No voy a tardar en explicaros el motivo del título “Maldita maleta”. Generalmente la gente habla de la mochila que todos llevamos a cuestas. En mi caso no es una mochila. Eso sería demasiado cómodo. Te la echas a la espalda y problema resuelto. Con suerte hasta te habitúas a llevarla. Pero no. Yo no tengo mochila. Tengo maleta, que es más pesada, va siempre conmigo, pero la tengo que llevar arrastras, pesa demasiado y no hay cuerpo que pueda con ella.

“La maleta quiero llenarla con tejidos felices, algodones suaves de caricias”

Es una maleta cargada de sentimientos. De rencor, dudas, culpa, melancolía y prejuicios. También te digo que es una maleta que tiene los días contados. Estoy harta de cargar con ella. Como dicen las gitanas: “Romero, romero, que salga lo malo y entre lo bueno”. Eso quiero hacer yo. Sacar las prendas del desamor, la desilusión, el daño y la desidia. Y llenarla con tejidos felices, algodones suaves de caricias, y camisetas estampadas por vivencias apasionantes. ¿Me acompañas en este viaje?

Días atrás Tim y yo habíamos roto. No fue la rutina. Llevábamos demasiado poco tiempo juntos para que esa víbora, destroza pasiones, se hubiera interpuesto entre nosotros. Fueron las mentiras, las traiciones…

Tim había llegado a mi oficina hacía cuatro meses. Fue amor a primera vista. Demasiado bueno para ser cierto. Su físico no era espectacular. Pero sus modales sí. Era un simpático pelirrojo, con acento irlandés, que había sido trasladado a mi empresa temporalmente. Casualidades de la vida, mi jefa decidió que fuera yo su sombra.

Vaya si lo fui. Hasta llegué a anularme por completo. Dicen que el mayor atractivo de una mujer es su dignidad. Pues vamos bien. Con Tim, yo la perdí por completo. Dejé de llamar a mis amigas, de hacer mis planes… para pasar a complacerle a él. Pero es que era tan bueno en la cama…

“Hicimos el amor en todos los sitios que te puedas imaginar”

Dios, en la vida había disfrutado tanto en la cama y fuera de ella. Durante estos tres meses de pasión hicimos el amor en todos los sitios que te puedas imaginar. En los baños de un tren, en el reservado de una discoteca, en la cocina, de pie, de lado… Llegué a tener hasta cuatro orgasmos seguidos. ¿Era eso posible? Vaya si era posible, doy fe de ello. La maleta, entonces, se llenó de pasión, gemidos y gozo.

Sin embargo, como dijo un conocido pintor: “la pasión excesiva se consume pronto”. Y así ocurrió. Una mañana, a esos de las once, cuando nos disponíamos a tomar el horrible café de la máquina… Algo sucedió.

Una impresionante rubia se presentó en nuestra modesta editorial. Vestida con modernísimo pantalón con botones en los laterales, camisa de lunares de Carolina Herrera, taconazo y bolso a juego. No le faltaba detalle a la tía.

Cariño, sorpresa… he venido a Madrid a verte… Te echaba de menos.

“¿Pero qué dice esta? ¿Se ha vuelto loca?” Me preguntaba a mí misma con cara de gilipollas mientras Tim palidecía por segundos.

-Perdona, Loren. Emma es mi mujer.

“Ehhhhhhhhhhhhhh!!!!!!!!” Pues sí, así me enteré de que el dulce, fogoso y príncipe descolorido era un mentiroso, un zafio y un hombre casado. Y así también de sopetón dimos por zanjada nuestra relación.

“Un hombre que es capaz de traicionar así a dos mujeres a la vez no merece mi sexo”

No hubo gritos ni lamentos. Simplemente, cuando al día siguiente, Tim finalizó el trabajo en nuestra editorial, dejé de verlo. No quise explicaciones, ni dramas ni escenas ridículas de celos. ¿Para qué? Un hombre que es capaz de traicionar así a dos mujeres a la vez no merece mi tiempo y mucho menos mi sexo.

Tres días en cama, quince helados de chocolate, y tres tallas más de pantalón… fueron suficientes para hacerme salir de mi guarida. Quedar con mis amigas y cogerme un pedal del quince. Entre risas, lágrimas y chupitos… fui borrando de mi mente la imagen de Tim. En el corazón la herida era menos profunda… Amor, lo que se dice amor, no había. Era puro sexo, del bueno, pero sexo.

“Tienes la maleta carga de prejuicios”

Y para mitigar mi pérdida, a Carol no se le ocurrió otra cosa que regalarme lo último en consoladores. Carol trabaja en una tienda de juguetes sexuales. Sabe que soy contraria a estos artefactos. Me parecen fríos y groseros. Donde esté la fogosidad de un hombre que se quiten esos instrumentos. Además, y solo por lo que me han contado, creo que hacen un ruido tremendo…

-Chica, qué antigua eres. Tienes la maleta carga de prejuicios. Libérate y no solo con gilipollas como Tim. Es mucho mejor quererse a sí misma… Conocerte y hacerte gozar justo con lo que realmente deseas… Tocarte ahí… Sí, tía, el punto G es una gozada. Esto que te regalo es lo último en estimuladores de clítoris. Es de silicona por lo que el tacto es súper suave. Además, es monísimo. Rosa como a ti te gusta. Pequeño, discreto y no, no hace ruido. Tía, que te has quedado en el pleistoceno.

“Loren, un mal capítulo no es el fin de la historia…”

Colorada como un tomate. Nerviosa como una chiquilla, guardé la caja que me estaba entregando mi amiga con una especie de miedo, intranquilidad… Pero a la vez con curiosidad… Tal vez, desde hoy hasta los próximos cien años sea lo único que consienta que me dé placer y me recuerde lo que son los orgasmos…

Las risas exageradas de mis amigas me hicieron sentirme ridícula, pero también aliviaron mi pena. Además, las palabras de Thelma, la más reflexiva y cabal del grupo, me hicieron replantearme mi situación: “Loren, un mal capítulo no es el fin de la historia…”

“Me ha tocado un sueldo para toda la vida”

Y así me encuentro en estos momentos… han pasado dos meses desde aquello y hoy he tomado una decisión. Hacer la maleta, la de sentimientos y la de prendas, y partir de cero. Partir de cero en todos los sentidos…

Te estarás preguntando qué he hecho con mi trabajo, dónde voy a vivir y de qué… Tranquila, no te impacientes. Solo te diré que me ha tocado un sueldo para toda la vida gracias a un sorteo que lleva a cabo una conocida marca de café. ¡Síiiiiiiiii!!!!!! El resto te lo cuento en el siguiente capítulo.

CONTINUARÁ