De la ensalada detox a la operación ‘las torrijas de la abuela’

Como decía Alejandro Sanz en su canción: “Cuando nadie me ve…” Pues sí, fieles amigas, esto que os voy a contar hoy es lo que hago cuando nadie me ve. Sobre todo, cuando no me ven las ‘brujas’ de mis compañeras de redacción. Estos días he vivido por y para la Operación Bikini, que digo yo que por qué no la llaman Operación Calvario, sería más apropiada para estos días de Semana Santa.

Lo cierto es que me he tirado dos semanas entre ensaladas detox, batidos detox, masajes detox, y todos los detox que existan en el mercado. Y si no me creéis tenéis como prueba virtual todos los selfies que me he hecho con cada una de mis ensaladas (que ya quisiera Paula Echevarría tener los seguidores que yo tengo en mis redes sociales).

No pares, sigue, sigue…

Pero claro tanta obsesión por guardar el tipo tiene su explicación. Ni me voy a la playa ni a un lugar paradisíaco… Me voy al pueblo a ver a mi abuela. ¡Dios! se me hace la boca agua pensando en las torrijas de la abuela… Con razón fue nombrada Torrijera mayor del Pueblo en sus años mozos. ¡Hum!, ese almíbar dulzón que se queda en los labios, esa textura indescriptible, ese manjar de dioses…

Y si esas tiernas palabras de mi abuela: “Come, hija, come, qué te estás quedando en los huesos… no sé qué comerás pero tienes un color verde rancio…” Música celestial para mis oídos, cantos de sirenas para mis michelines… Dos, tres, cuatro!!!! Madre mía, las torrijas de la abuela!!!!!!!! Y un canto en mi cabeza que dice “no pares, sigue, sigue…” Y, vaya, de repente el sonido impertinente de mi móvil que me devuelve a la realidad. No puede ser, es un whatsapp de las ‘brujas’, quieren que les mande un selfie. ¿Ahora, un selfie? Ni loca, jamás. A Dios pongo por testigo que jamás me haré una foto comiendo torrijas. Además, en el pueblo no hay cobertura ¿o sí? Jejeje, eso es lo que ellas se creen.