El regreso a la rutina viene marcado por el inicio del nuevo curso escolar, el regreso a nuestros trabajos, nuevos horarios e incluso ¿nuevo empleo? Lo cierto es que en esta época del año es cuando más aumentan los pensamientos negativos. Cuántas veces te has repetido a ti misma: “No lo conseguiré”. “Seguro que no estoy a la altura”. “No valgo para esto”. “Mejor no lo intento”.

Si te sientes reflejada, este post te interesa. Pero vamos paso a paso. Lo primero es saber a qué nos referimos cuando hablamos de pensamientos negativos. En palabras de Ferrán Martínez Gómez, psicólogo especialista en psicología clínica en Capsel Psicología, se trata de “distorsiones, ideas irracionales que nos hacen ver el presente y el futuro de forma dramática”. Lo cierto es que con ellos anticipamos fracasos o desgracias. Y ponemos excesivas exigencias personales y expectativas poco realistas en nosotros o en los demás.

Entonces, ¿qué podemos hacer para controlarlos? ¿Pueden perjudicar nuestra salud? ¿Son un obstáculo para avanzar en nuestro futuro? Sigue leyendo.

¿Son perjudiciales los pensamientos negativos?

Ferrán Martínez Gómez lo tiene claro. Para el experto “todos podemos tener ideas pesimistas en momentos o temporadas. El problema es cuando se vuelven recurrentes y obsesivas: pensamientos automáticos, negativos y autolimitantes que aparecen sin avisar y en el momento más inoportuno generando gran perturbación y conflicto emocional”.

¿A qué problemas de salud conducen?

Suelen producir trastornos de ansiedad, de estado de ánimo, depresión y problemas de inseguridad. “En lo físico pueden generar trastornos psicosomáticos derivados del estrés, angustia, miedo o depresión, problemas estomacales, colon irritable, problemas de hipertensión, circulatorios y corazón, dolor de cabeza, dolores musculares, cansancio extremo o falta de concentración, enumera el psicólogo especialista en psicología clínica en Capsel Psicología. Además, amplía la lista: “Baja la efectividad del sistema inmunitario, por lo que somos más proclives a infecciones y constipados, y vulnerables al prevenir enfermedades más graves”.

¿A quién afectan más?

El experto es contundente: A cualquier persona, especialmente en determinadas épocas estresantes o circunstancia vitales complejas. Pero quienes padecen algún trastorno de personalidad (como obsesivo-compulsivos, maniaco-depresivos o trastornos límites de personalidad) son candidatos a enquistar o crear esos malos hábitos”.

¿Es cierto que cuanto más intentamos apartar un pensamiento negativo, más nos acompaña?

Normalmente al focalizar la atención sobre un pensamiento obsesivo le damos mucha importancia, lo cargamos de emoción negativa. Por ello, paradójicamente, en vez de distraernos, aceptarlo o no darle tanta importancia, luchamos en contra de él y le damos fuerza, cosa que impide que se marche. Incluso facilitamos que aumente.

De hecho, la coach Marta Romo apunta (en Emprende TVE):  El pensamiento rumiante boicotea, paraliza y te entretiene. Mensajes repetitivos que van haciendo mella en nosotros. Nos lleva a pensar más en los problemas, en lo conocido, que en lo que está por conocer. A largo plazo es desastroso para el ánimo, combátelos repitiendo otras frases positivas que te animen a la acción”.

¿Cómo podemos prevenirlos?

Lo importante, como apunta Ferrán Martínez Gómez, es “intentar controlar todo lo que puede producir estrés, nervios o miedos, procurar ser objetivos y realistas para evitar que esos pensamientos se enquisten. Relajación, aceptación, objetivos realistas, valorar el presente y lo pequeño. Esto puede ayudarnos a tener una visión personal y del mundo más objetiva y a no engancharnos en círculos negativos”.

¿Qué hacer si ya los sufrimos?

Mujer con cara de malas ideas. Cómo vencer los pensamientos negativos

  • No alimentar los pensamientos negativos u obsesivos, aceptarlos y trabajar el estrés que producen. Y luego debatirlos en frío para ver sus exageración o inadecuación con la realidad.
  • No resistirse a ellos: Cuando surjan, hay que dejarlos fluir con la máxima serenidad, sin luchar contra ellos (así no les daremos importancia y no se archivarán) y buscando su utilidad.
  • Exponerse a ellos haciendo lo siguiente: cuando te venga el pensamiento lo aceptas y le dices que ahora no le puedes prestar atención pero que lo harás más tarde. Entonces vas a ponerte media hora (en el horario que tu elijas) a rumiar sobre ese pensamiento. Y durante ese tiempo te lo permites, lo haces con ganas.

Con estas herramientas conseguiremos acotar los pensamientos obsesivos y cambiar la relación de importancia respecto a ellos. Perderán fuerza y conseguiremos vencerlos.

No quiero terminar este post sin hacer referencia a los consejos de Marta Romo para evitar estar todo el día “rumiando” nuestros pensamientos: “Mejor fuera que dentro. Apuntarlo para desahogarte. Si te vas a dormir, vacía la mente. Apunta las preocupaciones porque si no te costará mucho coger el sueño. Si quieres resolver un problema, deja de pensar en el problema. Cuanto más lo pensamos, el cerebro se bloquea, solo se ocupa de protegerte. Entra en acción. El movimiento hace que no escuches tanto tus pensamientos, por eso lo mejor que puedes hacer es bailar, hacer deporte, concentrarte solo en tu respiración. Si te centras en tu cuerpo estarás aquí y ahora”.