Cuántas veces has dicho “la culpa es mía por…” “Déjalo, yo tengo la culpa” Bien porque pasamos demasiado tiempo en nuestro trabajo y le dedicamos poco a nuestro hijos o simplemente porque has decidido entre dos opciones y el resultado no ha sido el esperado… Por cosas importantes, por cosas simples… Lo cierto es que invertimos demasiado tiempo lamentándonos y echándonos la culpa de todo y creo que ha llegado el momento de decir basta. Para ayudarnos a liberarnos de culpas y remordimientos hoy contamos con el asesoramiento de la coach de la empresaria Ana Zabaleta.

¿La culpa recae más sobre nosotras?

“Bueno, a mí es que la palabra culpa me chirría, y como se asocie a la mujer, más aún. Pero sí, ciertamente se ha venido educando a las mujeres para que seamos cuidadoras y responsables de todo -explica Ana-. Tenemos que ser serviciales, vivir para los demás, estar siempre divinas y no se nos pasa ni una. Una cosa que siempre me ha molestado bastante, es que si un padre abandona a un hijo, sí, no digo que no se le critique, pero se monta menos escándalo, que por cualquier pequeño descuido que tenga una madre en su labor como tal. Se oye mucho eso de ‘mala madre‘, pero ‘mal padre’, no se tú, pero yo apenas lo he escuchado”.

5 claves para superar el sentimiento de culpa

Sí, vamos a erradicarla. La culpa, no sirve para nada, ni en hombre ni en mujeres. Al contrario, es más bien un estorbo en nuestro avance. ¿Estás preparada? Pues toma buena nota de los consejos de Ana Zabaleta.

1. En vez de culpa vamos a hablar de responsabilidad

Factum, factum est (lo hecho, hecho está). “En el caso de que realmente nos hayamos equivocado en algo, no hay culpa, en todo caso responsabilidad. Es decir, ya pasó (es pasado) y qué aprendo de esto para la próxima vez hacerlo mejor. Esto no es un examen para sacar nota, y si lo haces mal no eres un fracaso ni culpable. Si lo haces mal, querrá decir que lo estás haciendo, aprende y la siguiente vez lo harás mejor“.

2. Solo eres responsable de ti misma

Solo puedes responder por ti. “Sí, cuando los niños son pequeños, efectivamente, somos responsables de ellos, pero no nosotras por ser mujeres, el papá también tuvo que ver aquí. Por lo tanto es tan responsable como tú -enfatiza la coach-. Y aún así, cuando los niños crecen, ya comienzan a tener sus vidas, y tú no eres responsable (mucho menos culpable de lo que hagan con sus vidas). La culpa, lleva a la depresión, y al autofustigamiento, la responsabilidad empodera. Te hace mucho más fuerte”.

3. Ser ejemplo

Hablando de los hijos, supongo que quieres lo mejor para ellos. “Los niños aprenden con el ejemplo, ¿quieres que tus hijos crezcan sanos, independientes y felices? Pues si quieres eso para ellos, debes comenzar por serlo tú. O sea, empezar a mirar por ti, no descuidarte. Y no me refiero al físico, sino a tus verdaderos deseos y anhelos, los del ser que eres. No servirá de nada que les digas lo que tienen que hacer, si luego tú no lo llevas a cabo, los seres humanos funcionamos y aprendemos por medio de las neuronas espejo”.

4. Aprender a pedir ayuda

“Eso de pedir ayuda, está tan mal visto ¿verdad? y ¿sabes por qué? Porque pone a la otra persona en la tesitura de o decir que no y quedar mal, o tener que hacer algo que no quiere hacer. Pero ese es su problema ¿no crees? Por favor, no dejes de pedir ayuda, deja el papel de la superheroina. Porque luego si no puedes, (porque como ser humano tienes tus límites) luego vendrán los absurdos sentimientos de culpabilidad.

Para la coach pedir ayuda también conlleva dos cosas: “Aprender a decir que no cuando ves que no vas a poder o simplemente no te apetece, independientemente de lo que piense el otro (que también es su problema). Y la otra es aceptar que te pueden decir que no, y será tu responsabilidad seguir tocando puertas”.

En este sentido, y para reforzar aún más sus palabras, Ana nos cuenta un caso real: “Hace poco leí una historia que ocurrió en mi ciudad, y me dejó horrorizada. Una mamá se desmayó en plena calle, iba con su hijo de dos años. Cuando se recuperó, la policía la interrogó. Parece ser que la señora no había comido porque apenas tenía recursos y todo lo que tenía era para su hijo, a lo que la policía le pregunto: ‘¿Y cómo usted no pidió ayuda?’. Y ella respondió: ‘Porque me daba vergüenza”.

5. Saca la palabra culpa de tu vocabulario

“Lo he puesto en la última clave, aunque tenía que haberlo puesto en primer lugar. La culpa, no existe, es solo un invento para manipular a las personas. Así que olvida esa palabra, deja de usarla y a partir de ahora cámbiala por responsabilidad, eso te hacer fuerte, y te permitirá hacer cambios”, finaliza la coach.

Si quieres profundizar más sobre este tema te recomiendo que eches un vistazo al vídeo de Ana Zabaelta: Culpa versus responsabilidad.