“La raíz de todas las pasiones es el amor. De él nace la tristeza, el gozo, la alegría y la desesperación”. Lope de Vega

Mi madre era clienta preferente de Galerías Preciados, almacenes que marcaron el paisaje urbano de mi mocedad. Nos empaquetaba a mis hermanos y a mí en el 21, el autobús que paraba en frente de casa, y nos paseaba por la planta de Oportunidades como quien ha ido al parque a columpiarse y merendar. Luego, para compensar este plan tan encantador, nos compraba una ensaimada en Formentor, una cafetería de señoras bien muy cardadas que olía a golosina pura. Ciertamente, no sé si en su día sentí más el cierre de aquella pastelería (que luego reabriría en otra calle) que el de Galerías Preciados. El creador y presidente de éstas últimas, Pepín Fernández, que para mí tenía nombre de dibujo animado y no de avispado empresario, se inventó hace ocho décadas el empalagoso Día de los Enamorados, que es lo que nos ocupa en este post. Se ve que el señor, al que le gustaba salir de su despacho para conocer a pie de escaparate lo que apetecía la clientela, le llovían las ideas.

César González-Ruano el innovador

Animado por el periodista y pionero del género de la crónica política y las corresponsalías César González-Ruano, tuvo a bien en 1948 importar a nuestra España cañí el 14 de febrero como jornada dedicada al amor… pasando antes por caja. Don Pepín se puso a vender como loco dulces, joyas y flores, en lo que parecía más un deseo de obsequiar a la amada que al revés, pero es que las modas de antes eran muy tiranas y el timón lo llevaban ellos. No sé si el gran Pepín llegó a saborear lo que dio de sí su iniciativa, pero en pleno siglo de Internet y los viajes turísticos a la luna, la festividad sigue dando notables beneficios, sentimientos aparte. De aquel romanticismo de finales de los 40 un poco carca hemos pasado a los spas compartidos, los buffets con música de violines, las cajas-sorpresa de hoteles rurales sólo para dos, el auge de los sex shops, los viajes a hoteles sin niños, suculentos cupones de lotería, la final de la Super Bowl y toda una batería de genialidades para seguir alimentando (y pagando) nuestra necesidad de sentirnos queridos.

Lo que ha llovido desde el año 270

Si hago un poco de historia, veo que la cosa ha mejorado bastante desde que en el año 270 el sacerdote Valentín casara en secreto a muchos jóvenes, en lugar de mandarlos a la guerra solteros y sin ataduras, como quería el emperador romano Claudio II. En aquel siglo, los dirigentes políticos no votaban si les parecía bien esto o aquello. Tampoco hacían muchas preguntas, iban al grano, o sea, al cadalso. Así que el rebelde religioso murió de puro amor, pero no por el de una mujer, sino que Claudio lo hizo asesinar por desobediencia un 14 de febrero del citado año. De ahí, esta señalada fecha que conmemora el sacrificio del pobre santo en favor de muchos novios y, de paso, consagra campañas como la que impulsara Galerías Preciados. Para pena de mi madre, Galerías echó el cerrojo por quiebra en 1995, pero su legado en materia amorosa y mercantil es impagable.

Desmontando el mito

Yo no le tengo ningún apego a este día, que para mí es, sin más, el cumpleaños de mis primas Elena y María, a las que, eso sí, quiero mucho. Reconozco, no obstante, que el amor como inspiración y argumento sigue siendo uno de los motores de la literatura universal. Nada es más poderoso que dos personas que se aman, ni más triste que el desamor. Mi amiga María Larrocha y yo somos expertas en estos debates sobre las razones del corazón, llevadas casi siempre al terreno literario y a obras que nos han dejado un sabor de boca, con frecuencia amargo. A fuerza de compartir lecturas, Larro, mucho más soñadora y romántica que yo, y una servidora somos más de las historias con final infeliz; qué le vamos a hacer, a las dos nos pueden los duelos líricos. A ellos quiero tributar hoy mi particular regalo rosa, a los libros de amor que no terminan bien, incluso diría que de forma dramática y que, sin embargo, están construidos sobre los cimientos de la pasión, del enamoramiento extremo. También de la toxicidad y del arrebato más cruel.

