Cuando la pequeña Irene Villa salió despedida por una bomba bajo el coche de su madre, yo tenía 28 años y llevaba unos cuantos informando: el terrorismo ocupaba buena parte de la actualidad y de nuestras penas. Ella tenía sólo 12. De aquel amasijo de hierro y odio salió una personita incapaz de andar, pero capaz de seguir amando e ilusionándose. Viva, en definitiva. La Irene mayor que yo he conocido muchos años después es alegre, estudiosa, amable, cabal, cariñosa, deportista, apasionada, curiosa, infatigable… Irene Villa es muchísimas cosas que la violencia no le quitó. Es más, le enseñó a encontrar esos dones en su personalidad infantil pero madura a fuerza de dolor primero y superación después.

Resiliencia y perdón en “Los ochomiles de la vida”

Irene tiene tres niños y siete libros, a los que ella considera también sus “hijos”, su mayor logro. El último se titula “Los ochomiles de la vida” (Espasa), y es una escalada por los valores que en esta pandemia, falta nos hace, nos harán mejores: la resiliencia y el perdón. Su experiencia ha sido como una enciclopedia para entender que la existencia, incluso la que hoy vivimos entre tinieblas, es oportunidad, amor, reto y sueños. También misterio y fracaso, no creamos que todo es de color rosa. De hecho, le pregunto en esta entrevista a Irene por su “ochomil” más duro de ascender. Y, no es lo que podría pensar cualquiera, la barbarie y la discapacidad a la que se vio abocada en 1991 (usa sendas prótesis para caminar). Os invito a seguir leyendo para descubrir qué lección saca Irene Villa de las montañas más abruptas, las que parecen imposibles de asaltar. Tiramos de su condición de sicóloga positiva para que nos dé, además, alguna pista de cómo arremangarse ante el día a día. Esta entrevista ha sido para mí una clase de entereza. No hay límites para Irene Villa, precisamente, porque la historia reciente la puso a prueba.




R. Ballarín. ¿Has aplicado tu visión de sicóloga y coach a este libro más que en otros anteriores?

Irene Villa. Matizo primero. Yo no soy coach, sino sicóloga. Aunque al final, hagas lo que hagas se trata de reconducir nuestra vida. En todo caso, ambas modalidades se sustentan en los mismos pilares, la resiliencia, el optimismo y la autoconfianza. De eso va este libro.

– R.B. Haciendo referencia a su título, ¿cuál ha sido el 8.000 más elevado que has tenido que superar o que, incluso, no has logrado encumbrar?

-I.V. En contra de lo que se pueda pensar, no es lo mi discapacidad. Fue un embarazo ectópico que sufrí hace menos de tres años. Ha sido lo más duro porque yo deseaba ese bebé. Estaba convencida de que después de tres niños, venía la niña. Por eso estaba tan ilusionada. Y al final no pudo ser. En este libro lo que dice es que no importa lo que te pase, sino cómo lo afrontas tú.

“Hay que transitar también la tristeza”

– R.B. Y ¿tú cómo afrontaste ese episodio doloroso?

-I.V. Por no haberle dado ni el espacio ni el duelo que necesita cada hecho dramático, eso hizo que se enquistase la herida, que se cerrase en falso. En este libro hablo de que no tengamos miedo por atravesar desiertos emocionales, porque es humano. Yo soy de ese carácter de estrujar y positivizar la vida. Entonces me di cuenta de que no hay atajos y que a veces hay que transitar la tristeza. Ahora ya siento que está todo sanado. Estoy en un momento muy bonito de mi vida, dando gracias porque he pasado años muy difíciles, como el de mi separación (del tenista Juan Pablo Lauro, en 2018), que vino a continuación de perder al bebé. He querido compartirlo en este libro para que personas que pasan estas mismas situaciones, o que pierdan a su mejor amiga, como también me pasó en 2019, encuentren consuelo y herramientas para darle la vuelta a la tragedia.

– R.B. 9 años después del abandono de las armas por parte de ETA he leído que un 40% de los jóvenes españoles hoy día no saben quién eres tú, ni Ortega Lara, ni Ernest Lluch, otras víctimas terroristas. Parece que se ha perdido un poco la memoria. A tus tres hijos (8, 5 y 4 años) ¿cómo les cuentas tú esto, con amabilidad, de forma clara, ocultando lo duro…?

