Con permiso del karma o a su salud, que la mía ya me la ha jorobado bastante. Querido señor ‘Karma’, me dirijo a usted para plantear una duda que me inquieta, me atormenta, me perturba… Sí, me he tragado a Esperanza Gracia… por eso de que la esperanza es lo último que se pierde, y porque no le encuentro la gracia a su insistencia conmigo…

Que le digo que se ha equivocado de persona, que ya vale con torcer la varita mágica…. Que no hay forma de enderezarla. Y por más paciencia que me dé, la cosa está como canta Rosalía ‘Malamente, tratrá’. Y al que me vuelve a decir que todo pasa, que no hay mal que cien años dure, que hay cosas peores y que de todo se aprende… Me lo trago… le chupo las energías como, antes de que nos mencionaran sus pésimas consecuencias para la salud, chupábamos las cabezas de las gambas.

Ni de todo se aprende, ni el tiempo pone las cosas en su lugar. O las mías estaban muy descolocadas o voy a necesitar más de cien años para que el mal deje de durar…

Ya está, ya pasó… La tormenta arrecia y mis gritos internos se calman. Es cierto que, si como yo estás que trinas con la vida, debes permitirte un pequeño tiempo de duelo. Pero sin recrearte eh… Que nos dan la mano y nos tomamos el cuerpo entero. Basta de quejas… Distánciate de tus problemas… No pienses tanto en lo malo y céntrate en lo bueno…

Mierdas las justas

Te lo cuento con dos anécdotas… Simplonas, así como soy yo. Simple pero eficaz. Tengo un plumas, con un estampado cantoso, no; lo siguiente. De esos que me gustan a mí, de antes muerta que sencilla… Pues bien, me he cansado de él. Durante dos meses ha permanecido arrinconado en el rincón de pensar… De pensar en a ver si llevo a cabo la campaña mierdas las justas… Sin embargo, esta mañana he hecho algo sencillísimo… Darle la vuelta (era reversible y ni me había enterado) ¡¡¡¡Eh voilà!!!!! Abrigo nuevo, monísimo y con un solo gesto. ¿Me pillas por dónde voy? Pues eso… aparca los problemas, y en unos días prueba a mirarlos desde otro ángulo… ¿A que cambia la perspectiva? Pues eso, dale la vuelta al karma.

Victimistas por el mundo

Siguiente ejemplo. Tengo un problemilla con mi patita… En concreto mi pie se ha declarado en huelga, y ha decidido que no hará nada por sí solo. Sufro lo que se llama pie caído. Pues bien, eso me impide, así a grandes rasgos, subir escaleras, estar mucho tiempo de pie, caminar demasiado tiempo… Bien, pues el otro día estaba yo regodeándome en mi propia tristeza, revolcándome cual gorrinillo en mi pena y luciendo mi mejor traje diseñado por ‘victimistas por el mundo’, cuando me asaltó la duda: ‘Anda, y ahora tampoco podré montar en bici… Menudo drama’. Entonces, mi compañero de vida sin más me soltó ‘¿cuánto hace que no montas en bici?’ ‘Ya, pero…’ ‘Tampoco puedes escalar montañas…’ ‘Ya pero…’ ‘Pues entonces ¿por qué te angustias por algo que no quieres hacer?’

Es cierto, a veces nos dejamos atormentar por cosas que seguramente jamás nos pasarán. Y nos encanta vestirnos de victimismo porque es más fácil que plantar cara a los problemas… salir de la zona de confort y refugiarnos en el ‘no puedo’, en lugar de decirnos ‘lo voy a intentar’…

Dale la vuelta al karma

Dicho esto, sacúdete, respira hondo tres veces, dale la vuelta al karma y agárrate a esa sugerencia que, tal vez involuntariamente, te ofrece alguien que te rodea… En mi caso, llevaba (como habéis comprobado) cerca de un año sin escribir… Me tapé con las mantas del no tengo tiempo… hasta que mi compañera Rosa, seguramente sin querer, me soltó un sincero y relajado ‘a ver si te pones a escribir ya’. Me quitó la tontería de un plumazo… Y aquí estoy, dándole la vuelta al karma, guardando el modelo de victimista, despojándome de las mantas de la desidia. Gritando a los cuatro vientos ‘al karma pongo por testigo…! ¿Y vosotras, os animáis a darle la vuelta al karma?