¡Cuidado con Calista! Que está que muerde… se ha puesto a dieta

Nuestra compañera se come lo que sea. Operación bikini para Calista

Muerdo, lamo, gimo, lloro, tirito… Es cierto, he sucumbido, dije que no, que no iba conmigo eso de la Operación bikini (u Operación tortura según se mire). Que yo estaba por encima de mis kilos, que yo me aceptaba tal y como era. Sí, claro. Eso de puertas para afuera. De puertas para adentro…

Pues bien, he de deciros que llevo casi dos semanas a dieta. (Vamos, venga, hacedme la ola, hijas, que para mí es un récord). Y no, no he perdido 15 kilos como Vicky Martín Berrocal (bueno ella tampoco lo ha hecho en dos semanas. Que yo sepa eso es una locura). ¿Qué cuánto he perdido? Chicas no seáis tan impacientes y seguid leyendo.

En la predieta devoro como si no hubiera un mañana

Lo que quiero contaros son las pautas de Calista para estar a dieta. Bien empezamos con la Predieta. Sí, esos días en los que ya te ronda la idea… Venga, vale, ese momento en el que el pantalón ya no te abrocha. Ese momento, en el que tu amiga que está estupenda te habla de su nutricionista.

Bien, pues dos días antes de empezar la dieta, yo, Calista (que no quiere decir que tú lo tengas que hacer) devoro como si no hubiera un mañana. Igualito que los que se van a Supervivientes. Pan, claro, por supuesto. Chorizo (aunque no me guste), huevo frito (aunque me siente fatal), macarrones…

Pasado el momento posesa, yo, Calista, me centro y me autosugestiono. Me digo a mí misma que es lo mejor para mi salud. Me imagino luciendo tipazo en bikini. Bueno, tampoco hay que exagerar… Las metas siempre tienen que ser realistas. Y lo que sé que tengo que hacer y no hago es comprar los alimentos necesarios.

Pues eso que empiezas la dieta, que solo puedes comer pan en el desayuno y que recuerdas que la noche anterior te pusiste gocha devorando tu pan, el de tu marido y el de tus hijos. Empezamos bien.

Crees que el cuadro es un plato de macarrones y lo ¡lames!

Casi una semana a dieta. Sueño con un cocido que me alivie el frío (no sé a vosotras pero a mí me baja la temperatura). Miro mal a mis hijos: se está comiendo un bocadillo de ¡Nocilla! Y, de repente, cuando crees que las cosas no pueden empeorar… te descubres a ti misma mirando ensimismada, con ojos de loca, el cuadro que está haciendo tu hijo pequeño con macarrones, espaguetis… La mente es ‘mu’ mala… Diabólica… Dios mío, no veo un cuadro veo unos espaguetis gratinados recién horneados y deliciosos… me acerco al cuadro… intento tocarlo y estoy a punto de… ¡LAMER UN CUADRO! ¿Me estaré volviendo loca?

Ojos que no ven, kilos por los que no sufres

De repente el sonido del whatsapp me devuelve a la realidad: ¿Qué? No me lo puedo creer… Mis amigas están en mi contra, se han unido para hacerme la vida imposible ¡Quieren organizar una barbacoa, y no una barbacoa saludable!

Continuará…

PD: No sé cuánto he perdido, ¿por qué? Porque cuando voy a nutricionista me peso con los ojos cerrados. Ojos que no ven… Kilos por los que no sufres.