El reencuentro con mi antigua vida no fue como yo esperaba. Y es que tuve que regresar a Madrid para formalizar una serie de papeleos y trámites burocráticos que tanto me desesperaban.  Curioso, al llegar a la gran ciudad, empecé a agobiarme. Añoraba mi playa, el arrullo del mar, la ausencia de estrés, las charlas con la pequeña Luna… No había sido consciente hasta ahora de lo bien que me sentía en mi nueva piel, en mi nueva vida.

La maldita maleta que siempre me acompañaba cada vez estaba más vacía, y pesaba menos. Me había ido desprendiendo uno a uno de sentimientos de odio, rencor, dolor…

Recogí unos cuantos trastos que tenía en mi antigua casa. Los inquilinos se mudaban a otra, y yo tenía que volver a ponerla en alquiler. Por suerte, mi amiga Tea me habló de unos amigos que les vendría de maravilla alojarse en mi piso durante una temporada.

El reencuentro con los recuerdos del pasado

De repente, una pequeña caja de cuero llamó mi atención. Dios, cuánto tiempo sin verla, eran los tesoros que yo guardaba de pequeña. Al ver una raída pulsera amarilla mi corazón dio un vuelco. Estaba deshilachada, pero todavía mantenía su nudo marinero. Claro, era la pulsera que Bruno me regaló cuando éramos niños.

-Este es el nudo de nuestra amistad. Guárdala. Por muy lejos que estemos el uno del otro, nuestra amistad se mantendrá tan firme como este nudo.

Qué ingenuos éramos. Ese recuerdo me hizo sonreír. ¿Qué habría sido de él? Perdimos el contacto e incluso su recuerdo se había ido deshilachando en mi memoria como esa vieja pulsera. Pero era cierto, el nudo de nuestra amistad estaba bien amarrado a mi corazón. ¿Sería amor verdadero lo que sentía por él? ¿Vivía enamorada de un fantasma del pasado?

“La ansiedad me podía. El viaje hacia el reencuentro se me hizo interminable”

Pasé una semana lejos de mi casa de la playa. Y ya estaba impaciente por volver. El viaje se me hizo interminable. La ansiedad me podía.

-Loren, qué bien, has vuelto. Te he echado mucho de menos… Creí que no te volvería a ver más. 

La alegría de mi pequeña amiga me llenó de felicidad. Qué tenía esta niña que me hacía sentir como en casa. Hacía tiempo que no me sentía tan querida. Le debía tanto… Y ella no se lo podía ni imaginar.

-Mi tío ha vuelto. Hace tres días que regresó de su última aventura. ¿Sabes una cosa? Le he hablado de ti y quiere conocerte. Le he contado lo mucho que me ayudaste cuando la abuela se puso mala. Por cierto, ella también te ha echado mucho de menos. Se le escapó un día. Ya sabes que a ella le cuesta mucho expresar sus sentimientos. No es una cotorra como yo. Ay, Loren, qué feliz estoy de que hayas vuelto. 

Luna hablaba sin parar. Era una explosión de alegría. Creí que le iba a dar algo cuando le entregué una bolsa con unos cuantos modelitos que le había traído de regalo. Nunca vi una niña tan agradecida. Pero mi corazón ahora estaba más inquieto que nunca. ¿Su tío había regresado? ¿Quería conocerme? ¿Cómo sería? ¿Un chulo prepotente capaz de abandonar a su suerte a su pequeña sobrina huérfana y a su madre enferma? Uf, no sé si estaba muy preparada para conocerle.

Pero el temido día llegó. Al día siguiente de haberme reinstalado en mi casa de la playa, Luna me organizó una merienda sorpresa.

-Bajaremos a la playa y haremos un ‘pic-nic’, ¿qué te parece? No te preocupes por nada, mi tío y yo lo organizaremos todo. 

¿Y si el destino me tenía preparado el reencuentro del siglo?

Me probé más de diez bikinis, caftanes, pareos, vestidos playeros… ¿Pero a quién quería impresionar? ¿Por qué me sentía tan vulnerable? Los nervios me estaban matando… Eso de no tenerlo todo bajo control me desestabilizaba. Y sí, desde que había iniciado una nueva vida en la playa, la improvisación formaba parte de mi día a día. Nada estaba escrito. Todo eran sorpresas. Y esta vez mi intuición me decía que la sorpresa más grande estaba a punto de explotarme en toda la cara.

Al fin me decidí, un peto vaquero sería la mejor opción. Me daría un aire desenfadado, no demasiado sexy, pero sí con un aire inocente y picarón… ¿Y si estaba a punto de conocer al hombre de mi vida? ¿Y si el destino me tenía preparado el reencuentro del siglo?

-Loren, ya estamos. ¿Nos vamos? 

Salí a la terraza sin mirar al frente. Estaba buscando, como siempre, las llaves de la casa en el capazo, revisando agobiada si llevaba todo lo necesario… cuando de pronto… Alcé los ojos y…

CONTINUARÁ