I.V. Trato de contagiarles todo eso que a mí me ayuda y esa forma de ver la vida como un regalo y de ver que la gente es buena. A mis hijos no los tengo entre algodones, de hecho me dicen “qué bruta eres” cuando les explico algo. Les digo las cosas tal y como son, saben perfectamente de la forma más natural lo que nos pasó a mi madre (herida en el mismo atentado) y a mí. Y creo que la historia del terrorismo debe estar en los libros. Memoria, dignidad y justicia sin venganza son mis pilares fundamentales.

– R.B. Hablando de esta especie de aniversario, ¿has leído y visto “Patria”?

I.V. Desde luego. El libro me encantó y además, me encantó que fuera un best seller, porque además creo que es una forma muy bonita de contar el sufrimiento que esparció el terrorismo y lo que llevó a esas personas a asesinar. “Patria” refleja de una forma muy aséptica (ni de un lado ni de otro) cómo unas ideas llevan a matar. Y Fernando Aramburu (el autor) permite que luego cada uno se ponga en el lado que quiera. Pienso que hay que ponerse del lado de la víctima, pero también hay que ver qué piensan quienes casi me matan y no se arrepienten. Me hiela la sangre, pero me encanta que esté ahí y que sea best seller y ojalá la serie sea de las más vistas. Es más fuerte la serie que el libro, incluso. Pienso en que algunos jóvenes aberzales, que en lugar de estar de fiesta o estudiando, como estaba yo, estaban pergeñando a quién mataban.

– R.B. ¿Te gustan los libros que abordan cuestiones emocionales?

I.V. Me encantan los libros de lo mío, de Sicología Positiva. Hablo mucho en el mío del título “Dejar ir. El camino a la liberación”, que es cómo permitir que las emociones dañinas se vayan. Y me ha gustado mucho el último de Reyes Monforte, “Postales del Este”, que te remueve mucho, como “Patria”, porque cuenta la mentalidad nazi. A mí me gustan los libros que te encogen el alma. Desde pequeña me encantan los dramas sociales, creo que por eso estudié Sicología. Soy muy empática y creo que todo eso debe verse.

– R.B. ¿Qué héroes reales tiene Irene Villa?

I.V. Hablo en mi libro último de un chico italiano amputado de pies y manos, Davide. Comulgo con la filosofía de la no violencia de Gandhi, también con Santa Teresa de Jesús. Muchas frases, como La única derrota es el desaliento, se la he cogido a ella. Y mi madre (María Jesús González) es un pilar fundamental. Ella es pura energía y le cuentes lo que le cuentes, encuentra solución. Mi madre sí que es una coach de la vida sin haber estudiado. Ha leído muchos libros que te empoderan, que hacen que te quedes con los pensamientos que más lejos te lleven.

– R.B. ¿Cuál es tu mayor alegría en el día a día?

– I.V. Es la cosa más tonta: bañarme con mis hijos. Me lo paso pipa con ellos en la bañera. Es cuando más a mano los tengo, no se me escapan corriendo. Nos reímos mucho, jugamos… Y luego, cosas sencillas como una comida rica, una buena conversación con Rosita, la chica que me ayuda, con mi madre, con quien convivo. En esta casa nunca nos aburrimos, siempre tenemos visitas, cosas que hacer…

“La crisis nos hará más despiertos y sociables”

– R.B. Tú vives en un pueblo. ¿Lo del confinamiento que sobrevuela nuestras vidas cómo lo llevas?

– I.V. Como digo en el libro, habrá que darle la vuelta a las cosas. No nos lo tomemos como una falta de libertad, sino para aprovechar a hacer algo que normalmente no hacemos. Esta crisis nos está ayudando a vivir día a día y a adaptar nuestra realidad según nos restringen. No sé si esto nos hará más fuerte, pero sí más despiertos y más sociables. Antes de la pandemia no les dábamos importancia a cosas como cenar con las amigas. Ahora veremos mejor nuestras prioridades. Además, nos hemos dado cuenta de que sabemos aplicar la resiliencia, que es la capacidad de adaptarte a lo que venga. Hay una frase que yo repito mucho: Uno no sabe lo fuerte que es hasta que ser fuerte es tu única opción.

