A veces para ordenar nuestra vida tenemos que desordenarla. Ahora lo entiendo. Ahora todas las piezas del puzle encajan. Durante muchos meses estuve intentando ser feliz. Iniciar una nueva vida y desprenderme de esa maldita maleta que me estaba asfixiando. Me sentía como si hubiera caído al mar con una piedra pesada atada a mi tobillo. Me hundía, me ahogaba… No lograba salir a flote. Hasta que él llegó a mi vida. ¿Existe el amor eterno? No tengas prisa…

“Javier curó todas mis heridas, las físicas y las del alma”

Han pasado ya cinco años. Quién lo diría. Pero sigo mirando a Javier con los mismos ojos de agradecimiento y amor eterno que aquel día en el que me rescató de mi propia habitación. Aquella extraña mañana, Javier salvó mi vida. Y no solo eso. Me enseñó a amar, a valorar una puesta de sol, el canto de un pequeño pájaro y el vuelo de una mariposa blanca. Sé que suena muy cursi, pero es así de simple.

Aquella noche no hicimos el amor. Javier curó todas mis heridas, las físicas y las del alma. Sanó los rasguños y con su ternura cosió mi corazón desgarrado. Nos dormimos entrelazados. Acurrucada como una niña pequeña, mientras él me susurraba “tranquila, ya pasó todo”, “estoy aquí y aquí seguiré si tú me dejas”. Y vaya si le dejé.

“Nuestra vida está perfectamente cosida a la del otro, por más que los pespuntes se deshilachen”

Carol fue dada de alta del hospital y se marchó a Londres a iniciar una nueva vida con sus hijos. Con la excusa de perfeccionar el inglés de toda la familia, partieron una fría mañana de diciembre. Ahora sé que es feliz. Ha montado su propia academia de español. Vive con Thomas, el mejor amigo de uno de sus hijos, que supo como reparar su también destrozado corazón. Javier y ella supieron pasar con elegancia de una relación rota a una sincera amistad, unida por los puntos que nos da la vida cuando tenemos un hijo. Aunque no queramos nuestra vida está perfectamente cosida a la del otro, por más que los pespuntes se deshilachen. Ahora lo entiendo.

¿Por qué? Porque soy madre de una preciosa criatura de un año. Se llama Nayeli. Buscamos su nombre… pues claro en Google… Gracias a internet y al reportaje de Guiainfantil, descubrí que significaba ‘te quiero’. Javier y mi pequeña me han enseñado lo qué es amar en el más amplio sentido de la palabra. Muchas veces me quedo embobada mirándolos mientras juegan en la arena… Cierro los ojos, aspiro el aroma del mar y siento el corazón a punto de explotar de felicidad.

“El amor eterno te hace grande, mejor persona, cura tus heridas y te ayuda a caminar”

Como os decía antes, las piezas del puzle empezaban a encajar. Ahora sé que cuando un zapato te aprieta y no es tu número no debes insistir en ponértelo. No es para ti. Si hace rozadura, no es para ti. Si el tacón te lastima, no es para ti. Porque el amor no hace daño. El amor eterno te hace grande, mejor persona, cura tus heridas y te ayuda a caminar. Algo así le expliqué un día a Titín cuando por fin me confesó que se había enamorado de Bruno y Bruno de él.

Titín ese día lloró porque sentía que me había traicionado. “No, amigo, jamás pienses eso. En el amor nadie manda. Cuando los sentimientos son puros, son libres. Nada ni nadie debería encadenarlos. Y mis sentimientos hacia ti son de verdadera amistad. Bruno… Claro que lo amé, Pero lo amó aquella niña de trece años que solo veía lo que le interesaba ver. No supe detectar sus señales. Ni lo mucho que seguramente tuvo que sufrir para reprimir sus verdaderos sentimientos. Sois vosotros los que me tenéis que perdonar por haber estado obsesionada con mi propia felicidad. Solo os pido que me dejéis formar parte de vuestra vida. Os quiero como amigos y nada ni nadie lo cambiará”.

El poder del karma

Y el karma siempre actúa. Me devolvió más de lo que me merecía. Y a ella, a ella le quitó mucho y muy importante. Hablo de la persona que durante años ocupó mi maldita maleta. Aquella que tanto daño me hizo y por la que me fui de mi antigua empresa, la pequeña editorial. Sé por amigas y compañeras, que durante estos años el karma le quitó la sonrisa, la convirtió en una persona huraña, fría y amargada.

“Una de las peores cosas que te pueden pasar en esta vida es esa ser indiferente e invisible para los demás”

Una tarde de marzo se fue de la empresa sin dar muchas explicaciones. A nadie le importaba qué rumbo tomaría la vida. Y ese fue el castigo del karma: se había vuelto en un ser anodino al que nadie tenía en cuenta, ni para bien ni para mal. Era indiferente. Y creo que una de las peores cosas que te pueden pasar en esta vida es esa ser indiferente e invisible para los demás. Serás en la medida que los demás te puedan recordar.

Cuantos mejores sean tus acciones más huella dejarás. ¿Y cuando ya no estemos en este mundo? Entonces, será esa huella que hayamos dejado en los demás la que mantenga vivo nuestro recuerdo. Si nadie hablará de nosotros cuando hayamos muerto… Exacto, será como si nunca hubiésemos existido.

Por lo pronto, quiero dejar huella, y de las buenas, en el corazón de mi hija y en vosotros con este mi primer libro que estoy editando. Sí, por fin, cumpliré mi sueño de publicar mi primera novela en la editorial que un día vio crecer mis sueños, y de la que me despedí albergando la esperanza de volver… Pero en el otro lado. Sí, esta es la respuesta de que al final los sueños se cumplen y que el karma, existe. Siembra el bien y lo recogerás, haz el mal y volverá a ti. En nuestras manos tenemos el poder de decidir, ¿hay algo más excitante que la propia vida? Sí, vivirla.

FIN