Increíble, pero cierto. Ni la mente más retorcida puede ser capaz de inventarse lo que me ha ocurrido hoy con el coche. Tranquilas que no me he dado ni un golpe, ni ha salido ardiendo… Simplemente me he cargado la luna delantera de mi coche (mi pequeño del alma, es como el coche de Pin y Pon, versión cantosa porque es amarillo pollo. Vamos, antes muerta que sencilla).

Desde hace ya tiempo he bautizado a mis cagadas colosales como Calistadas, os invito a adoptar el apodo a todas que estoy segura que liáis más de una de vez en cuando.

¿Agujas de hacer punto en la guantera del coche?

Os pongo en situación. 8:45 de la mañana, los niños tienen que ir al colegio. Hace un frío del carajo, y los cristales se han helado. Voy con prisa, llegamos tarde (que os voy a contar que no sepáis sobre la odisea que es tratar de llegar pronto al colegio).

Que no cunda el pánico, alguien muy inteligente diseñó en su día los famosos rascadores para quitar el hielo del parabrisas. Bien, busco y rebusco, pero no lo encuentro. ¿Una solución rápida? “Claro que sí, wapi”, me digo a mi misma. Y no se me ocurre otra cosa que coger unas agujas de hacer punto, sí de hacer punto, sí agujas en la guantera del coche… ¿nunca habéis encontrado una cosa en vuestro vehículo que no tiene por qué estar ahí?

Pues eso, cojo la aguja y empiezo a desprender el hielo. Bien la cosa funciona, listo. Arranco y venga niños arreando que es gerundio.

De repente, empieza a salir el sol… Y ahí comienza la tragedia: he quitado el hielo, pero el cristal se ha quedado tan rallado que parece que está codificado. ¿Increíble? Sí, pero es cierto, tan cierto como que al encender la radio acaba de sonar el anuncio de carglass: “Carglass cambia, carglass repara…”

El coche de San Fernando…

Pero no sólo a mí me pasan cosas paranormales con el coche. Que va, que Calistas hay muchas por el mundo. Mi amiga Yoli sin ir más lejos es una de ellas. La conductora en cuestión también estuvo a punto de liarla parda hace unos días. También iba con sus hijos, dos zagales con buena planta.

El caso es que llegaban tarde al entrenamiento. Y mi amiga, rauda y veloz, arrancó su coche, dio marcha atrás e impactó levemente con el vehículo que estaba aparcado detrás. Hasta ahí nada del otro mundo.

Sin embargo, de repente, al mirar por el retrovisor, comprobó que el coche comenzaba a desplazarse… Atacada, soltó un grito desgarrador: “¡Niños que el coche se mueve. Todo el mundo fuera a sujetarlo!!!!!!” Qué momentos de tensión. Al final, todo quedó en un susto, consiguieron detenerlo gracias a que el bordillo sirvió de frenó.

Si es que al final no hay nada como el coche de San Fernando, unas veces a pie y otras andando. Dicho esto, me voy que me acaban de llamar de Carglass y mi pequeño del alma me está esperando.