Las recomendaciones

De entre los cientos de miles de títulos que han bendecido a la literatura amorosa y sus alrededores, yo voy a recomendar 14 (en honor al día en cuestión) de los que más me han gustado por matices que ahora mismo no recuerdo siquiera: el momento exacto en que los leí, su fuerza narrativa, la persuasión de sus personajes, la belleza que encierra la tristeza, su humanidad, ese pellizco que se te pone en el estómago… Mientras esto escribo suena en RNE Clásica el Nocturno de Chopin. Es una de las piezas musicales más exquisitas que existen, que bien podría servir de banda sonora para este tema con tantas ventanas lo que, además, no deja de ser una señal de que los hados nos cercan, incluso a los descreídos. Dicho esto, líbreme Dios de desmontar el mito de San Valentín, pero sí me permito un consejo por igual para los creyentes como para los agnósticos del 14-F: si queréis ofrecerles algo el Día de los enamorados, que sean libros. Dicen tanto con solo abrirlos… Me he tomado la libertad de “clonar” algunos
párrafos que explican bien mi intención. Y termino. Como dijo el dramaturgo estadounidense Eugene O´¨´’ Neill, (autor de Largo viaje hacia la noche), “el amor nunca tiene razones, y la falta del amor tampoco. Todo son milagros”

1. Arde este libro, de Fernando Marías (https://alreveseditorial.com/). Con este hermoso título quiero rendir homenaje a un escritor que falleció hace pocos días, con sólo 63 años. En él, Marías asume públicamente sus fantasmas con el alcohol y los de su mujer, Verónica, a la que van dirigidas sus palabras y a las que no puedo calificar sino con una inmensa pena. Las reproduzco, pues: “Te incineraron con una novela mía entre las manos. Por eso escribo este libro.  Hasta ese momento jamás pensé que contaría nuestra historia. Había logrado asumir el largo camino de tu final, que a veces, no sé si atreverme a decirlo, tanto deseaba que llegara, y describir aquel calvario que por encima de todo fue tuyo me habría parecido una herejía. Pero entonces supe que te incineraron con la novela entre las manos y ahí, sin retorno ni piedad, nació este libro. Yo rememorando y tú muerta. Jamás podríamos habernos figurado el día del primer abrazo que desembocaríamos tanto después en este diálogo.  Una historia real de amor, muerte y desarraigo iniciada en el Madrid de los años ochenta y concluida hoy. Autobiográfica, especulativa, alcohólica, espectral.  Nadie es quién soñó que sería”.

Día de los enamorados

2. Feliz final, de Isaac Rosa (https://www.planetadelibros.com/editorial/seix-barral/9). Este joven autor acaba de conquistar el Premio Biblioteca Breve 2022 con Lugar seguro, así que felicidades, habrá que leerla. Respecto a la seleccionada por mí, he de decir que me atrapó su tiempo narrativo. Es el relato de un hombre desde el final de su relación hacia el principio. Cómo quiso a su pareja, tuvieron hijos, pelearon por mantenerse y finamente sucumbieron. El libro, muy original, empieza por el final, cuando todo ha terminado, y acaba con el comienzo, cuando eran simplemente felices. “Nosotros íbamos a envejecer juntos. Lo digo en voz alta para escucharme y compruebo lo melodramático que suena: nosotros íbamos a envejecer juntos. Lo repito con más fuerza buscando el eco en el dormitorio vacío, exclamatorio”.

Día de los enamorados

3. Madame Bovary, de Gustave Flaubert (https://www.penguinlibros.com/es/ y diversas editoriales). No podía faltar en esta relación de amores catastróficos la gran novela de la literatura francesa de todos los tiempos. La enfermiza Emma, casada con el médico Charles Bovary, quien la amará hasta el fin de sus días en la riqueza y en la pobreza, conocerá en el nuevo destino de su marido, al que van para que ella cambie de aires, a Leon Dupuis. Se harán amantes, igual que ella, cada vez que sea abandonada, buscará otros hombres con los que sentirse apasionadamente viva. Nunca saldrá de su propio pozo y conducirá a su marido a la ruina y a la soledad. Emma es el espejo en el que las mujeres de la época se miraban y languidecían. Un clásico con el que seguir llorando: “Afirmó haber sido guiado hacia ella, al azar, por un instinto. Ella comenzó a sonreír, y de inmediato, para expiar su tontería, Leon dijo que había pasado la mañana buscándola sucesivamente en todos los hoteles del pueblo”.

4. El final del affaire, de Graham Greene (https://librosdelasteroide.com/). Yo la leí cuando se titulaba todavía El final de la aventura y ya me impresionó. Maurice Bendrix y el diplomático Henry Smiles se reencuentran en 1946 en un Londres herido aún por la guerra. El segundo le cuenta al primero que sospecha que Sarah, su mujer, le es infiel. Así tendrá lugar la que muchos consideran la mejor novela del autor inglés, un triángulo entre el marido, el amante y la amada repleto de celos, traiciones y suspense. Bucea en los mecanismos de la fe (tema del que Greene era militante) y del deseo y vincula el deseo y el odio como un fenómeno de una sola dirección. “Yo no tenía ni idea de que iba a enamorarme de ella, sobre todo porque era una mujer hermosa, y las mujeres hermosas, si también son inteligentes, provocan en mí un profundo sentimiento de inferioridad”.

