¿Por qué las chicas vamos al baño en grupo? (y cómo hacer ‘pis’ si eres mujer)

¿Por qué las mujeres van juntas al baño? ¿Todavía no lo sabes? Pues sigue leyendo. ¿Cuál es una de las primeras lecciones que aprendemos las damiselas desde que tenemos uso de razón? “Nunca te sentarás en baño ajeno”. Infecciones, virus, bacterias, guarrería, asco… Es una de las primeras cosas que nos han enseñado nuestras madres y que enseñaremos a nuestras hijas.

Esa es la parte teórica, la parte de las argumentaciones de por qué no debemos posar nuestras partes en un inodoro ajeno. La siguiente es la clase práctica. Ahí viene el máster. Ahí es cuando nos convertimos en contorsionistas.

Paso a paso si tienes una urgencia en baño ajeno

Primer paso, desinfectar con un trozo de papel higiénico la taza. Segundo, cortar pequeñas tiras de papel para forrar la taza. Tercero, encontrar la postura exacta: Te acercas de espaldas a la taza, te agachas, lo justo y necesario para no rozar y para que no salpiques… Abres las piernas… y a miccionar.

Pero no, las cosas no son tan fáciles. Estás en el baño de un bar. Hay cola. Aguantas como puedes, está a punto de ser tu turno. Cuando sientes que tu vejiga va a estallar, por fin sale la que estaba dentro. ¡Bien! Ya me toca.

¡Stop! ¡Error! ¡Alarma! Acaba de llegar la típica mamá con su nena encantadora a la que acaban de quitarle el pañal, porque ya es mayor… Y tiene que hacer pis ella primero porque si no pierde la rutina. Y claro sería un desastre volver a empezar. Eres comprensiva y la dejas pasar. Sientes el sudor frío que recorre tu cuerpo, no puedes más… en ese momento sueñas que vuelves a ser un bebé y deseas con todas tus fuerzas llevar el pañal que a la niña encantadora le acaban de quitar…

Por fin es tu turno. “Dios no podía más. ¡Vaya hoy me he puesto un mono! Ni me acordaba ya, vaya podía haber dejado el bolso en la mesa. ¡Uf ! El suelo está mojado, dios sabe con qué líquidos, los pantalones me arrastran un poco, esto huele a tragedia. Ah, que bien en la pared hay una percha”.

Cuelgo el bolso, me pongo de puntillas porque la percha la ha colocado un jugador de baloncesto, y yo escasamente si llego al 1,50. Ya lo tengo. Ahora he bajado el mono, me he colocado en la posición perfecta y con el ángulo exacto. Me estoy remangando los pantalones como puedo para no perder el equilibrio. Además, no sé cómo pero he conseguido hacer una postura perfecta de yoga. De esta guisa logro además tener controlada la puerta por si alguien osa abrirla. El pestillo está fastidiado.

Y aquí va la resolución del misterio

“Uff qué gusto… ¡No, no, no puede ser… No hay papel!!!!! ¿Y ahora qué hago? ¿Cómo llego al bolso sin rozar la taza, sin que los bajos de mi pantalón limpien el suelo…?”

Claro, si en vez de estar comiendo con mi chico, hubiera ido con mis amigas la cosa habría sido distinta: María me habría dado palique mientras hacemos cola. En mente distraída no entran ‘pises’. Begoña habría custodiado la puerta y yo podría haberme relajado un poquito. Ana se habría quedado con el bolso, y Rachel amablemente me habría pasado un pañuelo de papel. ¿Entendéis ahora por qué las chicas vamos al baño juntas?