Nos reunimos en una pequeña sala del hospital. Éramos dos extraños que se conocían desde hacía diez años. Qué ironías tiene la vida. Le examiné de arriba abajo, y de abajo arriba. Alto, delgado, con barba y un pelo cano que le otorgaba un aire sexy. No puedo negar que era atractivo. Su voz profunda y su mirada intensa, a la vez que misteriosa… Un halo de misterio le envolvía y lo hacía irresistible. Pero no era el momento de coqueteos. No era una cita de Tinder, sino un encuentro triste para hablar de la verdad, del presente, pasado y futuro de Carol. Rompí el hielo con una disculpa:

“Por favor, sé sincero y cuéntamelo todo. Dime la verdad”

-Lo siento, Javier. Creo que en mi llamada telefónica fui bastante grosera. Estoy sobrepasada y no sé cómo afrontar esto. Yo pensé… Carol me dijo… Por favor, sé sincero y cuéntamelo todo. Dime la verdad. Bueno, si quieres, yo…

Javier clavó su mirada en mis ojos. Me asomé a su abismo. Vi sus lágrimas y su sentimiento de culpa. Vi a un hombre pequeñito. A un niño asustado, aunque el tono de su voz pretendiera decir lo contrario.

“La verdad es que Carol es alcohólica y muy buena actriz”

-No te disculpes, Loren. No sabíais nada. estoy seguro. Ni tú ni ninguna de la pandilla sabía el drama por el que estábamos pasando. La verdad es que Carol es alcohólica y muy buena actriz. Es una mujer inteligente, fuerte… pero también frágil, débil… Y yo fui un gilipollas incapaz de impedir que la mujer a la que un día amé destrozara su vida. Porque un día nos amamos y fuimos felices.

Mis ojos estaban abiertos de par en par…

-Pero la llama se apagó hace tiempo. Carol no quiso ver la verdad. Y se empeñó en recomponer algo que desde hacía años estaba roto. Yo opté por trabajar más. Como el avestruz esconde su cabeza, yo escondía mi drama entre reuniones, presentaciones, ventas, informes… Ella comenzó a beber y a ver fantasmas donde no los había. Estuvimos a punto de perder la custodia de nuestros hijos.

-¡Dios mío!, exclamé aterrorizada…

-Por eso están estudiando fuera. Fue un acuerdo con el colegio para que no nos mandaran a la trabajadora social. “Su mujer está incapacitada para cuidarlos y usted viaja demasiado”. Fueron claros. Tomé las riendas y durante dos años estudiarán en Irlanda.

-Pero… -titubee- me dijo que los chicos solo estarían un mes en Irlanda.

“La verdad nos hace libres o nos condena”

-Eso fue lo que entendió, el alcohol tiene esas cosas, te hace entender lo que tú quieres. Te fabricas tu vida a medida… Como comprenderás no quería que mis hijos vieran como su madre se estaba destrozando la vida. En menos de un año se ha ido de casa más de diez veces. Normalmente solo un par de días. Al tercero, me llamaba abatida y pidiendo perdón. Y jurándome que no volvería a pasar y que lo iba a dejar. He buscado ayuda, centros, psicólogos, médicos… Pero hay personas que no quieren dejarse ayudar y esa es Carol. Supongo que durante estos días me habrá dibujado como un ogro. Estoy acostumbrado. Con sus compañeras de trabajo pasó lo mismo. Por cierto, la despidieron hace dos meses. ¿Tampoco te lo dijo?

Salir de la ciénaga, tocar fondo y resurgir

Confesarse es desnudarse por completo. La verdad nos hace libres o nos condena. Y eso estaba haciendo Javier conmigo. Al tiempo que él desnudaba su alma, yo vestía y condenaba mi inocencia. Qué tonta había sido, ¿cómo pude creerla? Qué más da. Ahora es el momento de remar. Salir de la ciénaga, tocar fondo y resurgir. No pienso abandonarla. Y, por lo que vi en aquellos ojos, aquel hombre tampoco.

Y mientras Javier y yo caminábamos juntos por el calvario, muy lejos de allí, Titín y Bruno iban de la mano por la senda de la pasión. No había viaje de trabajo. Titín nos había mentido porque intuía que yo no estaba preparada para saber lo que la verdad esconde.

“Nada más verlo supo comprender la verdad que yo en años jamás sospeché”

Bruno le había vuelto loco desde el primer día que lo conoció. Nada más verlo supo comprender la verdad que yo en años jamás sospeché: Era gay. No fue hasta un mes después de convertirse en inseparables cuando ambos se entregaron. Ocurrió en la playa. No podía ser de otra manera. Una cálida noche… Ambos se encontraron por causalidad caminando por la orilla del mar. Les gustaba contemplar el reflejo de la luna en el agua, aspirar el olor a salitre, y dejarse acariciar por la brisa.

Solos, con las estrellas de un cielo despejado como únicos testigos, Titín y Bruno no hablaron. Simplemente unieron sus cuerpos, se devoraron con pasión, acariciaron sus músculos, lamieron sus almas e hicieron el amor a la orilla del mar.

Sus bocas deseosas de enredarse…

La arena sintió sus embestidas. Lujuria, fogosidad… sus miembros erguidos tras semanas intentado calmar el ardor que los consumía… Sus bocas deseosas de enredarse y perderse en un mar de caricias, de deseos y silencios que gritaban ámame…

Gozaron juntos hasta el amanecer. Cayeron agotados sobre la arena y juraron seguir fingiendo una casta amistad ante nosotras. Ahora creo que el miedo a lo prohibido y a ser descubiertos, les excitaba todavía más…

CONTINUARÁ