Este niño y su sinceridad. Va a ser cierto eso que dicen de que los niños siempre dicen la verdad… Pues yo agradecería que el mío no fuera tan sincero. Ay verdades que ofenden. Además, creo que la verdad está sobrevalorada.

Lo que tengo claro es que a dios pongo por testigo que nunca más iré a arreglar la ropa acompañada de mi hijo pequeño. ¡Qué vergüenza me hizo pasar el otro día!

Arreglar la ropa: da una segunda vida a tus vestidos

Os pongo en situación: hace unos días ya os conté que estaba liada con el cambio de armarios. Como nos sucede a la mayoría, en otoño pagas los excesos del verano. Tanta tapita, tanta cervecita… luego tiene sus consecuencias que se manifiestan en vestido que no te vale. Y como no tengo el monedero para fiestas decidí hacer caso a las enseñanzas de antaño y darle una segunda oportunidad a algunos de mis vestidos.

Con aire de mujer resuelta y creativa, me fui a la tienda de arreglos. Mi hijo pequeño me acompañaba. Con esa carita de niño angelical, me hizo una pregunta que parecía inocente:

-Mamá, ¿qué vas a hacer con los vestidos? 

-Voy a darles un aire moderno. Son vestidos vintage. (Cuánto daño nos han hecho las revistas de moda y cuánto daño me hizo su respuesta).

Vamos, que no entras en ellos y quieres que te los arreglen, respondió el muy hijo de su madre, mientras la mujer encargada de arreglar la ropa me miraba con aire socarrón.

Me quedé con ganas de darle una colleja. Te voy a decir yo listillo lo que es sinceridad… la madre que me… Mira, te veo y no te veo que diría mi madre.

Calista y su hijo en la modista. arreglar la ropa