Así es: #nopuedoconlavida. Sí, es mi hashtag favorito. Y tristemente digo que no veo forma de sustituirlo por otro más positivo. Ha vuelto el colegio, las carreras, los adioses con prisas, los #holacreíquenollegaba…  Es decir, la conciliación. Nada ha cambiado, todo sigue igual.

Y lo escribo con un halo de nostalgia, con posos de tristeza… Año tras año compruebo lo poco que hemos avanzado las mujeres en algunas cosas. Me refiero a las que somos madres y sufrimos los efectos de la conciliación. Sí, porque los sentimientos de culpa, las renuncias y los remordimientos siento deciros que siguen siendo nuestros. ¿Somos culpables? Tal vez… pero nadie ha logrado convencerme de lo contrario. Apenas veo padres con conversaciones similares a las nuestras, y no porque ellos sean más fuertes y menos dados al lamento. No, no es así. Sino porque por mucho que nos empeñemos en que la sociedad ha evolucionado, y las mujeres y los hombres somos iguales, no es así.

Y no es así, porque la mayoría de los progenitores que van a buscar a sus hijos al colegio son madres, porque la mayoría de progenitores que están en las consultas médicas son madres… Y salvo en las actividades de fútbol, en las que los entrenos comienzan más tarde y ahí sí suelen ser mayoría padres, en el resto son las madres… E incluso en estos casos, la mayoría de las veces somos nosotras las que nos ocupamos de que el niño lleve toda su equipación, su botella de agua y su merienda para después o el chubasquero por si acaso llueve. Ellos son más prácticos: “no pasa nada porque se moje, a mí me pasaba de pequeño y aquí estoy…”

Calista da la merienda a su hijo. conciliación

Conciliación, ¿es cosa de madres?

¿Somos más listas nosotras por tener mejores horarios que ellos? ¿No será porque somos nosotras las que queriéndolo o no queriéndolo nos vemos obligadas a hacer encaje de bolillos para conjugar el verbo conciliar? ¿Combinar maternidad y trabajo sin morir en el intento?

Todavía sigo escuchando, y lo que es peor en generaciones más jóvenes que la mía, que los hijos están mucho mejor con su madre. Hoy no voy a debatir si es cierto o no, pero sí que me da mucha pena que nosotras tengamos que cargar con la losa de esa decisión.

En mi caso, y por motivos que no vienen al caso, trabajo desde casa. Soy periodista, lo que me da cierta libertad para poder ejercer así mi profesión. ¿El coste? Mucho menos sueldo, apenas relaciones sociales… Da igual, yo lo elegí y hoy por hoy no me arrepiento. Mañana… queda muy lejos. Prefiero el presente.

¿Cómo les afecta el tiempo que pasamos con ellos?

Sin embargo, sí hay algo que me entristece. Una conversación que tuve con una persona… En cierta forma, reconocía la suerte que era que la madre trabajara desde casa, porque siempre estaba allí… Para comer, cuando llegaba a casa después del colegio… Algo que según él influía directamente en el éxito o fracaso en los estudios a determinada edad. Me hacía ver que los niños que pasan casi todo el día solos, porque sus padres llegan muy tarde de sus trabajos, estaba abocados al abandono escolar…

Lo que en un principio me hizo suspirar y decir “bien, estoy haciendo lo correcto con los míos”, segundos después me hizo sufrir un brote de ira: “No es justo, tienen que trabajar, y los niños tienen el deber de estudiar y ser maduros y responsables”.

Hazlo porque tú quieres

¿De nuevo tenemos que limitar nuestras opciones de trabajo? ¿O deberíamos renunciar a la maternidad para poder dedicarnos a nuestras profesiones? ¿Estoy equivocada o este debate solo lo tenemos las madres?

Solo os digo una cosa y este sí es un consejo positivo, alegre y del que estoy convencida. Hagas lo que hagas, elijas la opción que elijas, hazla convencida de que es lo que tú realmente quieres hacer. Siempre habrá quien te juzgue, pero lo peor es juzgarnos a nosotros mismos por hacer algo en lo que no creemos.

Mientras escribís vuestras respuestas…  contándome vuestras experiencias, voy a echar un vistazo a la comida (se está haciendo al tiempo que os escribo). Los niños están a punto de regresar… y aún me queda una larga jornada en la que someter a prueba la conciliación perfecta.