– R.B. ¿Con qué palabra te defines tú, fortaleza?

– I.V. Con la palabra disfrutona. Hemos venido al mundo a disfrutar, no a pelearnos ni a discutir. Cuando la cosa no fluye, algo tienes que cambiar. Y si no puedes cambiar lo de fuera, tienes que cambiar tú.

– R.B. Con la mano en el corazón ¿hay algo que no perdonarás nunca?

– I.V. Yo creo que al final todo se debe perdonar, pero por uno mismo. El perdón te libera. Lo importante es quedarte tú en paz. E igual que perdono, pido perdón a la mínima. No soy nada orgullosa.

– R.B. Me da que tu color favorito es el verde esperanza.

– I.V. Ese me gusta (se ríe) pero mi color favorito es el rojo pasión.

R.B. Tu pasión te llevó, entre otras cosas, a esquiar. La portada de tu libro es una imagen tuya con casco dispuesta a deslizarte.

– I.V. Me encanta y ojalá pueda seguir muchos años esquiando. También me gustan la bicicleta adaptada, la piragua y nadar. Me siento libre como La Sirenita. También el buceo. Todo lo que pase en el agua me encanta.

– R.B. Practicas en otro orden de cosas Yoga y Mindfulness.

– I.V. Estar con la mente presente, a todos nos ayuda. Y la calma de tener las cosas bien organizadas. La meditación me ayuda mucho, sí.

“Mi viaje ideal es a cualquier lugar de mar”

-¿Qué música te ayuda a desconectar?

– I.V. Cualquier tema de El Arrebato. Tiene una energía…

-¿Un viaje que ahora eches de menos?

– I.V. Un destino que tenga mar, me da igual norte que sur. Si es el Caribe pues bien, pero Gijón, donde tengo parte de la que considero mi familia, me gusta muchísimo.

-¿Hay un premio que te gustaría recibir?

– I.V. (Risas) Tengo demasiados premios, mis hijos dice que no nos caben en casa. Lo que más me gustaría es que fueran mis hijos quienes los consigan, que se lo curren.

-¿Con qué regalo se te conquista?

– I.V. No soy nada material. Si me quieres conquistar, una cena rica, una experiencia deportiva, algo sensorial…

-Algo con lo que convives de manera natural a pesar de ser un problema para ti.

– I.V. Una bacteria que me entró hace diez años y me costó graves problemas de salud, y que siempre está ahí porque la herida que me la causó sigue abierta y seguirá, por los tornillos que están en mis huesos. Pero terminas por vivir con ello. Hay otra frase que yo uso mucho: Es peor el miedo a sufrir que el propio sufrimiento. Y lo he comprobado. Hay riesgo, pero mi mente está en lo positivo que está por venir, que mi madre y mi hermana estén bien, por ejemplo. Mi mente está enfocada en eso.

Irene Villa

Palabra de sicóloga

He puesto varios supuestos conflictos al alcance de Irene, para que con su visión optimista nos ayude a encajarlos con solvencia y paciencia.

  • “Hoy no tengo ganas de ir a trabajar porque siento que lo que hago no le es útil a nadie”
    Cambia de actitud y pon una sonrisa.
  • “He discutido con mi hijo adolescente”
    Respira. Un hijo adolescente es un muro. Frente a su agresividad, la obcecación y la tozudez hay que mantener la calma y la serenidad. Y frente al mal trato, amor, amor y amor. Quiéreme cuando menos lo merezca que será cuando más lo necesite, resumiría bien esta situación.
  • “Tengo la autoestima por los suelos”
    Haz deporte o pasea. Que te dé el aire y el sol en la cara. Y si no, estira, es magia.
  • “Mi pareja está en el paro y no hacemos más que discutir en casa”
    Que esté ocupado, anímale a sentirse útil de otra forma.
  • “Un amigo me la ha jugado y no sé si podré perdonarle”.
    Entiende sus motivos y si te interesa su amistad, recupera la relación. De lo contrario, te perdono y te dejo ir.
  • “He sufrido una pérdida en esta pandemia y tengo una rabia hacia todos…”
    Eso es lo más difícil de abrazar. Nuestra esperanza es que nuestra pérdida nos siga iluminando donde esté y nos mande su energía.