Pues sí, pierdo los nervios. Como dice Chenoa “Soy humana…” Pero muy humana, pero muy nerviosa. Y más recién levantada. Sí, a esa hora en la que generalmente el mundo entero se mueve como un caracol, yo voy a velocidad de vértigo e imagino que a la mayoría de vosotras también.

En primer lugar, suena el despertador, ese zumbido que te remueve las entrañas y te pone de mala leche nada más poner los pies en el suelo… claro que siempre hay despertares y despertares. Recuerdo una conversación con mis amigas, las madres coraje del fútbol, en la que mi gitana favorita decía: “Ay, yo nada más despertar le doy gracias al señor y le presento el día”, casi sin dejarle terminar la frase otra mamá le replicaba: “Pues yo me cago en todo, por tenerme que levantar tan pronto. Con lo a gusto que estoy en la cama…”

Vamos al grano… ¿habéis pensado en todas las cosas que hacemos nada más levantarnos? Primero te desperezas, luego te duchas, preparas el desayuno, para ti, para tu contrario y tu descendencia, te vistes… A continuación aireas un poco la casa, dejas hechas las camas, normalmente un p’atrás y p’alante del edredón y poco más.

Se masca la tragedia

Después, despiertas a tus retoños, unas veces con dulzura y otras a voces… les preparas el uniforme, les animas a que se vistan con celeridad… Mientras tanto pones la primera lavadora del día… Y como el pequeño está medio dormido, no se te ocurre mejor idea que llevarle el desayuno a la cama. El niño está vestidito con el uniforme del colegio, vas pegada de hora… Pero no pasa nada. Te da tiempo a ir metiendo en el lavavajillas el resto de las tazas, y entonces oyes una voz de ultratumba que gime y anuncia: “mamá, se me ha caído el vaso de leche con colacao en la cama…”Yo pierdo los nervios

Dios, el corazón está a punto de salirse por la garganta, en tu mente golpean las siguientes frases: “el chocolate deja una mancha horrorosa y seguro que ha manchado la funda nórdica del Atleti que le regalé para su cumple… No puede ser, no puede ser y su polo blanco del cole recién planchadito también se ha manchado…” Es horrible. Se masca la tragedia…

Llegas a la habitación, haces un primer recuento de desgracias y de tu boca salen sapos y culebras que dejan a tu hijo sin habla…  Respiras hondo, te pones manos a la obra a recoger el desastre en cero coma.

Por fin abres la puerta de la calle con la intención de marcharte. Sin embargo, el benjamín de la casa se resiste a abandonar su guarida… Estás a punto de perder los nervios… otra vez: “Hijo, ¿arrancas ya?, que NO LLEGAMOS!!!!!!” De nuevo, la hiena que habita en ti se despierta y él, como un asustado corderillo, te contesta con voz temblorosa: “mamá, no tengo los zapatos puestos y en zapatillas no puedo ir al cole, ¿verdad?” Nada más que decir… y vosotras ¿también perdéis los nervios por la mañana?

Yo pierdo los nervios