Puede ser tu pareja, puede ser tu íntima amiga, la vecina del quinto e incluso hasta tu madre… sí, como lo lees… Las personas tóxicas existen y están más cerca de nosotros de lo que crees.

Pero no te alarmes, vamos paso a paso. Te pongo en situación: mantienes una conversación con una amiga, tu pareja o un familiar y, al terminar la charla, te notas rara, como decaída o  incluso llegas a pensar: “vaya pues ahora estoy de malhumor”. ¿Es verdad que existen personas tóxicas? Pilar Jericó, escritora y conferenciante reconocida como una de las Top Mujeres Líderes en España en la categoría de pensadoras, nos lo explica: “Yo no diría personas tóxicas, sino estados de ánimo tóxicos. Creo que todos tenemos momentos y estados emocionales tóxicos y estados que son más constructivos. Todo lo que se escribe sobre la toxicidad tiene el componente de la persona, es como que da más morbo encasillar a la gente, pero yo soy partidaria de evitar eso. ¿Y por qué? Porque todos podemos caer en comportamientos tóxicos y también constructivos”.

¿Cómo podemos reconocer a una persona tóxica?

Y aquí viene la gran duda, ¿cómo podemos reconocer a una persona tóxica?  “Cuando te encuentras con una persona y, después de hablar con ella, te sientes como si te hubiera pasado una apisonadora. Es como si te chupara tu energía”. Seguro que te suena: esa compañera que solo te dice lo malo de tu empresa, tu pareja que le saca pegas a todo… “Esas personas viven en el lamento y solo ven lo terrible de la vida… Tienen una visión muy miope de la realidad. Miope de realidad, pero desde lo destructivo, la ira constante, el pesimismo…” Claro que las personas tóxicas también pueden tener otro perfil: “los hay más sofisticados como por ejemplo el jefe o compañero que siempre se pone él las medallas…”

En definitiva un comportamiento tóxico “es cuando no hace sentir bien al otro y no suma sino resta. Así se detecta. Puede ser en el mundo de la pareja, trabajo y amistad…” Incluso, Jericó va más allá, “hay padres que su forma de educar es más tóxica. Eso sí, con mucho amor y cariño, pero sencillamente se dejan llevar por la torpeza. Es el caso de las madres o padres demasiado controladores. En definitiva educan en base al miedo. Si le dices no hagas esto, no te subas ahí, no toques aquello… eso es miedo y puede llegar a ser tóxico”. Y es que para Pilar “todos tenemos un talento y un potencial dentro. La clave está en que hay personas que construyen y te ayudan a desarrollar tu potencial, ya sea como pareja, amigo e hijo; y otros que te lo merman. De hecho el miedo es un elemento que resta el desarrollo de las personas. El miedo, el narcisismo, el victimismo son los aliados de la toxicidad“.

Aprende a combatir a las personas tóxicas

Bien, ahora ya sabes cómo detectar a las personas con un comportamiento tóxico, pero ¿sabes cómo evitar que te chupen la energía? Toma nota.

  • “Si se trata de alguien cercano con el que tienes una amistad sincera o con tu pareja, dale feedback. Puedes decirle: “oye te has dado cuenta de…”
  • “Pero si no tienes tanta confianza, utiliza el sentido del humor. El sentido del humor reduce mucho la toxicidad, porque lo alivia y sirve para desdramatizar”.
  • ¿Y si es el jefe? “Depende del tipo de toxicidad y tu miedo a que te despidan. Una opción es tomar distancia o entender que ese comportamiento en el fondo en una vulnerabilidad. Creo que cuando uno entiende que detrás de todo esto lo que hay es una persona con mucha inseguridad y con muchas ganas de llamar la atención, pues no lo sufres tanto”.
  • “Las críticas negativas también hay que escucharlas, porque a veces nos pueden aportar. Ante un feedback negativo escucharía, agradecería que me lo hicieran saber. Sin embargo, cuando esa crítica es destructiva sí que pondría un límite… frenaría a la persona en cuestión”.
  • ¿Y nosotros mismos podemos ser tóxicos? “Claro que nosotros podemos ser tóxicos, sin duda cuando estás mal, estás cabreado… transmites mal rollo… Depende del nivel de consciencia que uno tenga nos daremos cuenta, sino, pues no. Una forma de salir de esos comportamientos es tomar conciencia de uno mismo, ¿qué emociones tengo? ¿qué hago sentir al resto cuando están conmigo? Pero tiene que haber ganas de curiosidad, y saber qué me está pasando. En definitiva, la solución es explorar en uno mismo”.