Advierto… este post va a ser muy, muy personal, más que nunca. Empiezo este curso como si fuera otra persona distinta a la que fui. Es más, diría que quien esto escribe ya no es la aficionada a la lectura de antes, sino un personaje hecho de novedades hasta ahora inimaginables y también inquietantes. He esperado unas cuantas semanas a ordenar mis inconstantes ideas y mi alborotada cabeza para poder seguir alimentando este blog que comparto con mis abnegados Rosana y Paco y que retomo bajo el cinematográfico título de El otoño que leeremos peligrosamente, para darle mucha emoción a la cosa.

Rosana y Paco, ilusos y adorables a partes iguales, quieren hacer de mí un prodigio de la tecnología, cuando a esta servidora lo que se le da menos mal es escribir en papel y boli y seguir leyendo tomos de 700 páginas (como el apasionante Tomas Nevinson de Javier Marías, Alfaguara) que a veces se convierten en un arma de defensa personal. El “saber” puede ser demoledor. Me he propuesto, no obstante, afinar mis conocimientos en materia digital por el bien de mis aliados y de mí misma. He aquí mi primera declaración de intenciones.

Una nueva etapa

A lo que iba. Septiembre, ese momento de comprar uniformes, inscribirse en el gimnasio y rediseñar nuevos planes existenciales, es en estos momentos, el primer mes de mi segunda vida. En cuestión de días he pasado de ser la trabajadora dicharachera que llegaba a la oficina invitando a café, a una descolocada parada de nuestro nacional y glorioso sistema de desempleo. Eso sí, esta primera vez no es comparable al amor de instituto, ni a ese libro que te marcó, ni a la adrenalina que da descender barrancos, ni al día que le robaste el coche a tu padre y te pilló mal aparcada. Estar en el paro carece de belleza y también de excitación, pero, como todo lo inesperado, debe vivirse como una oportunidad.

En este sentido, el verano me ha servido para respirar hondo, replantear algunas cosas y desechar otras. Vivido con bastante intensidad, no pocos viajes, algún sobresalto e hijos a tiempo completo, este periodo me ha ayudado a repensar, recuperar y reimaginar el futuro que me espera, tan palpable y tan tembloroso, pero tan cierto.

Y en esta actitud reflexiva ando cuando me he topado con una de las mejores noticias del otoño: vuelve la Feria del Libro que la pandemia aplazó impía durante dos años, dedicada en esta ocasión a Colombia, y cuyo bello cartel es obra de la artista Andrea Reyes. Me he hecho muchas ilusiones respecto a cómo será esta edición que, según mis fuentes, no andará corta de restricciones, afluencia de público y medidas de seguridad. Entre esto y nada, me quedo con esto, sin duda. El Retiro nos espera lleno de hojas que no nacen en los árboles sino en esa locura que es escribir y vender libros. La cita, entre el 10 y el 26 de septiembre. www.ferialibromadrid.com

Que sus organizadores hayan decidido reubicarla cambiando la primavera por el otoño es una señal que también voy a aprovechar. Que coincidan mis deseos de prosperidad con el regreso de uno de mis acontecimientos favoritos resulta propicio para hablar de eso que debe seguir siendo vela en cualquier travesía: los libros. De ellos sólo puedo decir que me han acompañado en mañanas de dudas y en tardes de zozobra. He llegado a creer que podría pasar el resto de mis días anclada en sus páginas y en historias ajenas. Una utopía, desde luego, pero el futuro también está hecho de sueños imposibles.

Quiero, finalmente, pedir a todo aquel que me lea, ideas con que reforzar esta unión no bendecida por Dios sino por la industria editorial: desde vídeos a entrevistas, testimonios, opiniones de expertos… Todo lo que se os ocurra que enriquezca mi modesta contribución podéis hacérmelo saber en mi mail ballarinrosa@gmail.com o en mi Instagran @rbbjulio. Quiero que esta sea una aventura compartida. Son todos los que están pero no están todos los que son. Porque la avalancha que nos espera viene bien alimentada:

Para leales a un autor: “Los vencejos”, de Fernando Aramburu (Tusquets). Un profesor de instituto planea durante un año su suicidio. El autor de “Patria” regresa apuntando alto.

