Sí, me estoy manifestando. Porque estoy cansada, porque estoy harta… porque… porque… ¡¡¡¡¡Porque soy una persona y no soy Superwoman!!!!! Me niego a seguir así.

Me niego a seguir escuchando a treintañeras con la vida solucionada esgrimiendo como eslogan máximo de realización que las mujeres somos, por encima de todo, valientes, podemos con todo, no tenemos límite…

¿Qué? Claro que soy valiente, pero a veces. Y por decisión no por obligación. Y sí, a veces, también soy cobarde, tengo miedo y me dan ganas de quedarme acurrucada en la cama como una niña pequeña o escondida debajo de la mesa para no tener que tomar una supuesta ‘valiente’ decisión.

No puedo con todo, no soy Superwoman

¿Poder con todo? Perdona, pero por ahí sí que no paso. Claro, qué bonito, como eres mujer puedes con todo. De eso nada. No puedo con todo, solo tengo dos brazos y dos piernas, como el común de los mortales. Me canso y necesito ayuda como todo el mundo.

Los niños, el trabajo, la casa… como puedes con todo… Y venga a asumir responsabilidades, y luego ¿qué? El complejo de culpa. Como te crees Superwoman y a veces no lo eres, llega la frustración. Te digo que no y que no, que yo no quiero ser Superwoman.

Así funcionamos, si es que hasta nosotras mismas nos lo creemos. Luego que estamos cansadas, que si yo pierdo los nervios por la mañana, estresadas, malhumoradas…

Bueno os dejo que tengo que terminar de manifestarme. Ir al trabajo, recoger a los niños del colegio, llevarles a sus actividades correspondientes. Ah y pasarme por la biblioteca a devolver los libros del mayor que al final… Comprar algo para la cena… Recoger las pastillas para la alergia de mi marido, que él sale tarde de una reunión… Echar gasolina, planchar la ropa de mañana… Vamos lo que viene siendo una Superwoman.