Es que no doy una últimamente. La semana pasada tuve quedada con las antiguas compañeras de la facultad. Teníamos una cena de antiguas alumnas, de esas que ahora están tan de moda. Por dios, qué nervios, más que el día de mi boda.

Claro que más de 15 años sin vernos no es para menos Y claro, tenía que estar deslumbrante… Sí, sí, que ya nos conocemos…

-“Ay qué mona estás, pero si estás igual…”

Y cuando te das la vuelta, puñalada:

-“Uf pues, chica, yo creo que se ha retocado…”

“Pues anda que fulanita… ¿ha engordado mucho, verdad?”

Madre mía es como pasar un examen de Risto, pero realizado por 10 ‘amigas’. Bueno, vale, quizás soy pelín exagerada o como dice el refrán: “se cree el ladrón que todos son de su misma condición”.

Cómo ser el centro de la cena de antiguas alumnas

Lo cierto es que me probé como ocho vestido y con ninguno me veía bien. Unos me marcaban los michelines, con otros parecía que me habían caído diez años de golpe… Al final no me quedó más remedio que salir de compras… Y como a mí me cuesta tanto… (es ironía). Bueno lo cierto es que al final encontré un chollazo, un vestido de marca por tan solo 9,95€. Y lo mejor me queda como anillo al dedo. Rojo intenso, como yo, para levantar el ánimo y venirme arriba en la cena de antiguas alumnas.

Y vamos que si me vine arriba, fui el centro de atención, todas las miradas recaían en mí… Qué expectación… Todo comentarios entre mis amigas. Seguro que estaba con el guapo subido… ¿Guapo? Qué coño guapo, que con las prisas me había dejado la etiqueta del vestido. Y claro, cuando me quité el abrigo y entré en el restaurante… Vamos si causé sensación…

Esta es una más de las situaciones que protagonizo en mi día a día. Y tú, ¿has vivido algo similar que te ha sacado los colores? Bueno, pues compártelo con nosotras… ya sabes lo que dice el refrán “mal de muchos…” Espero tus comentarios.