5. Carta de una desconocida, de Stefan Zweig (https://www.acantilado.es/catalogo/). Uno de los títulos más reconocidos del escritor austriaco, por la desesperación que contiene y también por que emplea el género epistolar de forma magistral. Quien escribe es una mujer que siempre estuvo enamorada de un escritor, al que dirigió cartas y siguió a través de su trayectoria exitosa, pero que él no supo reconocer cuando la tuvo delante. «Sólo quiero hablar contigo, decírtelo todo por primera vez. Tendrías que conocer toda mi vida, que siempre fue la tuya, aunque nunca lo supiste. Pero sólo tú conocerás mi secreto, cuando esté muerta y ya no tengas que darme una respuesta; cuando esto que ahora me sacude con escalofríos sea de verdad el final. En el caso de que siguiera viviendo, rompería esta carta y continuaría en silencio, igual que siempre. Si sostienes esta carta en tus manos, sabrás que una muerta te está explicando aquí su vida, una vida que fue siempre la tuya desde la primera hasta la última hora».

Día de los enamorados

6. Expiación, de Ian McEwan (https://www.anagrama-ed.es/). Esta auténtica joya de las letras, absolutamente primordial, es el culmen de la sutileza, la sensualidad y también del fracaso. 1935. La familia Tallis tiene una casa en el campo. El padre está en Londres, la madre con dolor de cabeza y la hija pequeña prepara una obra de teatro. La mayor, Cecilia, se muestra distante pero desinhibida con Robbie, el hijo de la sirvienta. Todo ello en un clima de calor y exaltación que derivará en una mentira indigna y de consecuencias fatales. “El gusto por las miniaturas era un rasgo de un espíritu ordenado. Otro era la pasión por los secretos: en un precioso buró barnizado, en un cajón secreto que se abría presionando el extremo de un ingenioso ensamblaje a cola de milano, guardaba un diario cerrado con un broche y un cuaderno escrito en un código inventado por ella.”

7. La Regenta, de Leopoldo Alas, Clarín (diversas editoriales). Obra magna de la literatura española, resume una historia de amor imposible con personajes condenados a enamorarse pero no a poder sentir en público sus emociones. Ana Ozores, casada con el ex regente de Vetusta (alter ego de Oviedo) Víctor Quintanar, es una mujer compleja, desenamorada de su marido y entregada espiritualmente al Magistral de la catedral, Fermín de Pas. Este actúa movido por una incontrolable atracción, pero también por el rencor hacia Ana. La relación que la Regenta inicia con el apuesto Alvaro Messía será el detonante para una de las mayores tragedias de la novelística en español. “Ana oía ruidos confusos de la ciudad con resonancias prolongadas, melancólicas; gritos, fragmentos de canciones lejanas, ladridos. Todo desvanecido en el aire, como la luz blanquecina reverberada por la niebla tenue que se cernía sobre Vetusta, y parecía el cuerpo del viento blando y caliente. Miró al cielo, a la luz grande que tenía en frente, sin saber lo que miraba; sintió en los ojos un polvo de claridad argentina; hilo de plata que bajaba desde lo alto a sus ojos, como telas de araña; las lágrimas refractaban así los rayos de la luna”.

Día de los enamorados

8. Los posesivos, de Jenn Díaz (http://www.planetadelibros.com/editorial/ediciones-destino/7). Esta atrayente novedad acaba de aterrizar en mis manos y viene más que a cuento de lo que aquí se trata. Es una novela epistolar sobre el final del amor que plantea la pertenencia y los lazos afectivos que se tejen en la vida y que pueden cambiar en un instante. Diversas parejas revisan sus relaciones y también sus motivos para amar y para dejar de hacerlo.  “De Agneta a Oliver 20 de octubre. Oliver: Llevo días dándole vueltas a nuestra última conversación, cuando me llevé todas mis cosas metidas en cajas. Aún las tengo por aquí repartidas, casi no me caben en el piso y me tropiezo con ellas cada vez que me muevo. No te contaré nada más, porque después te quejas de que te doy demasiada información y de que la información que te doy te sobra, y no solo te sobra, sino que te duele. También te diré que ya no sé qué te duele y qué no, últimamente es muy difícil hablar contigo sin ofenderte, pero supongo que es normal”.

