (y no mi tonto covid) y con sus vivencias, en lugar de construir dolor, ha edificado versos y una liturgia de verdades no por ello tremendas. El final fue bueno, relata ella, aunque la extrañeza y el miedo habitaran durante mucho tiempo sus noches y sus lunas. A sus versos hacia la esperanza acompañan preciosas ilustraciones de Ritamarindo. “He vuelto al mar y a su latido, al baile de las olas que no deja perdurar ninguna huella” (he seleccionado este porque tiene fuerza y luz). Objetivo de mi segundo día (entonada): controlar el valle de mocos que todavía me desborda. Llamar a mi ambulatorio (y que me lo cojan) para oficializar mi positivo, no sea que la estadística sirva al final de algo.  Y transmitir optimismo y no resignación cuando mis amigos me sigan llamando para interesarse por mí.  No hay nada como Facebook para que lo tuyo se convierta en lo ajeno. En este caso, lo valoro muchísimo, en serio. Una sola foto y decenas de personas mostrándome su afecto es mucho más de lo que merezco”.

Día 3. Martes. “Éramos pocas y parió la abuela. Mi hermana Pilar también ha dado positivo. Conste que no nos hemos visto desde el día de Navidad, o sea que en este entuerto tengo poco que ver. De niñas teníamos mucha telepatía y se ve que algo conservamos de aquella energía telúrica. Andan por ahí varias amigas, como Sole y Almudena, con las que estamos pensando en fundar el club de las infectadas y celebrar un roscón de Reyes post virus. Pilar, que ha centrado su baja en hacer gestiones y darle al ganchillo, me habló hace unas semanas de una joven promesa (con la que comparte peluquería) que está a punto de presentar su esperadísima novela en España, Virginia Feito, criada en la lengua de Lord Byron. El libro, La señora March, ya se ha editado en EE UU y pronto será llevado al cine por Elizabeth Moss (El cuento de la criada, serie basada en la novela de Margaret Atwood). Aquí lo edita https://www.penguinlibros.com/es/11351-lumen y he de decir que ardo en deseos de leerla. Si la han comparado con Patricia Highsmith, la cosa promete.

Mientras me hago con él, he terminado París no se acaba nunca, de Enrique Vila-Matas (https://www.anagrama-ed.es/), lectura “obligada” en el curso que realizo en la Uned. Raquel, la profesora, un torrente de simpatía, conocimiento y pasión por la literatura, nos advirtió de que este escritor no te deja indiferente: o lo amas o lo detestas. Yo estoy en la primera categoría hace años. Pocos autores usan la ironía de modo tan sutil y eficaz. Ese regreso al París de su juventud es un manual del aprendiz de escritor, de una rebeldía precoz y bohemia, y una revisión de los paisajes urbanos más literarios del mundo. Que Marguerite Duras fuera su casera y él quisiera parecerse a Hemingway, dice mucho de su valor. Objetivo de mi tercer día (inestable): aunque hace un día nublado y frío, de quedarse por voluntad propia en casa, deberé controlar mis impulsos para no escaparme como una prófuga por el balcón. Tres días que parecen tres meses. Echo más horas viendo series que un experto en rastrear positivos en este país. Voy a ponerme con The Impeachment (Netflix), sobre el affaire Clinton-Lewinsky, por lo poco que sé, formidable”.

Libros para pasar el covid

Día 4. Miércoles. “Anoche me bebí (nunca mejor dicho) de una sentada la serie La templanza (Amazon Prime). La paralela historia de Sol Claydon y Mauro Larrea es súper entretenida porque discurre en bellas imágenes entre la vendimia jerezana, las brumas londinenses, las minas mexicanas y el colorido portentoso de Cuba, hasta consumar un amor que se venía venir pero nunca llegaba. Marcada a ritmo lento por el azar, está basada en la novela del mismo nombre de María Dueñas, que no he leído, admito. Probablemente el texto de María sea aún más absorbente y fluido, igual que lo son sus otras novelas que sí te tenido el gusto de disfrutar, como El tiempo entre costuras y Sira (https://www.planetadelibros.com/editorial/editorial-planeta/8). Admiro mucho a esta autora porque creo que ha popularizado esa forma de contar basada en los detalles más alejados que al final coinciden en una estela de emociones. Para celebrar este momento me he tomado un vino, que para eso la cosa va de cepas y caldos buenísimos, y porque creo firmemente que es terapéutico, medicinal, a veces, incluso, es sicología en la copa. Por contra, los quehaceres domésticos son lo más contrario a la felicidad que se me ocurre.

Libros para pasar el covid

Si tengo el día torcido es en parte porque mi lavadora ha “fallecido” de forma irremediable. Habría preferido romperme un brazo o una muela, todo menos ver cómo se acumula la ropa y mi compañera de fatigas no da más de sí. Este será mi regalo de Reyes, una nueva. Qué poco lirismo para la noche más mágica del año… Objetivo de mi cuarto día (negativa y no por Omicrom): pues eso, apoquinar para otro electrodoméstico más pronto que tarde y confiar en que Sus Majestades esparcirán el salvo conducto para que cada cual encuentre lo que más necesita, quiere o se merece estos meses venideros. Vacunas y sesera (que decimos en mi tierra) para todos, a ver si esto termina de una vez”.

