En el bolso de mamá, ¿qué podemos encontrar?

Calista sacando objetos del bolso para buscar las llaves. El bolso de mamá es como un bazarQué sinvivir! No encuentro las llaves de casa… Ah sí, aquí están. No esas no son, esas son las de coche. Espera un minuto, ¿son estas? Vaya tampoco, esas son las de mi madre. Espera, ¿vacío el bolso?”

Perdón que me habéis pillado en un momento complicado. Sí, ¿os suena? Ese momento en el que llegas al portal de casa cargada con las bolsas de la compra, los churumbeles detrás, peleándose en el mejor de los casos, o haciéndose pis uno de ellos (eso sí que es una tragedia…)

Espera que ya estamos en el portal, dices esperanzada… Y en ese momento, mientras tratas de cerrar el paraguas, porque claro hoy llueve, buscas, impaciente, las llaves. Suspiras por no tener un llavero de esos que pita o se enciende cuando no encuentras las llaves. Tratas de accionar el GPS de tu memoria para recordar dónde las pusiste… pero nada, que no aparecen.

El bolso de mamá es como un bazar

Seamos sinceras no hay bolso capaz de almacenar de forma ordenada todo lo que las madres podemos llevar dentro de este valioso complemento. Sí, sonríe… Pero sé sincera y echa un vistazo a tu bolso. Prueba a vaciarlo sobre una superficie lisa y ahora dime qué de estas cosas no llevas:

-Kleenex. Fundamental en cualquier estación del año, pero sobre todo en primavera, por eso de la alergia.

-Toallitas. Tengan la edad que tengan tus hijos, son muy socorridas… Y salvan de esas terribles situaciones: “Mamá, me he caído y me he manchado de barro”. “Mamá, me he manchado con el helado, ¿me limpias?”

-La barrita mágica para los golpes. Todo un clásico. ¿Qué haríamos las madres de niños pequeños sin nuestra barrita de Arnidol? La verdad no sé si sus efectos son tipo placebo. Pero lo cierto es que si el niño se da un porrazo y amenaza con salirle el típico chichón… oye que le aplicas la barrita por la zona, sin herida claro, y en cuestión de segundos el llanto chirriante del niño desaparece como por arte de magia.

-La cartera. Y cuanto más grande mejor. Tarjeta visa, tarjetas sanitarias, carnés, tarjetas de fidelidad de las mil y una tiendas en las que compras (aunque solo sea una vez)… La pequeña cartillita en la que apuntas las citas médicas… El dinero, suelto, en billete… La foto de tu hijo mayor recién nacido, la del pequeño del cuando se le cayó un diente, los calendarios que te han dado con la foto de tu hijo vestido de futbolista… ¿Sigo? No mejor cada una que rellene su cartera como más le guste.

-La barra de cacao, o vaselina… E incluso, si hay suerte, tu barra de labios preferida. Si hace mucho frío los labios se agrietan, si hace calor, su piel se resiente… Vamos pon un cacao en tu vida y sé feliz.

-El calmante para los picotazos de mosquitos (este en invierno puede ser prescindible. Lo que pasa es que si llevas dentro del bolso un pequeño neceser, es muy probable que este tubito te acompañe durante todo el año).

-Un ibuprofeno. Las pastillas de la alergia por si acaso…

-Un mini cuadernito por si tienes que ir con el churumbel al médico y hay mucha gente. Es el mejor aliado para tenerle entretenido: que si pinta un paisaje, que si jugamos al ahorcado…Y por supuesto un bolígrafo.

-Un tubito de crema para los tirones musculares, las tiritas (bueno esto ya pasa a formar parte de la categoría de madre licenciada en enfermería)…

-El móvil. Por dios, casi se me olvida… ¿Os imagináis la vida sin móvil? Imposible. ¿Y si justo me llaman en este momento para avisarme de una tragedia? ¿Y si me llega el whatsapp de mi vida? Vamos que ir sin móvil es equiparable a quedarte sin gasolina en el coche.

-Las galletas preferidas para su merienda… unas almendras por si me da un bajón… caramelos para la tos…

Y… ¿entendéis ahora por qué no encuentro las llaves? Ahora comprendo por qué cuando somos madres dejamos de utilizar los bolsos llamados ‘clutch’ y apostamos más por las mochilas (sobre todo para evitar contracturas por el peso del bolso) o por los ‘shopping bag’, y no porque vayamos mucho de compras…