9. La mujer justa, de Sándor Marai (https://www.penguinlibros.com/es/11942-salamandra). Este título supuso para mí el romance definitivo con uno de los escritores que más me ha dado en mi idilio con los libros. Tres personajes distintos, Marika, Peter y Judit, desentrañan en tres monólogos una misma historia de pasión, infamias y traición. Son tres sensibilidades que narran un solo hecho pero causando un impacto diferente, desde el tormento hasta la culpabilidad y la indiferencia. Todo lo que el amor incomprendido puede representar está aquí contenido: venganza, resentimiento, muerte. “Por supuesto, él seguía siendo educado y atento, incluso generoso, como era su costumbre y su deber. Pero yo no fui ni educada ni generosa, me llevé hasta el piano, sí, como tiene que ser. Anhelaba venganza, me habría gustado llevarme todo el piso, hasta las cortinas, todo. Me convertí en su enemiga en el momento del divorcio y lo seguiré siendo hasta el día de mi muerte”.

Día de los enamorados

10. Doña Rosita la soltera o El lenguaje de las flores, de Federico García Lorca (https://www.planetadelibros.com/editorial/austral/33 y diversas editoriales). ¿Puede haber destino más calamitoso que la eterna espera del amante? Yo creo que no. En esta genial obra teatral, Rosita ama a su primo y éste a ella. Aunque él se va a Argentina, le promete que volverá para casarse con ella. Mientras ese día llega, él le escribe cartas de amor que ella lee devotamente, aun cuando se entera de que su enamorado se ha casado con otra. “PRIMO. He de volver, prima mía, para llevarte a mi lado en barco de oro cuajado con las velas de alegría; luz y sombra, noche y día, sólo pensaré en quererte. ROSITA. Pero el veneno que vierte amor, sobre el alma sola, tejerá con tierra y ola el vestido de mi muerte”.

11. La tregua, de Mario Benedetti (https://www.penguinlibros.com/es/11579-alfaguara). Uno de mis libros predilectos, como su autor. Martín, un viudo aburrido y a punto de jubilarse, ve cómo su rutina se desbarata cuando en la oficina aparece Avellaneda (Laura). Su relación con ella se revelará con una luminosidad inevitable donde la soledad, el tedio y la incomunicación desaparecen. El protagonista resucita en una especie de catarsis compartida en la que, sin embargo, algo inesperado golpeará su equilibrio. “Creo que en esto sentimos igual, tenemos imperiosa necesidad de decírnoslo todo. Yo hablo con ella como si hablara conmigo mismo. Es como si Avellaneda participara de mi alma, esperando mi confidencia, reclamando mi sinceridad”.

12. Tokio Blues, de Haruki Murakami (https://www.planetadelibros.com/editorial/tusquets-editores/59). Esta novela me impactó de una manera notable, por su profundidad y dramatismo. También por ese lenguaje preciso y demoledor del escritor japonés que no esquiva el dolor. Toru evoca a sus 37 años a la novia de su mejor amigo, Naoko, en una combinación de melancolía y desasosiego. ¿Qué fue esa mujer para él, cómo condicionó su vida?. “Si me tomo el tiempo suficiente, puedo revivir su imagen. Sus manos pequeñas y frías, su pelo liso, tan bonito y agradable al tacto; los lóbulos de sus orejas, suaves y carnosos. Y el lunar que tenía debajo”.

Día de los enamorados

13. Tristana, de Benito Pérez Galdós (https://www.vicensvives.com/ y diversas editoriales). El maestro canario fue capaz de crear una muchacha alegre, la huérfana Tristana, que acogida por don Lope se enamora del pintor Horacio y decide esperarle hasta que vuelva a casarse con ella. Y enormemente pesarosa: Tristana, enferma, pierde una pierna y ese es el principio del fin de sus ilusiones. Horacio ya no siente nada por ella y tan solo le queda como salida casarse con su protector. “Era joven, bonitilla, esbelta, de una blancura casi inverosímil de puro alabastrina; las mejillas sin color, los negros ojos más notables por lo vivarachos y luminosos que por lo grandes; las cejas increíbles, como indicadas en arco con la punta de finísimo pincel; pequeñuela y roja la boquirrita, de labios un tanto gruesos, orondos, reventando de sangre, cual si contuvieran toda la que en el rostro faltaba; los dientes, menudos, pedacitos de cuajado cristal; castaño el cabello y no muy copioso, brillante como torzales de seda y recogido con gracioso revoltijo en la coronilla“.

14. Campos de Castilla, de Antonio Machado (https://www.catedra.com/). El poeta sevillano se casó con la joven Leonor profundamente enamorado y con ella vivió días felices en su Castilla del alma, la que lo adoptó y donde creó lo más granado de su poesía. Pero ella falleció de forma prematura y dejó a Machado sumido en la desolación. En este poemario describe su temor a que su adorada esposa vaya a morir, pero se agarra a la fuerza de su palabra para intentar retenerla. En A un olmo seco expresa así su querencia. “Mi corazón espera también, hacia la luz y hacia la vida, otro milagro de la primavera”.

Día de los enamorados

No se me ocurre mejor punto y aparte para cerrar este post que los versos de don Antonio.