Feria del libro

Para incondicionales de la historia: “De ninguna parte”, de Julia Navarro (Plaza & Janés). La escritora reúne en esta historia a un joven árabe y otro francés de origen judío en una suerte de venganza compartida.

Para amantes de lo hermoso: “En la Tierra somos fugazmente grandiosos”, de Ocean Vuong (Anagrama). Este autor vietnamita debuta en la novela describiendo en una hermosa carta a su madre su llegada a EE UU, la compleja relación con ella y el descubrimiento de su homosexualidad. Preciosa.

Feria del libro

Para necesitados de los clásicos: “Maribel y la extraña familia”, de Miguel Mihura (Espasa). Mi amigo Luis me ha recordado que de esta pieza teatral llena de sutileza sale también la ironía y la ternura. La prostituta y el tímido en torno a una mesa camilla serán siempre eternos.

Feria del libro

Para lectores felices: “Sira”, de María Dueñas, (Planeta). Poco se puede añadir al fenómeno de esta escritora manchega que atesora ceros en sus ventas millonarias. La costurera ha vuelto convertida en espía, madre y personaje inevitable de nuestro paisaje literario. De nuevo, Sira Quiroga entre nosotros.

Para locos de las sagas: “El último amor de Arsene Lupin”, de Maurice Leblanc (Roca Editorial). El novelista francés creó este personaje inmortal que Netflix ha recuperado en una versión moderna pero que recupera la figura del ladrón de guante blanco más bueno e inteligente que existe. Imprescindible.

Feria del libro

Para los muy políticos: “Queridos niños”, de David Trueba (Anagrama). Una mezcla de comedia y de verdad cruda que narra la gira de una caravana política en busca de votos. La habilidad de Trueba queda perfectamente reflejada una vez más.

Para los que no olvidan: “Sólo quedamos nosotros”, de Jaime Rodríguez Z (Galaxia Gutemberg). El autor preparaba un ensayo sobre la figura del hombre en la literatura cuando enfermó de Covid. En su libro repasa su vida, recuerdos, la presencia de su familia, el miedo, el vacío…

Feria del libro

Para los que aman, “Los besos” de Manuel Vilas (Planeta). Un profesor se instala a vivir en una cabaña en la sierra. En su nueva vida conoce a una mujer menor que él, con quien inicia un romance carnal e idealizado, perseguido por el pasado.

Feria del libro

Para los urbanitas: “La muerte del hipster”, de Daniel Gascón (literatura Random House). El alcalde de una pequeña localidad de Teruel tiene que lidiar con los exiliados urbanos que quieren instalarse en su pueblo para huir de las consecuencias de la pandemia del Covid. Es una especie de distopía con soluciones imaginativas y alguna contradicción.

Para ellas, preferiblemente: “Sola”, de Carlota Gurt (Libros del Asteroide). Una mujer aburrida de su matrimonio es despedida. Para alejarse de sus problemas se refugia en la casa donde pasó su infancia a escribir un libro. Primera novela de Gurt. Prometedora

Feria del libro

Para rescatadores de la historia: “Memoria del frío”, de Miguel Martínez del Arco (Hoja de lata). Manolita del Arco fue la mujer que más tiempo pasó en las cárceles franquistas. Su hijo recoge esas vivencias y rinde homenaje a las ancianas irreductibles ante el poder de un régimen que las condenó por sus ideas.

Para los que adoran la novela negra: “Salvarás a mis hijos”, de Roberto Sánchez (Roca editorial). La directiva de un grupo que produce una película aparece muerta pocos días antes del estreno. ¿Habrá vuelto el asesino de las series que inventó Sánchez en su debut literario?

Para colombianos y gente del mundo: “La hojarasca” de Gabriel García Márquez. El Nobel, uno de los escritores más universales, dio vida en esta novela a Macondo, su país imaginario, que representa muchos de los paisanajes de su Colombia natal. Un entierro y muchas ofensas que el peso de las hojas no pueden borrar.

SELECCIÓN HECHA CON LA COLABORACIÓN DE MODESTA LIBRERÍA. c/Modesto Lafuente, 31. Chamberí (Madrid). @modestalibrería Instagram