Pues no, no era Carol quien estaba en el umbral de la puerta, sino Titín. Vestido con unos jean ajustados, una camiseta de algodón (de marca, por supuesto) gris, y una chaqueta dos tonos más oscura. Con sus gafas que le daban ese toque misterioso y seductor…

“Te casarías con él… Yo también. Aunque eso implicara vivir de espaldas a la realidad”

Titín era ese amigo gay que todas adoramos, que nos dice las verdades pero con una gracia infinita. Ese era él. Ahora que no me escucha, os confieso que ha sido objeto de mis sueños más tórridos en incontables ocasiones. Es lo que suelo llamar vivir de espaldas a la realidad…

Alto, moreno, ojos azules, barbita cuidada, abdominales de infarto… Cariñoso, atento, detallista… Te casarías con él, ¿verdad? Yo también. Aunque eso implicara vivir de espaldas a la realidad. Vivir de espaldas a sus verdaderos sentimientos.

-Pero, nenaaaaaaa, ¿cómo estás? Por favor, ¡dónde está la diva que un día conocí? Pero si pareces… No sé… Chica, este look… ¿Y en la pierna que te ha pasado? ¿Y quién era ese que estaba contigo? ¿Por qué me miras así? 

-Ay, Titín. Cuánto te echado de menos, tus gritos, tu verborrea… Mi loco, dame un abrazo. Estrújame entre tus brazos. Dios, estás guapísimo. ¿Por qué tienes que ser gay? ¿No te gusto ni un poquito?

Desde que nos conocimos no perdía la oportunidad para tirarle la caña. Hay personas que cambian, ¿no? Pero, para mi desgracia, va a ser que no.

-Sí, mucho que yo te pongo, pero estabas acompañada por ese. ¿Quién era? ¿Tu enfermero particular? Nena, conozco esa mirada. A ti te gusta ese… Sí, ese surfero, rudo y con un punto catetín si lo comparas conmigo claro. 

“Tú, ganaste el premio, pero perdiste el billete…”

Joven atractivo. vivir de espaldas a la realidad

Foto cedida: Primarkuk

Como era de esperar Titín no paró de hablar durante el resto del día. Me puso al tanto de todo, mientras yo le miraba embelesada. ¡Cuánto le había echado de menos! Y qué poquito me había dado cuenta. Es curioso comprobar cómo el corazón y la razón van por caminos distintos. A veces el corazón se empeña en vivir de espaldas a la realidad. Se obceca en negar nuestros sentimientos, en aferrarse a una nueva vida, ahogando por completo los sentimientos hacia la que teníamos antes… Pero ahora Titín estaba aquí, junto a mí… Hacía tanto tiempo que no sentía esa paz…

Titín, que ignoraba que yo había sufrido un aborto, me habló de Tim. Así fue cómo me enteré que poco después de lo nuestro, se separó de su mujer. Titín, entonces, se puso serio y me espetó una de sus sabias sentencias:

-Amiga, el amor es un desorden mental, y encontrar a otro ser bajo las mismas circunstancias es una lotería. Tú, ganaste el premio, pero perdiste el billete…

“Huiste, como siempre has hecho cuando has tenido problemas”

Necesitó una botella de vino, y un enorme helado de chocolate para, cucharada a cucharada, saborear aquello que me acababa de decir. Pero lo cierto es que por mucho vino que bebiese el bocado de realidad se me había atragantado. Y Titín no parecía, o no quería, darse cuenta del daño que me estaba haciendo, y él prosiguió con su lista de verdades.

-Desapareciste como una niña. Huiste, como siempre has hecho cuando has tenido problemas. Ni una explicación… Ni una explicación le pediste, ni le dejaste que te las diera. Fuiste cobarde y cruel. Y no, amiga, no se solucionan así los problemas. Tienes que aprender a dar la cara. A luchar por lo que creas que es tuyo, y a defender tu amor con uñas y dientes. Pero no tiene sentido que huyas a este pueblo… ¿A qué? ¿A reconciliaste con la niña de ayer? Aquella que también huyó cuando el amor de su infancia se marchó… En aquella ocasión fuiste cobarde, y ahora estás repitiendo el mismo patrón. 

Con los ojos llenos de lágrimas, rota por el dolor de la verdad… Le grité con todas mis fuerzas a Titín…

-No tienes ni idea de lo que hablas. No sabes el calvario por el que he pasado y por lo que paso… Mi corazón está seco de tantas lágrimas… 

“Vivir de espaldas a la realidad se había convertido en mi lema de vida”

Entonces, Titín me abrazó con fuerza, y me acurruqué entre sus brazos. Estaba borracha, pero no lo suficiente como para no ser consciente de que llevaba razón. Llevaba todos estos meses huyendo, vivir de espaldas a la realidad se había convertido en mi lema de vida. Poco a poco, la pena dio paso a otro sentimiento mucho más fuerte. Titín olía… ese perfume embriagador… Esa piel, ese cuerpo, esos labios carnosos, esa ternura… Mis manos comenzaron a deslizarse por su cuerpo sin yo quererlo, mis labios buscaban los suyos… El corazón me iba a mil, mi sexo estaba húmedo… Lo deseaba, lo deseaba desde hacía años… Y ese era el momento perfecto… Pero entonces…

-Loren!!!!!!!!! ¿Me abres? ¿He traído una botella de vino y unas deliciosas croquetas que ha hecho mi madre para ti? 

Leí en la mirada de Titín cierto alivio… Aunque me quería, su amor era distinto al mío en esos momentos… Era un amor de hermanos. Por mucho que yo me empeñara, él nunca me desearía…

-Corre, abre la puerta. ¿Y me vas a contar de una vez quién es él?

Sobra decir que durante la reprimenda que me echó Titín no tuve ocasión de decirle que ese amor de la infancia no era otro que Bruno. Ahora, con el tiempo, me arrepiento de no habérselo dicho, porque muchas cosas habrían cambiado entre nosotros. Pero aquella noche fue definitiva para todos… Aquella velada marcó el principio del fin…

CONTINUARÁ