Esta sentencia inmortal del gran Calderón de la Barca que viene a continuación me va de maravilla para introducir el asunto del post de hoy, que luego se verá, es de una “enorme” envergadura. “¿Qué es la vida”, se preguntaba don Pedro en su obra cumbre, La vida es sueño, (Espasa Calpe https://www.planetadelibros.com/editorial/espasa/5) tantas veces declamada. “Un frenesí. ¿Qué es la vida? Una ilusión, una sombra, una ficción. Que toda la vida es sueño y los sueños, sueños son”. Efectivamente, el teatro no es sólo cosa de la literatura ni de los clásicos: uno va armando su existencia a base de realidades y de certezas, pero también de sueños, la mayoría inalcanzables, pero otros de materia prima tangible. Cuando yo era joven y tenía el espíritu viajero alborotado, como mi cabeza y mis esperanzas, me empeñé en cumplir una meta que aun hoy, veintitantos años después, me sigue pareciendo una ensoñación: viajar a China.

Éramos jóvenes y nos gustaba viajar, como se aprecia en esta foto de Shanghay (1990).

Pearl S. Buck

Para entonces, ya había leído algunos libros de la escritora estadounidense Pearl S. Buck (o Sai Zhen), criada por sus padres misioneros en el país asiático, de donde nunca más saldría. Títulos como Viento del Este, viento del Oeste, La madre, La buena tierra y Un revolucionario en China, a ella le proporcionaron el Premio Nobel de Literatura en 1938. Y a mí, larguísimas y placenteras tardes de lectura, porque aquellas ricas descripciones sobre el latir campesino y profundo del gigante amarillo me envolvieron como un regalo, como la posibilidad de descubrir algún día, ese mundo tan opuesto al único que yo, como simple occidental, conocía y, tonta de mí, admiraba como si no existieran más.

Un viaje a lo Kapuscinski

Hasta que un buen verano, cuatro amigos y yo nos embarcamos en ese periplo fascinante, lleno de contratiempos y de aventura, pero también de conocimiento. Paradójicamente, me acabo de tropezar en la Uned, por obra y gracias de mi profesora, Raquel (un prodigio de pasión y sabiduría), con un libro extraordinario, Viajes con Heródoto, de Ryszard Kapuscinsky, Anagrama (https://www.anagrama-ed.es/), el escritor polaco al que todos los periodistas nos hemos querido parecer en algún momento. Cuenta Ryszard su desembarco en China siendo aún un aprendiz de reportero, sus conflictos con el idioma, con la sociedad opaca, y a la vez, su potente deseo de saber más sobre un pueblo que rebosa literatura y pensamiento.

De mi propio viaje, yo me acuerdo de sus templos infinitos, de sus palacios majestuosos y de sus paisajes de agua. Me acuerdo también de millones de bicicletas y de personas que circulaban silenciosas como en un desfile marcial bajo un cielo contaminado y plomizo. Me acuerdo, sí, de esas contradicciones hechas de soldados enterrados, ferrocarriles de eternos recorridos, ciudades modernísimas con olor a mar, aldeas sin asfaltado ni grifos, murallas impenetrables y tejados curvos, dorados y azules como el cielo. Así recuerdo yo China, una montaña rusa de percepciones contrarias sobre lo que es y no es la felicidad.

Los templos nos fascinaron. Allí se vivió el esplendor del Imperio celestial.

Ahora, todos estos momentos de la memoria y de mi juventud regresan gracias a una novela que sale hoy, 11 de noviembre, a las librerías y que me ha hecho volar de nuevo muy alto. China, de Edward Rutherfurd, casi 900 páginas que Rocaeditorial (https://www.rocalibros.com/roca-editorial/ ha tenido el acierto de poner en el mapa de las novedades de este otoño literario y que en mi opinión, será un enorme éxito porque se devora sin freno en cuanto comienza a leerse.

El argumento te atrapa

La novela abarca el periodo comprendido entre 1834 y comienzos del XX, un siglo que describe el auge y la caída del Imperio chino antes de la revolución comunista de Mao. Como todos los libros de Rutherfurd, esta es una estupenda novela histórica y de viajes. Y por encima de todo, es una gran historia coral de hombres que navegan entre la moralidad, la épica y la destrucción, y mujeres que luchan por su supervivencia en un mundo no creado para ellas que, sin embargo, las necesita. Es una sinfonía coral que arranca de la guerra por el opio que los ingleses pretendían introducir en el país amarillo para hacerse con su potencial económico, y que va enlazando numerosas tramas y reveses personales al abrigo del esplendor y del ocaso del Imperio celestial. Todo ello, en un escenario físico que se desplaza de Shanghai a Pekín, pasando por Escocia, La India y California. Como dije al comienzo de este texto, es un libro de enorme envergadura, tanto por su contenido como por su notable extensión y su capacidad para atraparte desde la primera página, esa en la que Shi-Rong, uno de los protagonistas, es llamado a una importante misión que marcará la estrategia de la novela.

Un género en sí mismo

China está magníficamente documentada y eficazmente narrada por el maestro Rutherfurd, por lo que resulta un minucioso retrato de la sociedad amarilla de esos tiempos en todos sus estratos: eunucos, generales, piratas, concubinas, comerciantes, campesinas, ricos, sinvergüenzas, heroínas, tradiciones, leyendas, fortunas, misiones, batallas navales…  Nacido en Salisbury, Inglaterra, en 1948, Francis Edward Wintle, ha puesto su firma creativa, Edward Rutherfurd, a novelas que son en sí mismas un género: mezclan gente y sucesos reales con historias de ficción de una manera proverbial. Diplomado en Historia y Literatura, Rutherfurd es también un meticuloso documentalista, lo que le permite alimentar sus libros como si fueran sus hijos, hermosos y sanos.

Rocaeditorial ha publicado, entre otras obra suyas Nueva York, que describe los orígenes de la capital americana desde sus orígenes hasta hoy, con episodios de la construcción del edificio Dakota; Londres, que cuenta la historia de esta ciudad desde los asentamientos celtas hace 2000 años hasta los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial; y París, que comprende desde la creación de Notre Dame hasta las revueltas estudiantiles de 1968.

Edward Rutherfurd teje a través de cientos de páginas novelas que parecen a priori imposibles porque tratan de resumir la existencia de ciudades milenarias. Pero esta fórmula, que aúna la facilidad de lectura y el encanto de que atrapa al lector desde la primera página, lo hacen el dueño de una categoría literaria que alcanza con China su máximo esplendor. Un siglo que se lee en horas.

Aprovecho que esta gran novela versa de muchas cuestiones relacionadas con la cultura y la educación, para reivindicar desde aquí que las lenguas clásicas que nos atañen, como son el latín y el griego, permanezcan como asignaturas obligatorias en el Bachillerato y no como optativas, lo que casi asegura su extinción a medio plazo. Hago míos los cánticos de las concentraciones que han tenido lugar en España para pedir esta medida de gracia: “Sin latín y sin griego, el mundo me da miedo” http://www.estudiosclasicos.org/temas/acciones-en-defensa-del-griego-y-el-latin-en-secundaria/.