A Dios pongo por testigo que nunca más volveré a hacer topless. ¿Por qué? Cuando os cuente la última… Todo el año esperando a que llegue este momento, soñando con irme a la playa, a un rincón de esos perdidos de la mano de dios, de esos que no  salen en los blogs de viajes, porque ni el Tato lo conoce…

Liberarse hasta hacer topless en la playa

Pues nada que aquí estoy, en San Perdidos del Pinar, que el nombre le va como anillo al dedo.
¿Problema? Pues nada poca cosa. Solo que esta mañana he bajado yo solita a la playa, a liberar mala leche y abrir la mente como recomienda la coach de mi empresa.

Y claro tanto abrir la mente y tanta liberación me ha llevado a quedarme en topless en la playa como el que no quiere la cosa. 

Y en esas estaba, embelesada mirando al mar infinito, con  la brisa  erizando mis pezones… Cuando de repente, como si hubiera estallado un trueno, escucho una voz que me dice: “¿Qué tal? No sabía que eras tan naturista…”

¡Arena trágame!

No sé si el pánico ha reventado mis tímpanos o si de tanto  abrir la mente se me ha caído el cerebro… Lo cierto es que me he quedado paralizada…

¡¡¡Es Germán!!!!!! Mi compañero de departamento. Y el típico personaje tóxico y ‘verdanchón’ que te saca una radiografía todas las mañanas con la mirada. ¡¡¡Es él!!! ¡¡¡Arena trágame!!!

PD: He pasado tanto tiempo con los brazos pegados a mi pecho que no os cuento la marca que tengo.