Los mejores besos de las bodas reales y uno que no fue

No hay nada que me guste más que un buena boda real. Como de invitada tengo pocas posibilidades de ser convocada, me conformo con el sofá (si puede ser para mí sola). Así como con la autoridad sobre el mando y unas patatas fritas con mucho colesterol para pasar el momento. Oye, es que me pirrian.

Del ránking de bodorrios que llevo vistos (y no son pocos) he puesto en el primer lugar la última, la de Harry y Megan. Esta pareja ha superado todas mis ensoñaciones. Él tan pelirrojo y con esa cara de canalla que me puede. Y ella, tan racial, con una piel que los ingleses no conseguirían ni con tres meses de vacaciones en Benidorm a gastos pagados… Sólo de imaginar que la queen Elizabeth tenga un bisnieto negro es que me da un subidón que para qué… Y yo, de su Graciosa Majestad me lo creo todo todo.

¡Menudo beso se atizaron nada más salir del altar!

Estos chicos se quieren y se nota a la legua. Y la gente los adora. Anda que no había peña ahí concentrada banderitas en mano. Tanta ha sido la alegría popular mostrada, que los parientes del recién casado han dado las gracias a sus conciudadanos por semejante expresión de júbilo.

Y es que los novios lo han puesto muy fácil, la verdad. Guapos, encantadores, cercanos, enamorados…, Menudo beso se atizaron nada más salir del altar. De los de película. Por algo ella era hasta hace cuatro días una actriz de postín y él un príncipe rompecorazones con un largo currículum de novias y deslices. Por algo llamaban al chaval Harry “petas”, porque donde ponía el ojo o el chiste montaba el lío. Pero eso se acabó. Ahora es un marido rendido y nosotros que lo celebramos, Harry, majete.

 

Besos de las bodas reales: De la pasión de Harry y Meghan a la frialdad de Felipe y Letizia

besos de las bodas reales

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El suyo ha sido el mejor de los besos de las bodas reales. Y es que su beso nupcial ha superado casi al de su hermano Guillermo con Kate Middleton (tres hijos antes) en 2013. Y al de Guillermo de Holanda con la simpatiquísima Máxima de Holanda. O al de la australiana Mary con el heredero danés, Federico.

Casi está a la altura del besazo de Victoria de Suecia a su entrenador, Daniel. Madre mía cuánto amor halló en un gimnasio. O el de su hermano Carlos Felipe con su novia stripper, Sofía. La vikinga Magdalena, hermana de los anteriores, también se portó en el balcón con un beso espectacular a su marido, Chris.

Incluso el lánguido Felipe de Bélgica se deshizo ante los arrumacos de una Matilde hermosa y amorosa. Fíjate, que hasta la triste Charlene de Mónaco obsequió a sus conciudadanos con un ósculo de película a Alberto cuando se casaron hace cinco años. Todos los herederos y sus musas cumplieron ante la mirada felicísima de sus súbditos. Señal de que lo suyo era auténtico y prometedor.

O casi todos. Los españoles hace justo ahora 14 años nos tuvimos que conformar ese 22 de mayo con que diluviara como si no hubiera un mañana. Y con el intento del bueno de Felipe hacia su recién mujer, Letizia. Porque en cuanto el pobre hombre se inclinó para corresponder al bullicio del gentío, ella se encogió y le ofreció su mejilla como toda prueba de su pasión. Los archivos españoles no conservan pues la imagen de ese afecto que hubiéramos querido ver todos, sino la frialdad de un saludo casi fraternal.

Lo de ser reyes, sólo en horario de oficina

Y es que Letizia, siempre luchando por conquistar la simpatía del público (con dudoso éxito a veces),  ha defendido que lo de ser reyes, sólo en horario de oficina. Lo demás, besos en el balcón incluidos, queda para la intimidad del hogar. Seguro que ahí se besan muchísimo. Pero yo me imagino a Harry y Megan, nuevos duques de Sussex, mucho más arrebatados que ellos. ¿Por qué será?