Una visita al spa, una escapada de fin de semana o ese anillo que me volvió loca… Ay… Hola, chicas, que aquí estoy pensando en qué voy a invertir el dinero de la hucha. Desde hace tiempo echo las monedas de dos euros en la típica hucha del cerdito y hoy ha llegado el momento de abrirla… Y me habéis pillado soñando con todas las cosas que haría con el dinero que he conseguido ahorrar.

He dicho bien soñando. Porque nada de esto ocurrirá. No sé si también os pasa a vosotras pero la realidad me devuelve cada bofetada que espanta todos mis sueños de un plumazo.

El dinero de la hucha: cuestión de prioridades

Adiós viajes y joyas. La vida es cuestión de prioridades. Y cuando te sobra mucho mes al final del sueldo no queda otra que priorizar. Justo cuando crees que vas a superar el mes con el semáforo en verde, y que el banco no te va a sacar tarjeta roja, va el coche y se estropea. Oye, no falla, parece que tiene vida propia. Y eso suele coincidir con la compra de los uniformes.

Calista se da cuenta de la realidad. el dinero de la hucha

No nos engañemos. La verdadera cuesta no es la de enero. Es la de septiembre y octubre. ¿Alguien puede sobrevivir a la vuelta al cole? En septiembre pagas los libros, y te apañas con los uniformes del año anterior rezando para que tus hijos no den el temido estirón. Pero cuando llega octubre no hay vuelta atrás. Ya no hay más tela que bajar, ni es cuestión de llevar a los niños con los pies encogidos por más tiempo.

Por no hablar de la visita al dentista. Ay dios mío, que el niño necesita unos brackets (que conste que he tratado de convencerle de que la verdadera moda es llevar los dientes separados, pero no ha colado). Bueno chicas os dejo, que voy a revisar el monedero para ver cuántas monedas de dos euros tengo. Me he comprado otra hucha y voy a hacer caso a Manuel Carrasco y su canción: No dejes de soñaaaaaar.