Así fue la jornada en la que tuve una buena idea para combatir la ola de calor en la piscina municipal. Y es que cualquiera aguanta en casa a más de 40 grados, sin poner el aire acondicionado… Y sin que el ambiente arda con dos niños murmurando todo el día “mea burro, mea burro, pis caballito…” Nada, nada, que nos vamos a la piscina.


Por supuesto, el mayor con sus amigos por un lado; y nosotros con el pequeño por otro. Juntos pero no revueltos en la misma piscina. Sin embargo, lo que parecía una feliz jornada de sábado, se transformó en una auténtica odisea.

Combatir la ola de calor en la piscina municipal a base de reclamaciones

¿Sabéis lo que es llegar a las puertas de la piscina municipal y descubrir que, como a ti, a otras 200 personas más se les había ocurrido la misma idea? Bueno, vale, ya sé que la idea de original tenía poco…

Lo cierto es que esa cola larga, larguísima… no avanzaba. Era como acudir al primer día de las rebajas, pero sin la satisfacción que te da comprarte decenas de prendas con un bonito cartel que reza al 70%…  De los 40 grados a la sombra imaginaos que pasamos a 45 al sol… La gente protestando, los niños llorando… Mi mala leche in crescendo… ¿Me puede alguien decir qué hace la taquillera? Diez minutos de reloj con cada familia. Como diría David Bisbal en sus mejores tiempos “Esto es increíble, Laurita”.

Increíble pero cierto. Tan cierto como que en cero coma me aproximé hacia el señorino de seguridad y muy segura de mí misma le exigí la hoja de reclamaciones. Mi nivel de satisfacción fue proporcional a la vergüenza de mi hijo mayor que, ante tal hazaña, no pudo más que decir: “Mamá, ¿ya la estás liando?” Mientras, sus amigos me miraban sorprendidos y le decían: “Chico, tu madre es una crack. Fíjate la están dejando entrar y todo”.

Que no cuanda el pánico. Que no me colé. Simplemente se apiadaron de mi hijo pequeño y sus chorretones de sudor y nos dejaron cobijarnos a la sombra, mientras yo rellenaba la hoja de reclamaciones. Simplemente quería hacer constar que, con todo el paro que hay, sería muy oportuno que en lugar de una sola persona en taquilla hubiese dos o más. Sobre todo los días que de antemano ya se sabe que hay ola de calor.

A Calista le pica una avispa. Combatir la ola de calor en la piscina municipal

Me picó una avispa

Una vez dentro de la piscina la cosa no solo no mejoró sino que empeoró. Miles de jovencitos con las hormonas desatadas correteando por la piscina. “Dios mío que me tiran en una de esta”.

Por fin me decido a entrar en el agua… por la escalerita y, como dice la canción, pasito a pasito… Esquivados los jovencitos, llegaron los grupo de niños con pistolas de agua asesinas, cuyos chorros te cortan la respiración cuando menos te lo esperas… Y esos otros que van nadando y salpicando a diestro y siniestro… ¿Y qué me decís del típico papá juguetón que sube a su hijo a hombros y lo lanza al agua sin piedad? ¡Serán cafres! Por no hablar de mi propio hijo pequeño, que cuestión de cinco minutos batió el récord haciéndome ‘aguadillas’… Uf qué bonito día de piscina…

Pero la cosa era susceptible de empeorar… Y vaya si empeoró. Cuando por fin me disponía a leer tranquilamente una revista, tras luchar con uñas y dientes por un mínimo cuadradito en el césped… va una avispa y me pica!!!!!!!!!! Prefiero no especificar lo que solté por mi boca. Y es que se me olvidó poner en práctica los consejos del post Consejos para evitar las picaduras de insectos.

Me perdí en el vestuario

Por fin, anunciaron por megafonía que la piscina estaba a punto de cerrar sus puertas. ¿Y qué pasó entonces? Pues que como si de una pesadilla se tratara quedé atrapada en el vestuario. ¡QUE NO ERA CAPAZ DE ENCONTRAR LA SALIDA! Como cantaba en sus días Rocío Jurado, y destrozaba recientemente Rosa Benito: ‘y me encuentro cada noche en el punto de partida‘… Menos mal que los móviles de ahora llevan GPS que si no…

Bueno pues hasta aquí ha sido mi relato de cómo pasar el día en la piscina municipal y no morir en el intento, ¿o sí? ¿Y vosotros cómo combatís las olas de calor?