-Tengo una sorpresa para ti, me soltó mi santo cuando yo menos lo esperaba.

-¿Una sorpresa? Qué ilu, ¿un Chanel, unos pendientes de brillantes  como los que lleva mi vecina Chari? ¿Un viaje a Punta Cana? ¿Una cena en Can Roca?

-Mucho mejor, espera y verás”. Fin de la conversación. Mi santo es hombre de pocas palabras.

Y esperé, hasta que sonó el timbre y al abrir entró por la puerta un señor que de haber sido el regalo no habría estado mal, alto, rubio… ¡Ay, madre! Similar a Karius, el portero manazas el Liverpool. Pero la sorpresa iba en una caja tamaño plaza de las Ventas y era plana, Allí no estaban mis Louboutin ni un reloj de diamantes. La cosa pintaba rara, rara.

-Tatachán, anunció mi maridín como si fuera Juan Tamariz. Una súper tele para ver el Mundial. Mola ¿eh?

-Pero si somos cuatro de familia y esta pantalla parece la del Real Cinema en tiempos de taquillazo, comenté tímidamente.

-Bueno, cuatro los de casa, que luego están Rodolfo, Juan Carlos, Rafa, Jorge, Manuel, el Juli, Javier T., Javier H, Javier S. y tu hermano, que en cuanto me despisto se apunta a los partidos y, por cierto, no trae nunca ni cervezas. Y aquí donde la ves, tirada, oye. A plazos ni nos vamos a enterar (creo que ya no hablaba del gorrón de mi hermano sino de las facturas que nos esperaban los próximos tres años.)

El Mundial y lo que conlleva

Esa noche soñé confusa que de la caja de la televisión último modelo que era de espaciosa como el piso que tiene mi amiga Maruchi en La Castellana, salían todos los amigotes de mi santo charlando con el mismísimo Lopetegui.

También soñé que tenía que tirar el tabique de la derecha para poner el sofá. Y que éste no topara con la puerta de la cocina, porque los hooligans instalados en mi casa no podían sacar las cervezas y las aceitunas y los tenía todos alborotados queriendo salir de allí en tropel.

Es que la tele nueva había hecho empequeñecer el resto del mobiliario y hasta el aire que respirábamos. Soñé además con que venía el cobrador del frac porque no podíamos pagar el aparato y encima, la Selección había sido eliminada en cuartos y mi santo tenía un genio del demonio. Soñé que mi Chanel lo llevaba del hombro mi vecina Chari y no yo y casi me da un pasmo. Y soñé que un mes así no lo iba a soportar ni harta de vino del Somontano.

Tal y como pinta la cosa, esta Selección nos va a durar un suspiro. Con un entrenador despedido, otro que ni se entera, los jugadores alucinando en colores….

Resumiendo, que a qué fin nos hemos agenciado una tele de dos millones de pulgadas si en nada nos toca ver los partidos del equipo de Malta, que ya ves tú a mí qué porras me importa. Me la ha colado pero bien.

He tenido que redecorar el salón y poner de canto la mesa del comedor, todo por el Mundial. Pero de ésta me vengo. Mañana me voy con mis amigas de shopping y vamos a fundir la Visa. Yo el fútbol me lo paso por el arco del triunfo.

Espero cuando vuelva llena de bolsas no tener que oír eso de” jugamos como nunca, perdimos como siempre”. Desde Rusia… con horror.