Sí, con este post de hoy vas a conseguir motivar a tu hijo. “Uf, esto es un rollo. Todos los días hago lo mismo”. “No voy a aprobar, es muy difícil”… ¿Te suenan estas expresiones? Así es. Se trata de la conversación que habitualmente mantienes con tus hijos. ¿Están desmotivados? ¿Son demasiado negativos? No sufras, la motivación también se entrena.

Gracias a la neuroplasticidad, sabemos que somos arquitectos de nuestra mente. En este sentido, “todo se puede aprender y por tanto también se puede desaprender”, explica Marta Romo, coach y Socia de Be-Up. De hecho, que nazcamos con una predisposición a ver lo positivo de la vida, no quiere decir que al crecer en un ambiente negativo la conservemos”.

“Estamos programados para la supervivencia, no para la felicidad”

Lo mismo sucede con los fatalistas natos, que son capaces de desarrollar un carácter optimista si viven en un ambiente más positivo. Aunque en realidad no sabemos si nacemos con esa predisposición a ver el vaso medio lleno o medio vacío… lo que si sabemos es que nuestro cerebro está programado para la supervivencia. “Esto hace que tendamos a fijarnos en lo que falla, los errores, lo que puede ir mal. Estamos programados para la supervivencia, no para la felicidad. Para esta última, hemos de hacer un esfuerzo”.

Cómo motivar a tu hijo en tres pasos

De esta forma, podemos hablar de varias claves en la educación de nuestros hijos. Marta Romo enumera tres de ellas: “Evitar la indefensión aprendida, cuidar la manera en la que regañamos a los niños y hacer demandas en positivo”.

1. Anímale y confía en él

¿Qué significa la indefensión aprendida? Se trata de un mecanismo de defensa por el que aprendemos que no somos capaces de hacer tal cosa, que nada depende de nosotros y que estamos indefensos en la vida.

“Cuando un niño se enfrenta a una situación difícil y, a pesar de intentarlo, no supera un problema u otras personas lo solucionan por él, en el fondo le hacen sentir inútil. ¿Qué ocurre entonces? Que termina por abandonarlo sin buscar una solución. Ha aprendido que no depende de él salir airoso… y deja de luchar. Eso desemboca, en tristeza, pasividad, pesimismo y hasta en depresión”.

De esta forma, la autoestima se va minando y la sensación de no ser capaz van en aumento con cada equivocación.

Entonces, ¿cómo evitar que nuestros niños caigan en esta indefensión o cómo ayudarles si ya han caído? Marta Romo nos lo explica: “Dejándoles probar por ellos mismos, dándoles oportunidades y confiando en ellos. Es importante animarles a superarse, dándoles apoyo, hablando sobre las dificultades y las emociones por las que transitan en momentos difíciles. Es fundamental no castigar el error, pues el hecho de no haberlo conseguido hacer bien, ya es lo suficientemente duro y es un castigo en si mismo”.

2. Debe aprender a equivocarse

Reflexiona un segundo: ¿cuántas veces, sin ser consciente, has regañado a tu hijo porque en el fondo te estaba molestando, o porque has tenido un mal día y lo ha pagado él?

A veces olvidamos que, cuando un niño se equivoca, el objetivo debería ser que aprendan de la situación y no regañarles para desahogarnos. “Es correcto mostrar a los niños nuestro enfado cuando algo no nos gusta, pero es más importante que aprendan de lo sucedido para que no vuelva a pasar. Y lo más importante de todo es que busquen soluciones -especifica Marta Romo-. Realmente es una inversión en la que ambas partes ganan. Los padres consiguen que no se repita la misma situación en un futuro y los niños aprenden sobre su propia experiencia. La regañina penaliza el error y los niños temen equivocarse, cuando es la base del aprendizaje. Si aprenden desde el miedo y la evitación, esto puede generar niños pesimistas”.

3. Háblale en positivo

Las demandas en positivo se consiguen utilizando un lenguaje adecuado. De esta forma se logra activar el circuito de motivación del cerebro.

  • Cuando hablamos en negativo al niño, su mente se acostumbra a visualizar la peor situación. Mientras que si hablamos en positivo, la mente del niño se acostumbra a visualizar las posibilidades, las opciones y lo bueno para él.
  • Marta Romo nos ofrece un ejemplo muy ilustrativo: “Si a un niño le dices que se lave las manos que las tiene sucísimas, el niño se lo imagina y esto no le estimula ni motiva. Pero si le sugieres que se las lave para que le queden limpias y pueda hacer un montón de cosas con las manos así, su percepción cambia. Los adultos somos responsables y ejemplo para que nuestros niños aprendan a ser optimistas.
  • El refuerzo positivo consiste en valorar todo aquello que hacen bien. Marta lo explica con ejemplos “hay que reconocérselo con frases como ‘genial’, ‘eso es’, ‘estás mejorando mucho’, ‘sigue así’. Y es que muchas veces nos acordamos de realizar las críticas, pero no de dar las necesarias ‘palmaditas’, como un ‘tú vales mucho”.