Habéis acertado. Mi gran idea fue esa: llevarme a Elma a vivir a mi casa. Le propuse un pacto. Durante las próximas semanas, con Carol recuperándose en el hospital, mi vida se iba a ver alterada de nuevo. Por lo tanto, iba a necesitar ayuda. Y qué mejor que en lugar de meter a una extraña en mi casa, contratarla a ella. Así se lo propuse. Además, tendría un hogar en el que vivir. Su propia habitación y una vida nueva.

“Pronto descubrí que escondía un gran secreto: entendía de brujería, magia negra, blanca…”

Elma aceptó encantada. Y yo feliz de poder compartir con alguien mis días. Javier seguía en shock con el giro que habían dado los acontecimientos. Y prefirió alquilarse un apartamento cerca del hospital mientras ponía en orden su vida, sus sentimientos y su relación con Carol.

Con el paso de los días, Elma resultó ser la compañera ideal. Estaba feliz. Lo vi en sus ojos. Su sonrisa era sincera y su conversación fluida y amena. Además, pronto descubrí que escondía un gran secreto: entendía de brujería, magia negra, blanca…

Fue una mañana fría y desapacible. El día anterior, Javier me había comentado que me cogiera al menos un día libre. Que descansara de tanto hospital. Y Carol también me lo hizo saber como buenamente pudo. Entendí, entonces, que ambos necesitaban también su espacio. Tres son multitud. Hay que saber cuándo retirarse y eso fue lo que hice.

Pero una vez más mi destino se empañaba en torturarme. ¿Sabéis esa sensación que tienes cuando quieres aprovechar tu día libre para hacer infinidad de cosas y cae una tormenta tan atroz que te obliga a permanecer en casa? Y lo que es peor, te quedas incomunicada. En mi pequeño paraíso, pocas veces llovía pero, cuando lo hacía, el cielo se desplomaba con todas sus ganas. Y así ocurrió. Los relámpagos y truenos nos alertaron de la que se venía encima.

Incomunicadas: sin luz y sin móvil

-Elma, rápido, vamos a buscar las linternas. Aquí en cuanto llueve la luz se va y los móviles dejan de funcionar.

-Loren, he encontrado varias linternas, pero no veo las pilas. Ay, sí, espera ya lo tengo. Además, tenemos velas. Prepararemos la comida por si acaso se va la luz…

Todo planificado y medido. Media hora después de tener organizado nuestro plan de incomunicación, la luz se fue.

-Mierda, ya estamos. Te lo he dicho, no falla. Voy a llamar a Javier a ver qué tal se ha despertado hoy Carol. ¡No me lo puedo creer! Mierda, no hay tengo wifi… No me extraña con la que está cayendo. Seguro que es el maldito repetidor de mi compañía. Siempre igual…

“No te agobies por cosas que no están en tu mano”

Hasta entonces no me di cuenta del grado de dependencia que tenemos de las nuevas tecnologías. Los nervios se apoderaron de mí, un nudo en el estómago me impedía respirar.

-Relájate, Carol. No te agobies por cosas que no están en tu mano. ¿Puedes acabar con esta tormenta? No. ¿Sabes arreglar el repetidor? Tampoco, ¿verdad? Pues entonces, respira hondo, y toma un té que dejé preparado antes. Por suerte, todavía está caliente.

Las dos nos relajamos a la luz de las velas y saboreamos el delicioso té. Entonces, Elma me preguntó:

-Carol, ¿te han pasado muchas cosas negativas últimamente? Noto inquietud en tu aura. Alguien no te quiere bien. No te quiero asustar, pero de esto sé un poco.

-Ay, Elma, que cosas tienes. Mira que me gustan estos temas… Pero a la vez me dan un mal rollo…Uf, se me está poniendo la piel de gallina. Pero sí, te confesaré que de un tiempo a esta parte he tenido de todo menos buena suerte.

“Era como si mi mente para protegerse la hubiera borrado”

Así, mientras ella me hablaba sobre la magia negra, yo le fui contando todos mis infortunios: Desde la ruptura con Tim al aborto. Mis caídas, las idas y venidas de Bruno. El accidente con Carol… Y mi antiguo trabajo. Traté de olvidarme de ella, de no mencionarla. Era como si mi mente para protegerse la hubiera borrado. Pero no sé si fue la forma de hablarme Elma, los conjuros de magia negra que supuestamente estaba preparado o qué… El caso es que terminé hablándole de la innombrable. Es decir, la gilipollas de mi ex jefa.

Le relaté, atropelladamente, cómo me sentía al recordarla. Mi cara debía ser un poema y hablaba por sí sola, sin que yo necesitara pronunciar palabra… Sus gestos así me lo hicieron saber.

-Lo tengo, Carol, ha sido ella. La visualizo, tenía una cándida sonrisa que ocultaba un corazón más negro que la tripa de una mosca. Ella te ha hecho magia negra, créeme. Pero sé cómo solucionarlo.

“Solo necesito que tú tengas fe en mí”

-Será hija de puta. Dios, júrame que ha sido ella. Soy capaz de volver y cargármela. Si se lo dije a mi amiga Thelma que esta tía me daba mala espina. Al final, yo tenía razón. Me cago en la puta. Mira que me fui de allí para no tener que verle el careto. Pero ni con esas… Elma, ¿seguro que puedes ayudarme? Tía, yo me cago de miedo.

-Confía en mí. Mis ancestros eran sanadores. Hay cosas que, de donde vengo, se pasan de generación en generación durante la infancia. Tengo los conocimientos necesarios. Solo necesito que tú tengas fe en mí. Esta noche haremos el ritual. Te prepararé un baño. Necesito sal, planta de hisopo, albahaca, artemisa, pachuli, vetiver y pétalos de rosa. Encenderemos las velas…

CONTINUARÁ