¡No os quiero acojonar…!

Calista en el gimnasio. Llega la hora del cambio de armariooOs voy a dar una pista sobre lo que me ha sucedido esta vez: llega la hora del cambio de armario. No digo más.

Uno, dos, tres… arriba, abajo… ¡Ups! que me habéis pillado haciendo ejercicio. Para no variar vivo sin vivir en mí. Hace unas semanas recibí un whatsapp con un inquietante mensaje: “No os quiero acojonar, pero va llegando la hora de probarse la ropa del verano pasado”. Y desde entonces… pues oye que tengo un no sé qué en el estómago. Ando como pollo sin cabeza.

Al principio no fui consciente de lo que quería decirme el mensaje… Un meme más pensé… Pero luego fueron llegando más señales a mi vida. Señales a las que tampoco hice caso… Las chicas en la redacción de llámamelista.com solo hacían que escribir cosas sobre la celulitis, que si brazos tonificados… Y el sol, ese sol que parecía estar jugando al escondite semana tras semana. Ahora hace calor, ahora frío, ahora cazadora vaquera, ahora plumas… Incluso ¡nieve!

Amigas de Calista practicando runnig. Llega la hora del cambio de armario

Pero, sin duda, lo que terminó de hacerme reaccionar, lo que terminó de darme de bruces con la realidad fue ver a mis chicas, a las madres coraje del equipo de fútbol de mi #buenhijo2, ¡con chándal y deportivas!

Ese día yo había llegado tarde. Y, las muy… me reservo el adjetivo, habían aprovechado mi ausencia para tomar la delantera en la maratón hacia la ‘Operación Michelines! fuera…

Ahora lo entiendo todo. Venían tan alegres exhibiendo el contador de pasos de sus móviles como si hubieran corrido la maratón de Nueva York… Pero ¿por qué esa obsesión? (Todavía no era consciente de la que se me venía encima).

Calista intentando ponerse un pantalón de la temporada pasada. Llega la hora del cambio de armario

Tres cremalleras rotas

Y se me vino encima el día que el calor dijo ‘hola, he venido para quedarme’. Y entonces sí que me acojoné, sí que encontré sentido a todas las señales: abrí el armario, el canapé de debajo de la cama, los maleteros y empecé a sacar modelitos…

O Dios era el acabose. El saldó fue aterrador: las cremalleras de tres pantalones rotas…. Eso de que te tumbas en la cama, contienes la respiración, adoptas posturas imposibles para subirte la cremallera… Lo consigues, te levantas eufórica y a la que vas a gritar ¡SÍIIII lo conseguí! estalla la cremallera y notas un crujido en tu alma y en tu pantalón!!!!!!!

Después, el vestido, el escote, dios qué generosa me hizo el señor. Misma operación como si fuera Escarlata O’hara: al espejo pongo por testigo que nunca más cenaré pizza!!!!

Y aquí me tenéis, haciendo ejercicio a mi ritmo. Como dice la canción de Luis Fonsi (es sin duda el éxito de la temporada):
“Despacito, suave, suavecito, no te vaya a dar un tironcito…
Apetito, hoy tienes apetito, pues no puedes comer jamoncito…
a ver si pierdes, a ver si pierdes unos kilitos…
Despacito, que ya llega el calorcito…”