Las sorpresas pueden ser un arma de doble filo. Pueden esconder toda la maldad de la venganza, pueden hacerte enloquecer… Ella lo sabía. Pero ya no había vuelta atrás.

-Te veo distinta, ¿te ocurre algo?

-Soy la misma, quizás eres tú el que ha cambiado.

-Insisto, estás muy rara. Recuerda que te quiero y que esta noche llegaré muy tarde. De nuevo tengo reunión con el cliente del que te hablé.

“Me obsesionaba llevar a cabo mi plan”

Se fue sin más. Y yo me dispuse a continuar con mi plan. Pasaron dos semanas desde aquella escena. Desde entonces me obsesionaba llevar a cabo mi venganza si levantar sospechas.

Recurrí a esas terribles dietas exprés. Dos semanas a base de sopa de cebolla. Había perdido cinco kilos y casi todas las fuerzas para levantarme de la cama. Pero daba igual. Ahora lo que menos me preocupaba era mi salud. Ya había perdido cinco kilos, necesitaba cinco más y habría sido un éxito.

Jaime estaba preocupado.

-Se te va de las manos, esto se te va de las manos. Lo veo venir… Mira que eres cabezona… Y sí, la rubia se marcha de viaje en breve.

“Me relamía solo con pensar en la cara que él pondría”

Sabía que ella usaba lencería color negro. Le gustaban los tangas, y la ropa ajustada. Esa tarde me tocaba ir de compras. Camisa blanca, falda lápiz oscura, taconazo, precioso sujetador de encaje negro y así… todos los detalles.

Dos semanas después, y a punto de acabar con todas las existencias de cebolla de la frutería, había conseguido mi reto. Y hoy tocaba peluquería. Lo último en mechas rubias. Me relamía solo con pensar en la cara que él pondría.

Ella estaba de viaje… Conocía su agenda mejor que si fuera su secretaria.

-Jaime, en la otra vida puede que fueras un espía. Nunca sabré cómo agradecerte todo lo que estás haciendo por mí.

-Yo sí. Preséntame al nuevo del estudio fotográfico. Ese culo respingón que tiene me vuelve loco.

-¡Jaime! Reía a carcajadas. Hacía tiempo que no me sentía de tan buen humor.

“Me estaba convirtiendo en una mentirosa compulsiva”

Eran las siete, hoy era el día. Por la mañana me había confirmado que por fin se iba a dignar a llegar pronto. Dejé un mensaje en la oficina excusándome por no ir a trabajar. Un inoportuno catarrazo me había obligado a guardar cama. Me estaba convirtiendo en una mentirosa compulsiva. Pero todo por la causa.

Gracias a mis contactos averigüé qué perfume le encantaba a ella. Be Delicious Eau So Intense, de DKNY. No podría ser de otra forma. Este perfume tiene forma de manzana, vamos de tentación en toda regla.

Manicura perfecta, uñas rojo pasión a juego con los labios en el mismo tono. En mi vida me había dedicado tanto tiempo a mi belleza. Las maquilladoras hacen milagros. Ahora lo tengo claro. Ah, por cierto, estreno, además de mechas, extensiones. Necesito melenón de leona.

He aprendido tanto en el último mes que no me reconozco. Me he bajado una APP que sirve para mandar whatsapp como si fueras otra persona.

-“Soy yo. Esta tarde hazlo posible por quedarte solo en casa, porque vas a tener una visita sorpresa. Ya sé que te dije que estaba de viaje, pero era para poder sorprenderte”.

Jaime me miró impresionado.

-Pero, tía, estás loca. Eres una caja de sorpresas.

-No lo sabes bien. Acabo de escribirle utilizando sus propias excusas: “Cariño, no me esperes despierto. Hoy tenemos un lío tremendo en el estudio. Te quiero”.

“La venganza me estaba excitando… Las sorpresas me ponían”

Poco después, me concentré en mi estrategia. Nuevo peinado, maquillaje provocativo, lencería sexy… Todo perfecto. Solo faltaban pequeños detalles. Es decir, luz tenue en la habitación, música… Me sentía cañera. Por eso escogí, Black Velvet de Alannah Myles… La venganza me estaba excitando… Las sorpresas me ponían.

Como era de esperar, T salió puntual del trabajo. No estaba seguro de lo que estaba ocurriendo. Ni se imaginaba las sorpresas que se le venían encima. Recordó, entonces, que Marga tenía una copia de las llaves de su casa. En más de una ocasión, mientras Lina estaba de viaje de trabajo, se habían devorado bajo las sábanas de seda que ella detestaba. El corazón y el pulso acelerados… tenía tantas ganas de volver a saborearla… ¿Qué sorpresas le habría preparado esta vez?

El sonido del whatsapp le hizo sentir un escalofrío. “Ven, te estoy esperando. No llames. Ve hacia la habitación… Toda tuya”.

Me hice con una máscara muy sensual. Miraba por la ventana, de espaldas a la entrada. Olía al aroma de las velas de canela… Semidesnuda… Sentí entonces su aliento cálido y sus ganas se notaban por la dureza de su miembro.

Estaba claro que la pasión por ella le cegaba. Llevé mi mano sin girarme hacia su sexo haciendo un exhaustivo reconocimiento. Le acaricié con rabia la entrepierna, pero él lo tomó como un signo de fogosidad y pasión…

-Llevas ese perfume… sigue, no pares, te deseo tanto… no he dejado de pensar en ti…

Dejé que sus manos me recorrieran con suavidad. Me apretó con fuerza los pechos, mientras lamía mi espalda. Se recreaba en mi cuello. Yo me dejaba hacer y confieso que me excité. Exhalé un suspiro de placer, mientras él jadeaba. Mi mano se movía arriba y abajo sin hacer caso a las señales de mi cerebro. La excitación nos cegó.

Entonces… Pronuncié su nombre y él, el que creía que era el mío: “Marga, este juego… No puedo más, gírate, vamos a la cama necesito penetrarte…”

“Me quité la máscara y, entonces, me derrumbé”

Así lo hice, me giré y vi en su rostro la mueca del terror. El pánico de las sorpresas desagradables. Me quité la máscara y, entonces, me derrumbé. Solo entonces supe lo que duele el odio y él descubrió hasta dónde puede llegar una mujer herida. ¿Qué pasó? Te lo dejo a tu imaginación…