Quejarse es malo para la salud. Así como lo lees. Si eres de las que se pasan el día con la queja a cuestas o te relaciones con personas con esta tendencia, que sepas que estás poniendo en peligro tu salud. Y es que es muy habitual que ante el menor problema, en lugar de tratar de solucionarlo, tendemos a quejarnos y protestar sin centrarnos en las posibles resoluciones. Y esto, a largo plazo, según ha comprobado la ciencia, tiene como resultado que quejarse nos perjudica.

Quejarse es malo para la salud

Así lo confirman desde el diario digital Huffingtonpost: “Cuando nos quejamos, el cuerpo libera cortisol, la hormona del estrés. El cortisol nos pone en modo lucha o huida. Esto provoca que el oxígeno, la sangre y la energía se concentren en los sistemas esenciales para la supervivencia inmediata. Uno de los efectos del cortisol, por ejemplo, es la subida de la presión arterial y del nivel de azúcar en sangre, que nos preparan para escapar o defendernos”.

Por si esto te parece poco, te en cuenta que todo el cortisol extra que se libera al quejarnos con frecuencia afecta al sistema inmunológico. Además, hace que seamos más propensos a tener el colesterol alto. Y a sufrir diabetes, cardiopatías u obesidad. Incluso hace que el cerebro sea más vulnerable a los derrames.

Cuanto más te quejes más negro lo verás todo

No te veo muy convencida. Sigues en tus treces y me da la sensación de que todavía no te he convencido de que quejarse es malo para la salud. Pues bien, tal vez los argumentos que nos facilita en su blog la coach Marta Romo te haga ver la cosas con más claridad. Así, Marta explica que “con la queja, el cerebro va tejiendo un camino, un hábito, que libera neuroquímicos para tratar de restablecernos del estrés al bienestar. Pero realmente no lo logra. En cambio, lo que sí consigue es entrenar a tu cerebro para la ansiedad y la depresión. De hecho, científicos de la Universidad de Stanford descubrieron que quejarse encoge el hipocampo, que es el área del cerebro encargada de la solución de problemas. Por eso, cuanto más nos quejemos, más negro lo veremos todo… y más sensación de impotencia tendremos”. ¿Cómo te quedas? Pues sigue leyendo porque ahí no acaba todo.

La queja se contagia

Marta nos explica qué es realmente una queja: “Se trata de una reclamación ante una autoridad por algo que consideramos injusto o por algo que nos ha hecho daño”. El problema, como analiza la coach, es que la queja da lugar a una adicción a la propia queja. Al final somos lo que pensamos, y si estamos continuamente poniendo la mente en lo negativo pero no actuamos, con el tiempo nos volvemos unos quejicas. Y a nadie le gusta relacionarse con quejicas.

Qué razón lleva la coach. De hecho, no sé a vosotras, pero a mí me pasa. A veces te juntas con amigas que están todo el día quejándose por todo y por todos. ¿Qué sensación tienes cuando vuelves a casa? Yo noto como que me he quedado sin energía, que estoy agotada y agobiada por cosas que antes no me preocupaban. Sinceramente, me siento frustrada.

Marta me explica por qué: “Gracias a las neuronas espejo que todos tenemos y a nuestra capacidad empática, llegamos a experimentar en parte la sensación de malestar que sufre quien se está quejando. Por eso resulta desagradable que alguien esté quejándose constantemente, porque te traspasa su “mal rollo” y malestar, te contagia totalmente”.

Sí, se puede dejar de ser un quejica (aunque no es fácil)

Vale, pues vamos a alejarnos de la queja. Pero, ¿cómo? Siguiendo los consejos de Marta Romo. Nada es imposible. Aunque, como ella misma nos advierte, este viaje “no es fácil”. Te confieso que siempre me gustaron los retos. Por eso me apunto a alejarme de la queja, ¿y tú? Pues sigue leyendo los consejos que nos ha facilitado Marta Romo.

Reconoce y actúa

En primer lugar, es importante que la persona sea consciente de que se queja demasiado. Para eso ayuda darles feedback  en el momento o hacerles preguntas del estilo “Con esto que te está sucediendo, ¿puedes hacer algo al respecto? ¿Has hablado ya con fulanito de esto?”… Es decir, animar a la persona a la acción. Si te responde que ya lo ha hecho pero no puede arreglar nada, hazle ver que si no tiene solución, lo mejor es que lo acepte y lo enfoque por el lado positivo.

Si eres tú mismo quien ha hecho de la queja un hábito, ponte límites. Por ejemplo, diciéndote “Ya me he quejado por hoy, ya es suficiente”, o “ya me he quejado bastante esta hora”.

La otra variable es la intensidad. Cuanto mayor sea el nivel de intensidad que aplicas a la queja, más adictiva es. Si te cuesta mucho dejar de quejarte, empieza por hacerlo con menor emoción y trata de plantearte una descripción más objetiva de los hechos. Esto parece una tontería, pero ayuda mucho.

Ser agradecido, la mejor ‘medicina’

Ya hemos explicado por qué quejarse es malo para la salud y ahora Marta nos da la mejor medicina para reponernos. Otro de los “anticuerpos” que tenemos para la queja es la gratitud. Cuando nos mostramos agradecidos, está comprobado que se reducen a nivel químico todas las sustancias relacionadas con el estrés –como el cortisol, etc.– que provoca la queja. Si, por ejemplo, todas las noches antes de meternos en la cama nos acostumbramos a pensar qué cosas han sucedido a lo largo del día por las que podemos dar gracias, lo que hacemos es trasladar la atención hacia cosas positivas. Es decir, nos vamos a reprogramar. De esta forma, en vez de gastar energía en la queja la llevaremos a la acción. Es más, conseguirás sentir que puedes cambiar algo, que es el mejor antídoto contra la queja.

Anota el manual ‘antiqueja’

  • Intenta alejarte de las personas que se quejan continuamente. O trata de cambiar la conversación, porque matan tu pasión y te contagian su negatividad.
  • Concéntrate en los hechos. Cuando te quejes de algo, haz el esfuerzo de determinar qué ha sucedido realmente.
  • Comienza tus descripciones u oraciones con algo positivo. Y muestra agradecimiento en los detalles.
  • Procura que a las palabras les sigan las acciones. Es decir, después de una frase en la que te estás quejando de cualquier cosa, asegúrate de decir: “Bueno, ahora lo que voy a hacer con esto es…”.
  • Trata de mantenerte consciente de tus sensaciones físicas, emociones, sentimientos y necesidades.
  • Y, sobre todo, recuerda que la energía que utilizamos en quejarnos es la que necesitamos para superar la adversidad. ¡Enfoca bien tus esfuerzos!