Día 5: Jueves. “A mí los Magos me han traído una tostadora (a la lavadora no le ha dado tiempo a llegar), dos pares de guantes, una boina de lana, un jersey, un kit de productos de belleza y un dibujo del artista de la casa firmada por toda la familia. Demasiado. Me he desayunado el roscón tradicional y doy por finalizadas estas fechas tan “des-entrañables”, con vídeo llamada en lugar de reunión al uso, como Dios y la tradición señalan. En un arrebato de decepción y aburrimiento, ayer, o sea, un día antes de lo previsto, retiré todos los adornos que había dispuesto por la casa. Apagué las luces del árbol y lo guardé todo en su caja correspondiente, que, a su vez, ya está en su armario, a salvo del calendario. De repente me sentí liberada, creyendo por un momento que si enterraba estos días que para mí han sido de aislamiento, lejos del bullicio de la ciudad, de las citas con amigos, de los teatros, museos y bares que me tientan habitualmente, terminaba con el problema. Ilusa paciente que soy… Así que decidí seguir leyendo para evitar darme a los tranquilizantes. De la torre de libros que me esperaba al principio he rematado otro, El año del pensamiento mágico, de Joan Didion (https://www.penguinrandomhousegrupoeditorial.com/). La autora, una docta escritora y periodista fallecida hace unas semanas, recurre a la inesperada muerte de su marido y a la enfermedad de su hija para componer uno de los libros que más me ha impresionado en los últimos años. Analiza la muerte como un fenómeno casi familiar, con la distancia que le da no querer aceptar su destino, pero también con la capacidad de crear literatura tirando del dolor y de otras lecturas que vuelven a su cabeza esperando encontrar señales de que su compañero sigue vivo. No es, desde luego, optimista, pero sí un libro que entrena la mente para encontrar cordura donde sólo debería existir sufrimiento.

Libros para pasar el covid

Para compensar, he empezado otro préstamo de Larro, Gente normal, de Salley Rooney (Random House), la relación de dos adolescentes raros, inteligentes, conectados entre sí por algo que no saben describir… que va cambiando con el tiempo. Me lo estoy pasando realmente bien. Como espero que lo hayáis pasado todos estas navidades accidentadísimas. Objetivo de mi quinto día (festiva): hacer una lista real de lo que no emprenderé nunca más en unas navidades. Creo que he comprado demasiado turrón, me he envalentonado mucho con las expectativas fallidas y he pasado por esta presunta alegría colectiva como un fantasma enfurruñado. Y he decorado poco la casa, con lo que le gusta a mi hija toda esta fantasía de colores, brillos y oropeles…

Día 6: Viernes. “Luce un sol magnífico, todo un indicio de que los planetas empiezan a alinearse a favor del bien de la humanidad y del mío propio. Tengo tantas ganas de salir, que hacerme un test de confirmación se ha convertido en el reto del día, más que ver West Side Story en el cine o que salir al campo. Que las fiestas hayan finalizado oficialmente me produce una enorme alegría. Es como cuando quieres que pase un examen de la carrera, o un dolor de muelas intenso, o una visita molesta que lleva acoplada en tu casa un mes. Regresar a la vida normal me produce alivio, incluso, me sube las endorfinas que tenía aplacadas. Será por que se me acumulan los planes de fin de semana o porque en mi agenda aprecio las primeras señales de rutina: empiezo las clases, traen la lavadora nueva, me toca teñirme, hay que repasar los deberes de árabe, mandar mails a fulano y mengana… A mí todo esto me suena a música celestial, a poesía pura. Por cierto, ayer se falló el Premio Nadal (https://www.planetadelibros.com/blog/actualidad/15/actualidad-premios/15/articulo/ines-martin-rodrigo-premio-nadal-2022-con-su-novela-las-formas-del-querer/344Destino), el pistoletazo del año literario. Una colega periodista, Inés Martín Rodrigo, lo ha conseguido con Las formas del querer, un título coplero muy apetecible. Enhorabuena también a otro periodista, Toni Cruanyes, que lo ha conquistado en la categoría Josep Plá por La vall de la llum. Ambas, centradas en recuerdos familiares. Ay si yo tirara de los míos… Objetivo del sexto día (entusiasmada): Desde que me embaracé por última vez, jamás un test había sido tan excitante. A por él y a encontrar una película de Sidney Potier, tristemente fallecido hoy. El `primer negro que revolucionó las aulas y el cine.

Día 7: Sábado. And the winner is… negativa. Nunca una palabra tan pesimista me pareció tan hermosa. Fin de este viaje interior, corto y aprovechado. En lo sucesivo toca cuidarse igual que antes, cuidar a los otros y seguir anotando novedades en el mercado editorial. Por otra parte, la calle me espera, amigos. Antes, una última recomendación: la película No mires arriba (Netflix), de Leo Di Caprio, probablemente, el mejor actor de nuestra generación actual. Original y divertida, muy útil para entender algunas cosas no solo escritas en las estrellas. Objetivo del séptimo día (alocada): aprender a vivir con esto, sin mencionarlo, sin ignorarlo, sin miedo, sin pretender nada que no sea seguir con lo nuestro. Y pulir entre mis próximas virtudes la paciencia. Me irá mejor. Fin de este cautiverio. Gracias a todos.