Afeitarse, no afeitarse… Perdón que estáis ahí. ¡Ay dios mío! Si no lo veo no lo creo. ¿Qué se ha hecho el niño? ¿En qué momento se convirtió en un hombrecito? Llamadme exagerada pero estoy desolada. ¿Que por qué? Os lo cuento: todo pasó un viernes por la tarde. No estábamos en casa. #Mimaridoelsiempresincero y yo, como buenos padres coraje que somos, estábamos disfrutando del partido de fútbol del #hijodesumadre2. #Hijodesumadre1 se encontraba en casa, vistiéndose para una hora después bajar al campo a su entrenamiento. Hasta ahí nada especial, un viernes más dedicado al apasionante mundo del fútbol (en un próximo capítulo ensalzaré la moral de los niños que se entregan a este deporte). Sin embargo, unas horas después, la tragedia comenzó a mascarse.

Ring, ring… suena el timbre de la puerta. #Hijodesumadre1 regresa a casa tras un duro entrenamiento. De repente mis ojos se clavan en su labio superior. ¿Estaba deformado? ¿Rojo sangre?
Hijo, ¿te has llevado un balonazo?, pregunté yo toda inocente. El niño es portero y en su afán de parar goles… yo pensé: ole mi hijo que los para hasta con la cara.
No, mamá. No ha sido eso.
En ese instante bajó su mirada… vergüenza, remordimiento…


-¿Pero qué he pasado?, la madre impaciente, histérica y protectora que habita en mí salió de su guarida.
Me he quitado el BIGOTE.
¡¡¡¡El bigote!!!! ¡¡¡¡Pero si te has arrancado hasta la piel!!! (Como diría una conocida se dejó la piel en el pellejo).
Ha sido con la cera…

Niños pequeños, sustos pequeños; niños grandes, sustos grandes

Al día siguiente,  me desperté convencida de que todo había sido un mal sueño… Sin embargo, la cosa aún fue peor. Su labio estaba inflamado, la piel, o lo que quedaba de ella, sangrando… una tragedia vamos. Menos mal que di con una farmacéutica eficaz que me recetó una crema de Aloe vera y me salvó la vida, bueno la cara de mi hijo quiero decir. Primero, aplica, segundo, aplica, y tercero, volver a aplicar durante una semana. Y así se obró el milagro: ni rastro del desastre…

Moraleja: lo primero mantén la calma. Después, explícale a tu hijo que mejor afeitarse que destrozarse el labio. Para ello nada mejor que la nueva Gillette Mach3 turbo que hoy tengo a bien regalarle… Eso sí la crema de Aloe siempre a mano…

En el plano sentimental, tu niño seguirá siendo tu niño, con bigote y sin él…. Para terminar, os digo, ánimo madres coraje que todo pasa y todo llega, y como dice el refrán: “Niños pequeños, sustos pequeños, niños grandes sustos grandes”.